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26/11/17

VLOGGING: REPASO SEMANAL: Malcolm Young, Morrissey, Noel Gallagher... (w/ Mané López)



PRONTO TENDREMOS UN BOTÓN QUE HARÁ EXPLOTAR LOS VÍDEOS AL FINAL Y LOS ORDENADORES DE TODOS NUESTROS SEGUIDORES Y SEGUIDORAS DESPEDIRÁN UN EMBRIAGADOR Y FANTASMAGÓRICO HUMO ROSA, EN SERIO, YA LO ESTAMOS PREPARANDO TODO.

Pues vamos Mané López y yo inaugurando una SECCIÓN MUERTOS la semana pasada y, ¡BOOM!, van y se mueren Malcolm Young y Charles Manson. El segundo no es que nos dé pena, pero como muerto, no sé, ahí está, el chaval.

También están el gato de Noel Gallagher y Morrissey siendo gilipollas como cada día desde que se levanta hasta que se acuesta, afianzando sus puestos en la SECCIÓN BOCACHANCLADAS aka MORRISSEYADAS aka GALLAGHERADAS.

Y a parte de eso, lo típico: A$AP Rocky se cree guay, Wayne Coyne diseña un puto papel de regalo de mierda benéfico, Lorde es número uno de la lista de mejores del año de la NME aka la peor lista del planeta, Wiz Khalifa les da papel de liar a los de Pigeons & Planes, ¡¡¡y MANÉ NOS DELEITA CON UN MINI AVANCE DE SU CRÍTICA DEL UTOPIA DE BJÖRK!!! ¡En su canal de YouTube próximamente, NO SUS LO PERDÁIS!

5/11/17

VLOGGING: REPASO SEMANAL: MBV, U2, Weezer, Lana del Rey, Björk... (w/ Mané López)



Pues nada, personas, que aquí estamos otra semana con más y mejor porque es posible, repasando la actualidad de la mano de Mané López, una bellísima persona además de excelso musicólogo del arreglao pero informal. Tiene un canal de YouTube que ya se lo desean muchos, y si no os suscribís no tenéis infancia y además resucita un oso panda y Dumbledore por cada like que depositéis en cualquiera de sus vídeos. 

En este nuevo episodio hablamos de cosas muy rosas y amarillistas y hasta desagradables, tipo Maria Teresa Campos: viciosos, ciegos, acosadores, clítoris, alienígenas, carreras ilegales, dentaduras, gente vieja, U2... Dadle al puto play y ya está, ostias.

6/10/16

MUSIC: A$AP Ferg + Kirk Knight + Marty Baller en Uebel & Gefärlich Hamburgo: he's on a New Level


No sé en qué estaría pensando cuando me llevé la cámara al concierto de A$AP Ferg en el inquietantemente mítico Uebel & Gefärlich de Hamburgo (aunque todo el mundo lo llame "búnker" porque es lo que es, además de por el factor alemán... ¿Quién quiere pronunciar algo en ese dialecto tirolés?). Técnicamente fue el tercer concierto de rap al que asistía en mi vida, y si no cuento el Primavera Sound como concierto y me pongo sólo un poco racista y purista y rosista, podría hasta pasar a Mac Miller por estrella del pop Disney, if you know what I mean... Me temo que ni siquiera así me excusaría la inexperiencia en unos tiempos en los que cualquiera con teléfono móvil es reportero de guerra en potencia.

La cuestión es que allí me fui con ella, y una vez conseguí salir de aquella jaula nazi del minimal no me arrepentí, pero temí casi más por su integridad física que por la mía. Debí asumir subconscientemente que sobrevivir a la A$AP Mob no podía ser una apuesta más temeraria que la de vivir para contar un concierto de progressive metal con Symphony X y compañía, mas no tuve en cuenta un fenómeno sociológico que Hunter S. Thompson explicó alguna vez mejor de lo que nadie hará jamás en Hell's Angels: The Strange and Terrible Saga of the Outlaw Motorcycle Gangs (1967) acerca de la violencia inherente al ser humano y la forma en la que optamos por canalizarla o dejar que nos explote en la cara. Mucha gente desconoce, por ejemplo, lo dulce, amigable y respetuosa que es la multitud del heavy metal, y caen directamente en suposiciones baratas basadas únicamente en su tenebrosa forma de vestir y pintarse los labios de negro. No existe ninguna teoría formal al respecto, pero no cuesta asumir que la rabia descargada en conciertos y escuchas privadas de los sonidos agresivos que los mueven agota sus reservas naturales de bilis, forzando así a los nervudos cuerpos a tirar de paz y amor el resto de la semana. Eso explica por qué todo el mundo tiene algún amigo jeviata y por qué los indies no tienen amigo alguno. 

Pero hay algo en el hip hop que desmonta un poco la hipótesis anterior; quizás que las narraciones textuales de misoginia y violencia callejera no sean lo suficientemente furiosas, o que no haya Biggie ni Pac capaz de taponar la hemorragia rabiosa de la generación Y. Lo que no deja resquicio de dudas es que aquel lugar el 12 de julio estaba plagado de cafres y animalillos malhumorados que habían perdido la noción del espacio personal e ilustraban en masa la inhospitabilidad que diferencia y margina a la subcultura del rap con respecto al resto de tribus urbanas musicales. O eso al menos es lo que percibí; hostilidad rezumando por los poros de todos los niñatos esos que, al no tener nada real contra lo que rebelarse, se lo inventan.

Me pregunto qué pensará el propio A$AP Ferg de su público. Dudo que reniegue abiertamente de nadie que pague por verle en directo y a la vez que esté completamente cómodo con las bases que lo toman como adalid. Otros raperos de la nueva horneada como Vince Staples o Tyler, the Creator ya han sido bastante vocales con respecto al asunto de desmarcarse de ciertos estereotipos, queda hasta interesante vivir del rap y no escucharlo. A$AP Ferg, que en el álbum que estaba presentando en Hamburgo, Always Strive And Prosper (2016), habla de su abuelita, su tío y hasta deja hablar a la madre del difunto A$AP Yams en la orgullosamente ignorante Yammy Gang, tampoco encuentra el alma en el hip hop y no lo escucha porque no quiere sonar como "ellos". Nadie se lo esperaría de Fergenstein, quien de cara parece un medio lelo que sabe moldear oro (su padre diseñaba joyas en Harlem con cierta notoriedad) y resulta ser el artista hecho a sí mismo entre bastidores que fue a la escuela de arte y ni fuma. Al principio dejó que A$AP Rocky se llevara todo la fama mientras él cardaba la lana y esperaba que la A$AP Mob alcanzara una cúspide apuntalada. Entonces dejó caer la primera bomba: Work, incluida en su primer trabajo discográfico titulado como uno de sus monikers, Trap Lord (2013), que fue subiendo desde Houston y alcanzó New York después de ser hit de strip club en el sur desde hacía meses (es el colmo de ser neoyorquino: sonar a Texas). Nadie se esperaba gran cosa del amigo no tan pretty de Pretty Flacko, quien se ha vuelto, si cabe, más asertivo y más honesto que en el primer intento y que con Always Strive And Prosper se apunta tantos a la altura de Future en el ya mítico New Level, ScHoolboy Q (Let It Bang), Chris Brown, Ty Dolla $ign (I Love You) y Missy Elliot (Strive), un sueño cumplido para Ferg.

Traía de telonero a Kirk Knight, de los miembros más visibles del otro colectivo de New York que sí suena a New York, Pro Era. Unas cuantas alemanas se volvieron locas cuando sonó Knight Time, y el chaval no es guapo, así que debe de ser bueno para sólo llevar un disco (Late Night Special (2015). Después entró Ferg y todo se empezó a ver borroso y movido y sudado, quizás es porque ya soy vieja y aburrida, pero me hubiera apetecido hacer un Pakistan Columbine y quedarme sola allí en medio. Se coreó de lo bueno lo mejor y de lo mejor lo superior (aunque a algunos se les hizo todo una larga excusa para llegar hasta Shabba) sin faltar hitos de la Mob (Hella Hoes, Yamborghini High) y unas cuantas cosas graciosas y saltos del inseparable Marty "Coletillas" Baller. Y antes de irse todos, dedicó un emotivo agradecimiento a la gente que, como todos los que estábamos allí, no íbamos a verle sólo porque forma parte del cartel de un festival y nos pilla cerca. Está hasta el moño de festivales, el pobre.



A$AP Ferg se quedó atrapado en el medio de un túnel del tiempo entre la era diamante-en-el-diente del hip hop de los 1990 y el politalentismo y reivindicacionismo cerebral del rapero renacentista de hoy (resulta entrañable cómo, en algún punto de toda entrevista, todo rapero se sentirá obligado a recordar verbalmente al entrevistador que, de hecho, no es un analfabeto). Se trata de un tipo que se limita a ser auténtico para las cosas que importan y que se ha construido a sí mismo poco a poco, piedra por piedra. Ello convierte su historia personal en más admirable y, por contrapartida e injustamente, menos hollywoodiense y atractiva a simple vista. Recomiendo, sin embargo, tener paciencia y quedarse con Fergy, quien promete mucho. Si los hijos de Madonna lo escuchan, querrá decir que, si no está ya en uno nuevo, estará pronto en su propio y alto nivel.


































Todas las fotografías y vídeos tomados el 12 de julio de 2016 en Uebel & Gefärlich, Hamburgo, Alemania.

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29/8/15

MUSIC: Big K.R.I.T.'s Cadillac-lac-lac-lac-tica

Cadillactica (2014), de Big K.R.I.T. Artwork de Joe Perez & Geo. Via Big K.R.I.T


















El miércoles, 26 de agosto, fue el cumpleaños de Big K.R.I.T., artista anteriormente conocido como Kritikal, ahora alias Young Krizzle. Tras haber acabado con la de presentación de su último álbum (Pay Attention Tour) y para celebrarlo, anunció otra gira por todo Estados Unidos (titulada muy apropiadamente Kritically Acclaimed Tour), además de lanzar un tema nuevecito, 86, en honor a su coche favorito (el Chevrolet Monte Carlo de 1986) y de paso, por qué no, al año en que aterrizó, como un meteorito del crunk más extraterrestre, en éste planeta azul, procedente de otro remoto y misterioso llamado Cadillactica. La canción, me imagino yo, está dedicada a todos aquellos que se mueren por ver a K.R.I.T. despojado de su uniforme de chico del Sur y convertido en la enésima emulación de un Kanye, Drake o J. Cole, con el propósito de poder así hacerle un hueco en sus emisoras de radio predilectas; ¿no queréis escuchar a un negro campestre con gusto por los samples souleros rapear acerca de coches poco discretos, equipos de sonido aún menos discretos, racismo e hipocresía? Pues chupáos this motherfucker:



Big K.R.I.T. es un hombre famosamente definido por sus actos y cuyos actos lo definen muy bien. Ésta es su mayor virtud, una que, en opinión de muchos, escasea dramáticamente y no es alabada lo suficiente en la contemporaneidad del rap y, como consecuencia directa de ello, también su peor condena, la misma que le incita a creer con fe ciega, en la tradición de predecesores colosos del hip hop sureño como UGK o 8Ball & MJG, que el talento objetivamente medible es suficiente para alcanzar el éxito y elevarse entre el trap, el exceso de swag y las nalgas de Nicki Minaj. Pobre inocente.


El rapero y productor hecho a sí mismo a la fuerza (cuenta él que por no tener dinero para pagarse beats) viene de Atlanta, Georgia, pero es nacido en Meridian, Mississippi, tierra del padre del country, ni más ni menos, Jimmie Rodgers. No es precisamente una ciudad a la que García Lorca escribiera poemas ni un destino vacacional barajable, y es ahí justamente donde nace la imperiosa y constante necesidad en K.R.I.T. de demostrar su valía, entre el complejo procedente de sus mediocres orígenes y la rabia por el desdén o la aprensión que éstos suscitan en los extraños, "yuppies de la costa oeste", los llamaría Yelawolf. Siempre ha adjudicado su todavía no sucedido despegue comercial, incluso a pesar de haber dado el salto al mainstream en 2011 con una de las portadas de novatos del año más sonadas de la revista XXL (compartió papel cuché con Kendrick Lamar, Mac Miller y Lil B, entre otros) a la flagrante omisión del cinturón bíblico como antorcha guía de la vanguardia musical. Todo lo que sea arte (no bajos reverberantes ni estribillos pegadizos ni acentos incomprensibles ni bajezas espirituales de ese tipo) se encuentra saltando entre California y Nueva York, considerando alguna parada puntual en Chicago. Desesperaba en una entrevista K.R.I.T. asegurando que a mucha gente le espanta la simple idea de visitar el lugar de donde procede, que piensan que aún se compra en los mismos supermercados que miembros del Ku Klux Klan. Con semejantes prejuicios instalados en la azotea colectiva del norte, ¿cómo no van a ignorarlo? 

Paralelamente, no deja de resultar curioso que el mismo sur que es reiteradamente desestimado por arcaico, falto de creatividad y emblema de los restos de una América repulsiva cuya existencia se quiere olvidar, se constituya desde tiempos de Louis Armstrong como el mayor catalizador de tendencia musical de la nación, y por ende, de la Tierra. La trampa reside en que ésta mayoría de raperos del sur en las listas de éxitos carece de la complejidad emocional de los predecesores a los que Krizzle invoca. K.R.I.T. rapea inspirándose en Martin Luther King y Malcolm X, discute temas que el resto rehuye, y es por ello que se ha ganado un puesto importante en el corazón de una fanbase muy sólida, pero no en los rankings radiofónicos (precisamente, él goza del cariño de esas tribus de admiradores que son todavía endebles para artistas/producto-del-hype-mediático como Action Bronson o Chance the Rapper). Hablemos ahora de cómo el gran público pidehip hop comprometido. Estados Unidos de América, líderes globales en contradicción

Entonces es cuando el hambre del Southern hip hop se junta con las ganas de comer del demasiado ingenioso, demasiado consciente y demasiado hábil Big K.R.I.T., y la combinación no podía ser más desafortunada. Cadillactica (2014), el último trabajo discográfico de su carrera, que desde 2005 arrastra once mixtapes, dos EPs y dos álbumes, es una obra conceptual que cuenta la historia del origen del Cadillac, emblema de orgullo y hombría en el Deep South, y del ciclo vital de su planeta de procedencia/subconsciente de K.R.I.T., apodado Cadillactica. Se pronuncia "Cadillac con un ticá", tal y como les indica a muchos torpes entrevistadores que, al parecer, no quieren ni saber leer en inglés del sur. Cadillactica encarnará, como su propio autor predijo, la carta de presentación para una mayoría de fans pertenecientes al público casual, el primer contacto consciente y a propósito entre éstos y K.R.I.T., dato que le insufla una cualidad de trascendencia extra, independiente de su valor artístico intrínseco. Es posible que sea el trabajo más completo y ambicioso suyo hasta la fecha (no definitivo ni definitorio; hay quien piensa que, en términos de belleza, aún no alcanza a superar el Return of 4Eva (2011) que lo catapultó a la realeza de las promesas), aunque en un sentido absolutamente impopular para la década que corre, y que pone de manifiesto como nunca antes las fortalezas y debilidades del misisipiano.

Para empezar, no se cansa de repetir (no es seguro si por resignación disfrazada de dignidad o por sincera autenticidad) que le gustaría ser un artista recordado por aportar obras completas, no singles pelotazo à la sus paisanos Rae Sremmurd (arquetipos en la acepción más despectiva del "artista sureño de éxito"; estribillos facilones y abuso de las bajas frecuencias para que den ganas de mover el culo) durante la etapa histórica en la que el álbum es menos importante que nunca (con el renacimiento del vinilo se atisba un resurgir, aunque, por ahora, no representa más que un movimiento marginal). Después, tampoco, aunque muy noble y de agradecido con su oriundez, es de ganadores jugar la carta del reivindicador de lo local mientras A$AP Rocky, discutiblemente una de las figuras más influyentes del hip hop actual, va por ahí dando conferencias en Londres y Oxford sobre la irrelevancia de la regionalidad en el arte presente (no es seguro si por remordimientos de conciencia derivados de la cantidad de caracteres sureños que ha tomado y asimilado a su neoyorquina persona o porque posee la clarividencia para darse cuenta de que, de hecho, está en lo cierto). Cadillactica, pues, por un instante se asemeja a un esfuerzo demasiado evidente por gustar, que aprovecha recovecos de conexiones sentimentales con el pasado para apelar a la masa, como admite mediante la voz de Don Draper (protagonista de Mad Men) al final de Sookie Now (es un truco al que Kanye West, sin ir más lejos, confiesa haber recurrido). Pero no, no hay que confundirse; se trata de K.R.I.T. aproximándose más que en cualquier intento previo a su sonido insignia, que es conservador, si se toma como referencia la dirección por la que avanza la corriente principal del rap, y original simultáneamente y comparándolo con lo mismo (es decir, el estilo de sus coetáneos más comerciales).

Conocí a K.R.I.T. por su verso en la apoteósica 1 Train de A$AP Rocky, para mí (y también para el líder de la A$AP Mob), el mejor de los seis a los que ayudó a dar visibiliad (y, joder, la competencia imponía: Kendrick Lamar, Joey Bada$$, Yelawolf, Danny Brown y Action Bronson). Su convicción, su rabia puntiaguda contrastada con las ondulaciones batipelágicas del entrañable southern drawl que caracteriza a los suyos, y cuya musicalidad cala hasta lo más profundo del espíritu y hace feliz por el simple hecho de ser, convierten su lengua en una particular pasión turca a orillas del Mississippi. No es de extrañar que, pese a su reservado perfil mediático, Kendrick Lamar lo haya de querer matar; como mínimo desde un criterio estrictamente técnico, Big K.R.I.T. es el recitador mejor dotado de su generación. Entonces descubrí Mt. Olympus, pseudorrespuesta al llamamiento a las armas del archiconocido "verso de Control" de Lamar. Vi en ella el funeral de Kendrick y de todos los negros de América que intentaran hacer algo después:


La letra de arriba a abajo merecería que algún académico escribiera tratados al respecto, y es sin dar lugar a la más nimia vacilación la mejor contestación al jugoso delirio testosterónico de King Kendrick. La  compuso casi mientras digería la apelación, y me parece un insulto a la inteligencia del estudioso del rap tener que evidenciar que, como nada antes ni como nunca otra vez, enmarca la frustración de un poeta sistemáticamente ninguneado por su abrumador lirismo, su profundidad temática y unos orígenes que, fatídicamente, abanderan todo lo opuesto. Lo llevaría incluso más lejos y afirmaría que es el himno a todo artista y artesano que antepone la fe en el talento propio, la calidad y el entendimiento personal de la ética artística a falacias y espejismos sin sustancia como son la relevancia popular o la aprobación hueca de las mayorías. Guardo a Big K.R.I.T. muy cerca de mi corazón gracias a Mt. Olympus, y empatizo con todos los que también lo hacen y lo han hecho con anterioridad a mí (desafío a cualquiera a que enlace a una sección de comentarios donde se dedique una sola palabra despectiva hacia Young Krizzle; la terapia y la honestidad en una canción sólo pueden ser devueltas por aquellos que se redimen a través de ella en forma de gratitud).

Por conflictos de sampling, la versión original de Mt. Olympus nunca apareció en Cadillactica; en su lugar se halla como bonus track una casi igual pero con distinta base y nombre, Mt. Olympus (Reprise), junto a otra deliciosa colaboración con un A$AP Ferg que se sale titulada Lac Lac (Lac es otra abreviatura sureña de Cadil-lac), más una tercera si compraste la edición deluxe en Best Buy, Let It Show.

El resto del disco se desarrolla como promete la portada (diseñada por el director creativo del estudio de Kanye West, DONDA), el nacimiento, vida y madurez del planeta en todo su esplendor que encarna K.R.I.T. Cadillactica es un trabajo para ir en coche de Atlanta a Meridian pasándosete las cuatro horas de viaje volando, inmerso en las hazañas espaciales del astro protagonista. Es el primero en la carrera del rapero no íntegramente producido por él; se nota que delegó en Raphael Saadiq, Jim Jonsin o DJ Dahi para poder concentrarse en la faceta narrativa del álbum y crear un universo detallista y emotivo. En ésta entrevista con DJ Smallz Eyes, el afectado lo explica mucho mejor (y en un tono más sureñamente irresistible) que yo, pero podría resumirse de la siguiente manera; Kreation y Life son concepción y celebración, respectivamente, del nacimiento del planeta/criatura/álbum perfecto, adjetivo entendido aquí como grado superior de honradez y elaboración. Seguidamente viene la tercera parte de su serie My Sub, Big Bang, que es como admitir abiertamente que Cadillactica no puede estar más inspirado en Southernplayalisticadillacmuzik (1994) en particular y en la discografía completa de OutKast en general porque no se entrena (¿Dices que puedo ser Rey del Hip Hop/ Si no se lo reconocieron a André 3000?). El dúo de Atlanta, Georgia fue el primero en materializar un deseo inconfesable del rap sureño por llegar al espacio, y qué menos que rendirles un pequeño homenaje con ésta pieza casi cruda de 808, hi-hat y bajos destripados hasta rozar lo minimal.



Cadillactica (y su literal y metafóricamente brillante vídeo) es la lozanía adolescente que desemboca en unos años de conflictividad interna, durante los cuales la incipiente madurez comienza a plantear nostalgias acerca de la misma infancia que tanto quisimos superar. Representados por Soul Food (con Saadiq) y Pay Attention (con Rico Love), claramente dos intentos de hitazo fallidos que, si se hubieran quitado de encima la presión social y respaldados por mejores clips, hubiesen aparecido como más sentidos y entrañables de lo que ya son.

Con King of the South alcanza el principio de la hombría, y ya se siente seguro para proclamarse monarca de los mares del sur, no de una forma denigrante con respecto a los demás, sino adorativa de sí mismo. "Todo el mundo debería sentirse el rey de lo que le apasiona", responde cada vez que le preguntan por el socarrón título. El hombrecito quiere salir a cazar, y con ésta ilíada intergaláctica de sus conquistas, en la tradición del Space Age Pimpin', Mind Control parece que lo tiene todo para triunfar y pincha por culpa de unos versos invitados flácidos en el mejor de los casos (E-40 y Wiz Khalifa, que tenía que hablar de su puto perro, como siempre, a pesar de no venir a cuento). Saturado de tanto éxito y mujeres, el hombre, cada vez menos joven, se detiene para preguntarse qué es lo que realmente necesita en la vida. Como su nombre ya vaticina, Standby permite un momento de introspección estimulado por el saxo tenor del joven y seriamente prometedor Kenneth Whalum, y gracias a él lo descubre: todo lo que necesita es, por supuesto, amor. En Do You Love Me y de la mano de su adorable novia, cantante de jazz e icono de estilo Mara Hruby (cuyo estancamiento en el underground a éstas alturas no comprendo) se enzarza en una dulcísima despedida de todas las chicas que le quisieron por interés y en una declaración de intenciones a la única que no: su coche (¿se puede ser más sureño?), y Third Eye es la carta de amor más bella y rara jamás rapeada porque no dice ni una sola palabrota y es incluso incómodamente respetuosa con las mujeres. Algún día, por muy ridículo que parezca, los libros de historia hablaran sobre ello.

Mo Better Cool (con buenas intervenciones del mítico Bun B y Big Sant) y Angels son dos momentos de Southern funk en esencia pura, interesantes pero rebajados en intensidad respecto a lo que les precedía, aunque pronto se vuelve a acelerar con la enorme Saturdays = Celebration, que, no se dejen engañar por el título, es solemnidad en la línea de O' Death de Ralph Stanley, por ejemplo. Para los rezagados como una servidora, la voz resucita-muertos de Jamie N Commons puede ser todo un descubrimiento, continuando así con la tremenda calidad de los cameos de todo el Cadillactica. Y el final no es demasiado optimista: Lost Generation es a la vez llamada de atención a su adormecida y hedonista generación y también pataleta de Lupe Fiasco y Krizzle por lo listos que son ambos y el poco caso que les hacen. Un poco masturbación en pareja, sí, pero algo de razón tienen, las criaturas. Concedámosles al menos el derecho a indignarse en la soledad de un planeta lejano conocido como Cadillactica.

Portada para el single Cadillactica. Via Big K.R.I.T
Big K.R.I.T. nunca va a estar profundamente de moda, para el deleite de gente esnob y oscurantista como yo. En lo que hoy llega tarde y se siente rezagado, encantadoramente rancio pero, en última instancia, no identificable con la escena predominante de su tiempo, un día, cuando nos cansemos del sonido asentimental, del maquinismo más puro, monumental y de hormigón inspirado en Le Corbusier y puesto en el mapa por Kanye West, ese día, K.R.I.T. será el pionero incomprendido de un convencionalismo cálido, analógico y con mucha alma. Se mire por donde se mire, un marginado de la gloria por culpa de su integridad y un casposo aferrarse a principios que, pendularmente, fortalecen su personalidad y hacen que se pueda decir de su trabajo algo que muchos desean e ínfimos logran: no parecerse a nadie y sonar a nada más que a sí mismo. A reminiscencia de otro tiempo para el presente, a sofisticación de lo actual para el pasado y, con total probabilidad, a rescate y restauración de algo añorado para el futuro, Cadillactica puede enorgullecerse, sin duda, de estar en un resquicio espaciotemporal muy único y especial. Lo de K.R.I.T. (siglas de King.Remembered.In.Time) era una premonición. B.B. King lo vio en él y por eso grabaron una canción juntos; el tiempo pondrá a éste rey en el trono que está llamado a ocupar.

Lo que es bueno para el hip hop puede no ser bueno para el alma. Fotografía original de Emanuel Wallace. Via Emanuel Wallace

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16/8/15

MUSIC: At.Long.Last.A$AP. Holy Rocky, I'm on my knees

At.Long.Last.A$AP (2015), el regreso discográfico del emperador de Harlem A$AP Rocky. Via Hip Hop N More


































Me acerqué a A$AP Rocky por su cara bonita, literal. Como todos los que lo hayan hecho en su momento, por otra parte, no vayamos a ser hipócritas. Mal de muchos, consuelo de tontos, sí, pero también decía Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray (1890) que sólo las personas superficiales no juzgan por las apariencias, ya que el verdadero misterio del mundo está en lo visible:
"Y la belleza es una manifestación de genio; está incluso por encima del genio, puesto que no necesita explicación. Es uno de los grandes dones de la naturaleza, como la luz del sol, o la primavera, o el reflejo en aguas oscuras de esa concha de plata a la que llamamos luna. No admite discusión. Tiene un derecho divino de soberanía. Convierte en príncipes a quienes la poseen. ¿Se sonríe? ¡Ah! Cuando la haya perdido no sonreirá... La gente dice a veces que la belleza es sólo superficial. Tal vez. Pero al menos no es tan superficial como el pensamiento. Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas."
No sé si llegaría lejos hasta secundar al 100% la teoría del amigo Wilde, pero sí sostendría que es, indudablemente, la razón científica por la que asumimos que las modelos son personas más interesantes y merecedoras de salarios estratosféricos debido al mero hecho de haber nacido con el culo mejor puesto que la media; seguro que alguna lo es de veras, pero también Stephen Hawking y Alfred Hitchcock, o sea que...

A pesar de no ser la cualidad que acostumbra a hacerme gravitar hacia un músico, no me siento ni un poco frívola por ello. Además, dudo que el propio Rocky se ofenda, sino al contrario; esa es otra de las muchas cosas que me encantan de él: lo encantado que está de conocerse a sí mismo y los cero remordimientos que esto le despierta. Se levanta por las mañanas, mediodías, tardes o cuando sea, se mira al espejo, se pone cachondo de cuán guapo se encuentra y se va a la radio a contárselo a quien escuche. Entiende que, aunque quizás le devalúe a ojos de espectadores prejuiciosos y pseudo-trascendentales, su belleza y su don para con todo lo estético han logrado brindarle oportunidades que, quizás con una fisonomía más del montón, jamás le hubieran siquiera sido presentadas.

Aun así, le pica un poco lo de ser etiquetado como mojabragas ávido de dólares, y esencialmente a esa frustración, reprimida bajo capas de Maison Margiela durante los últimos años, debemos la existencia de AT.LONG.LAST.A$AP (2015), tercer largo del harlemita si contamos su evangelizadora mixtape debut, Live.Love.A$AP (2011), y su primer trabajo discográfico própiamente dicho, LONG.LIVE.A$AP (2013).  De haber sido Rocky otro D'Angelo del hip hop, hubiese invertido los mejores catorce años de su vida en llorarle a mamaíta porque las chicas sólo le quieren por su físico hasta, eventualmente, dar con la forma de canalizar dicho desengaño en forma de obra maestra. Por suerte, Rocky no es ese tipo de negro; si quiere demostrarte algo, sale a la calle y te lo mete por donde te quepa (en su caso, usualmente por los oídos).

Estaba planeado que cayera para el 2 de junio, pero acabó lanzándose una semana antes, precaviendo una posible filtración, como sucedió con el álbum previo. Ésto me recuerda cuánto hace desde que sé de la existencia de Rocky: medio año escaso. Nunca olvidaré la hora en que decidí probar suerte con el Live.Love.A$AP, ni cómo, tras atravesar las puertas del Olimpo con Palace, fui literalmente incapaz de continuar durante largos minutos. No recuerdo que me impactara de forma similar la introductoria de un disco des del Rocks Off en el Exile On Main St. (1972) de los Stones. Eran las cuatro de la madrugada, y me golpeó en los mismos ratos en los que han solido golpear las mejores cosas que pasan en la vida. Y no hablo únicamente de mí, sino de la humanidad. Sin ir más lejos, se cuenta que ésto último de A$AP fue concebido sin ver la luz del día, preferiblemente entre la una y las seis. Algo parecido se rumorea acerca de las sesiones de estudio noctámbulas de Bob Dylan. Mal de gran artista, consuelo de pretencioso, sí, pero algo tendrá la noche que dio y sigue dando Blood on the Tracks (1975), A.L.L.A y estas mierdas que escribo yo porque no duermo.

Via Rap Genius
Se acabaron los singles, los hits, querer ser Drake, colaboraciones con Skrillex, Fuckin' Problems, pollas en vinagre. Rocky dice que nunca ha sido tan libre ni tan sí mismo como en éste álbum que, paradójicamente, si no es oficialmente el que contiene más colaboraciones y cameos de la década, ha de estar muy cerca (Dan Auerback, de los Black Keys, presta su guitarra para el segundo single Everyday, Pablo Dylan, nietísimo rapero en construcción de El Que No Necesita Ser Nombrado, aparece en los créditos como asistente, y Leonard Cohen es acreditado como compositor, sólo por comentar lo más estrafalario). Encima, una gran parte se grabó en los Red Bull Studios de Londres donde Rocky se hallaba recluido, tan lejos del Nueva York natal que hoy abandera por todo el globo terráqueo, en un ejercicio de hibernación mediática voluntaria al que se autosometió. Su carácter, como iba a ser de suponer, se resiente, a grandes rasgos, desamericanizándose y europeizándose, descomercializándose y amanerándose.

Aquí está el episodio en la trayectoria profesional de Pretty Flacko en el cual su lirismo intenta ponerse a la altura y rendir tributo al hombre por el que lo bautizaron, Rakim, mitad del dúo neoyorquino Eric B. & Rakim (su hermana se llama Erika B. por la otra mitad...), uno de los mejores contadores de historias en la corta cronología del rap. Es ahora cuando apuntala la última verdad sobre el hip hop contemporáneo, una que él mismo ayudó a introducir; que la endogamia en el género está acabada, que nunca más será un ave fénix condenada a renacer de entre las cenizas de The Notorious B.I.G. por los siglos de los siglos, que también puede divergir y mezclarse, viajar de costa este a oeste a antojo, incluso renegar de la tradición sin ser tildada de paria. 

Y empieza bien, definitivamente mejor que la homónima carta de presentación en LONG.LIVE.A$AP (muchas más agallas, quizás con algo menos de actitud, carencia que queda suplida por un superior nivel de sustancia), casi adelantando también a la anteriormente mencionada de Live.Love.A$AP. Aunque la primera escucha completa y ceremonial de éste A.L.L.A no fue tan virgen, casta ni pura como la del primer mixtape, época en la que mi mente no estaba contaminada por ninguna referencia previa ni opinión ajena de valor (la única manera 100% fiable de apreciar a un artista y su trabajo, sin duda alguna, a pesar de que requiera una constelación de circunstancias extremadamente difíciles de alinear en días de Facebook); para cuando sentí las voces del predicador que bautiza los primeros segundos de Holy Ghost, mi cerebro ya llevaba semanas tratando de procesar Lord Pretty Flacko Jodye 2, mediante videoclip homenaje a A$AP Yams y snippet de M'$ (que, meses después, se presentó casi íntegramente en una conferencia (celebrada en el hotel St. Pancras de Londres) de la Red Bull Music Academy y supuso una estrepitosa decepción: "¿En serio, A$AP Rocky? ¿Dos años y lo mejor que sacas es más trap de mierda?"), la mediática Everyday con ecléctico combo Rod Stewart + Miguel + Mark Ronson, alguna grabación baratilla que se coló por YouTube del Electric Body con el eterno compañero de grandes fechorías ScHoolboy Q (Brand New Guy, PMW) y el primer gran exponente y vídeo auténticamente representativos de lo que se avecinaba, L$D, a parte del single Multiply. Rocky llevaba desde finales del año pasado disparando balas en direcciones aleatorias (Multiply, M'$, LPFJ2, todo temas de confección esencialmente trap) que no dejaban ni atisbar una pizca del leit motiv experimental/indie/psicodélico y, más importantemente, renovador que habría de cimentar At.Long.Last.A$AP, posiblemente para despistar, probablemente para acallar a la masa, igual por joder. 

L$D aparece escoltado por un clip que eleva estratosféricamente el concepto de hacerte sentir como si te hubieras metido pastillitas hasta de supositorio en el año 2015 de nuestro Señor, alterando la percepción y deformando las fronteras entre lo que es pop, lo que es artsy y lo que es Arte con mayúscula. Lo co-dirigió junto a Rocky un prometedor fotógrafo británico llamado Dexter Navy y, seguramente, está en el top 1 de vídeos musicales del año (¿Lo siento Tyler, the Creator?). Niños y niñas, el ácido puede saliros muy caro. Ver ésta mini-peli, en cambio, es totalmente gratis. Las consecuencias son las mismas. No seáis tontos ni tontas, por favor:


Más tarde descubro que no es tan original como parece, ya que toma escenas prácticamente calcadas de un visualmente apasionante film titulado Enter The Void (2009), de Gaspar Noé, situado en los barrios de maleantes y putas de Tokyo, una turistada como Lost in Translation (2003) en versión hippie, vamos. Mirándolo bien, pero, no hace más que seguir el patrón creativo prestamista de la cultura popular  (y no tan popular) empleado para el álbum en sí, así que, ¿por qué no? Si lo hacía Bob Dylan, no sé por qué está tan mal que lo haga A$AP Rocky. ¿Porque es negro y guapo?

Volviendo al cauce del disco, At.Long.Last.A$AP abre con una suerte de hombre religioso, inspirado en una escena de O Brother, Where Art Thou (2000), prometiendo con la providencia por aval que Rocky nunca vendió su alma al diablo. Si se lo conoce mínimamente, se sabe que eso no puede ser muy verdad, así que nadie lo cree.

Se repiten dos factores contradictorios a la naturaleza perversa del género en casi toda personalidad rapera, que me desconciertan a la par que enternecen; 1) que sean tan niños de mamá y 2) tan beatos. Letrísticamente, el tema se desarrolla más como una apología a la religión comprendida y profesada desde un punto de vista subjetivo, personal e íntimo, en lugar del simplón y Madonnaesco desdén hacia la espiritualidad que la mayoría han creído entender (Rocky, de hecho, se confiesa un hombre de fe. Fe a su manera, pero fe, si él lo dice. ¿Quién es nadie para dictar cómo rezar correctamente?). El ambiente sónico vuelve a la grandilocuencia y a lo pseudo-sacro de Palace, atrapando al oyente sin esfuerzo y convirtiendo la canción en una de las más fuertes y equilibradas (rollo y sustancia en cantidades equivalentes) compuestas por la cabeza visible de la A$AP Mob. He got his own relationship with God, Lord.

Y antes del desenlace tiene lugar la presentación en sociedad de Joe Fox, que es como un Robert Johnson del rap, o algo así, mitad leyenda mitad realidad, nadie sabe de dónde ha salido exactamente (y todos quieren saberlo). Se rumorea que se encontraron una noche, a las cuatro de la madrugada (¡ah, la hora mágica!), en el Soho londinense. Joe era un mal vividor, sin oficio ni beneficio, procedente de una familia desestructurada y acostumbrado a la vida nómada desde la cuna, gracias a una madre cabra loca que sólo supo inculcarle éste valor y a unos padres y padrastros que les animaban a salir por patas cada dos por tres, de lo majetes que eran. Fox intentó venderle uno de sus discos, pero Rocky le dijo que una polla como una olla, que se ganara el pan y se tocase algo. Lo hizo, y algo en su "voz de sample" (o, en el idioma de ScHoolboy Q, voz que suena como de los años 1960s) le gustó tanto que lo invitó a vivir con él y lo metió en cinco de dieciocho pistas. Nada mal para un Don Nadie. ¿Demasiado ideal para ser cierto? Puede...

Canal St. es la calle de donde tus amigos que van de vacaciones a Nueva York te traen los Rolex falsos y los Louis Vuitton mega-falsos. Supone un conector geográfico importante en el Lower Manhattan, y uno de los lugares más adecuados para comprar oros, diamantes y ese tipo de chatarrillas para colgarse por el cuerpo (todo auténtico, en éste caso). Emocional y ambientalmente hablando, es la aportación menos notable del A.L.L.A, y me sorprende no haber hallado en otros críticos opiniones colindantes: es un fusilamiento sin vergüenza al Dirt del escurridizo Bones, fundador del sello adorado por el underground TeamSESH y rapero más prolífico que existe (¡alrededor de 40 mixtapes desde 2011!), con quien co-escribe pero puliendo notablemente y dando lugar a algo más parecido a lo que podría hacer Drake mientras se lava los dientes. Líricamente, eso sí, se reconoce una carga técnica potente e impropia (todavía chulesca pero más ingeniosa) de Rocky.

Es curioso lo que le cuesta comprender el amor y la facilidad con la que expone éste déficit suyo, el nacido Rakim Mayers. En Fine Whine se rompe un llanto declarado a la relación marchitada (aparentemente por su culpa) con Chanel Iman, y se trae a Future para compadecerse y revolcarse en la miseria en buena compañía (en su caso, por su ex-prometida Ciara). Encapsula uno de los cuatro minutos seguidos más académicamente interesantes del largo, ya que se hace posible ver en A.L.L.A a una cobaya sonora de lo que parece Rocky cuando, a ratos, intenta ser deliberádamente romántico: un poco cursi y un poco desesperado por contrarrestar su bajada de guardia emocional con una salida de tono (I know you're heart is broken, pick up your whine glass/ With your fine ass, before you whine fast whine slow). A M.I.A me alegro de verla siempre porque es la puta ama, pero vamos, que su verso en Fine Whine se le ocurrió así, de imprevisto, a lo loco, en el camino de su casa al estudio. También escupe líneas mejores mientras se lava los dientes. 

Aunque sí que fascina de ésta pista lo bien que hace de preludio de L$D, a la vez que ayuda a apreciar lo mejor que funciona como pieza de un gran puzle que como sentencia individual (es decir, single). Por la parte de hacerte sentir cual Syd Barrett en la fábrica de chocolate, un 10/10; mira tú por dónde, he aquí una generación de fans de la música que no habrá de chutarse para saber exactamente lo que se siente al tomar ácido. Por la de las palabras, en cambio, se conduce a sí mismo al callejón sin salida de la canción anterior: hablamos de un hombre que se deja cepillar por nueve titis en una noche, ¿qué coño queréis que sepa de romanticismo? Bastante hace el pobre con intentarlo.

Por fin Excuse Me, que si no es lo mejor de la colección, debería serlo. Brillante, perfecta, irreprochable, equilibrada con balanza micrométrica y cuentagotas. Hay en los temas con mayor y exclusiva implicación de Rocky (compositiva y productiva) algo que resuena a tener las ideas muy claras, a enfocar, apuntar y disparar, ¡BANG! (You aim it 'fore you bang it let that banger leave you brainless). Es fresca y se ubica en éste nuevo escalón de elegancia a$apiana, pero sigue dejando oxígeno para el Rocky que escupió veneno y swag en Keep It G. Trippy también, menos la incomodidad y el asquerosismo de la auto-paja mental a la que usualmente conduce éste tipo de ejercicio. La base, con sample de los Platters, es una piedra preciosa que chispea y que le regaló Vulkan the Krusader hace trece años (qué buena gente, el Krusader, joder). Su estribillo es poético para los parámetros A$AP Mob, la letra, potente como un crimen pasional, y delibera con sentimiento, ¡CON SENTIMIENTO!, dos palabras que jamás pensé que usaría para describir una sola frase salida de entre los labios A$AP Rocky. My niggas, the only thing that move me, excuse me. Se permite sangrar un poco públicamente. Ya era hora, Flacko, quién te iba a decir a ti que con una camiseta a rayas marineras seguirías siendo el más jiggy, sólo que de otro tipo. I guess the new him is just gon' take some gettin' used to.

Lo peor (o lo mejor) de Excuse Me es que está ahí, en quinta posición, pasando desapercibida, hasta pidiendo disculpas de antemano, simplemente por estar. Excuse him, may he be excused? Cause he gave this shit his all, ain't got nothing left to loose.

Rocky se ha autoproclamado en alguna ocasión "el James Dean negro", y de ahí JD, haciendo el gallito como sólo un Pretty Flacko o un rebelde sin causa saben. Aquí se siente cómodo, en su territorio, al igual que en la siguiente, Lord Pretty Flacko Jodye 2, trippy trap de calidad, bruh bruh. Who the jiggy nigga with the gold links?, nada más empezar. Pues qué se puede decir, es nuestro Rocky de siempre, aunque con una dosis de pretenciosidad que la hacen encajar asombrosamente bien en el contexto del disco.

Electric Body muestra a un A$AP 'ScHoolboy' Q que reparte con la mala leche habitual pero que no logra comerse a Rocky como en entregas anteriores. Se diría de ella que es la prima graciosa pero no muy agraciada del álbum, y no destaca particularmente en ningún aspecto, aunque el cambio de beat al final está muy decente.

El problema es que va delante de Jukebox Joints...


Y es también problemática para con las que vienen después, obviamente, porque no creo que At.Long.Last.A$AP vuelva a remontar (al menos alcanzando la misma intensidad) después de ésta. Igual que la colaboración con Tyler, the Creator, una reunión entre Yeezy y Rocky se había demorado sencillamente demasiado en el tiempo, y la presión era excesiva... Han acabado explotando, y yo que me alegro. Danger Mouse, Mark Ronson, Hector Delgado, resto de peña que ha participado en la producción de éste maravilloso álbum destinado a cambiar las reglas del juego para siempre, gracias por participar, lo habéis hecho súper bien todos, pero Yeezy lo ha petado, chavales. Nótese que hablo de producción, y no de composición, porque Kanye West, digan lo que digan, da bastante pena intentando ser A$AP Rocky; uno de los versos más flojos que se le han oído al de Chi City, exceptuando algún minuto de brillantez (They wanna throw me under a white jail/ Cause I'm a black man with confidence of a white male/ Hallelujah!). Sin embargo, por suerte para él y su reputación, suple con una producción literalmente celestial, y la transición entre beats es bruta pero, de alguna forma, natural y lógica. Enamorada del sample de éste tema del indonesio Rasela y, muy especialmente, del de Smokey Robinson, algo que, incuestionablemente, sólo Kanye podría hacer con comparable maestría.

Síp, hay otro sample de Leonard 'Motherfucker' Cohen en Max B, probablemente como resultado de las primeras horas de frenesí creativo tras conocer a Joe Fox. Pese a que no es la escalofriante versión de estudio original, perteneciente a su obra New Skin for the Old Ceremony (1974), sino una en vivo (según Nate Patrin de Stereogum) que convierte en tarea particularmente árdua el entrever su presencia. En ésta y la siguiente, Pharsyde, Joe Fox llama la atención más seriamente que en Holy Ghost o Fine Whine (con permiso de la introductoria y los cánticos fantasmagóricos sin auto-tune del final), instalando bonitos contrastes entre su propia fragilidad y la fortaleza de Rocky.

Tiempo después del experimento de Multiply es el retorno de Juicy J, para ésta etérea Wavybone acompañado de UGK, incluido un verso inédito de Pimp C, leyenda del sur y mitad del dúo (formado junto a Bun B) que hoy descansa en paz. Y aún con lo mucho que me gusta esa manera de pisarse durante el estribillo las antagónicas "getting money is what I do" versus "falling in love with you", y como se me adelantaba a protestar un comentarista de Rap Genius, ROCKY, POR QUÉ NO LLAMASTE A BIG K.R.I.T. PARA ÉSTA.

West Side Highway tiene algo caribeño, tribal, hipnótico, muy a lo lejos pero suficiente para hacerse notar sin parecer esnob. No entiendo como puede ser la pieza más unánimemente despreciada por la opinión pública y experta, cuando se trata claramente de uno de los ratos más lúcidos de Danger Mouse, y el puente con James Fauntleroy es de un gusto impepinable. Por otro lado, pasaremos de comentar el Rita Ora-gate porque me parece redundante hacer la croqueta en el lodo de que sí, le faltó al respeto y sí, se lo podía haber ahorrado y sí, las excusas de que era un tema muy antiguo y en aquel entonces se sentía así y a más a más era el favorito de Yams (vamos Rocky, emplear la carta del muerto... Qué bajeza por tu parte) no valen un pimiento. Aun así, nada de esto corrompe el hecho de que Better Things es otra de las canciones más perfectas del A.L.L.A, ni que la transición entre bases pone los pelillos de puntilla. Buen trabajo, Frans Mernick.

M'$... Pues mira que, gracias a ésta y al otro gran invitado de los dos en el Cherry Bomb (2015) de Tyler, estaba comenzando a pillarle el truco a Lil Wayne, pero es que M'$ sobra y punto. No por floja ni por mala, si no porque es como si hubiera venido a una fiesta de disfraces vestida de calle. Que no M'$, perdiste el tren de Long.Live.A$AP, ahora no intentes colarte porque sí. Go home M'$, you're not drunk enough. 

Espalda contra espalda, pega el contraste (se nota que las antítesis han jugado un papel decisivo a la hora de estimular sensaciones extrañas en At.Long.Last.A$AP, como lavarse los dientes y beber zumo de naranja inmediatamente después... De una forma bastante más sofisticada e inclinadamente sensual, pero ya se entiende), Dreams, el segundo interludio del A.L.L.A (se cuenta como primero JD) es muy correcto, pero no debería haber avisado de que era un interludio, porque ya nadie se lo va a tomar en serio, y eso que esconde versos espesos. La teoría reza que Rocky no quería que nadie le pillara poniéndose a propósito en plan conscious cat, y con ese fondo vago y tachándola de lugar de paso, pasaría inadvertida en caso de fracasar. Bueno Rakim Mayers, sigue intentándolo, te vemos en la próxima edición.

El último individuo que pensé que podría encontrarme en los créditos de un álbum de A$AP Rocky es, tras Leonard Cohen, Rod Stewart, y ahí lo tienen, recortado y pegado de In a Broken Dream, un tema de 1972 de la banda británico-australiana de corta vida Python Lee Jackson, algo así como unos one-hit wonders gracias a la presencia de Stewart (cuya impagable aportación ni siquiera aparecía en los créditos originales), devuelto a la vida en Everyday. Aunque la actitud y carácter de Rocky son muy abrumadores y difíciles de ensombrar, la mano brit de Mark Ronson se hace notar con encomiable contundencia en éste tema, y la otra aportación vocal estelar, llevada a cabo por Miguel, produce un precioso contraste entre lo áspero y crudo que es Rod the Mod y la extra-suavidad del joven Miguel, demasiado pulcro incluso para ser cierto. El vídeo de abajo es adorable. Vedlo, por favor, minuto 3:25 si tenéis mucha prisa:


Como último apunte sobre Everyday, lanzo un referéndum a la ciudadanía para que alguien me señale exactamente dónde va la guitarra de Dan Auerbach en el susodicho tema; es que no la encuentro por ninguna parte. Y si existen más cosas como ésta, me gustaría conocerlas. Gracias.

Correr un tupido velo y ponerse serios un momento para comentar que sabe A$AP Rocky, y dice él mismo que todos los que lo conocen, que Mos Def, aka Yasiin Bey, es un tipo único entre tipos únicos, y como cabía esperar, igualmente lo son sus versos en Back Home, destilados en tono de profecía, enigmáticos y apelativos a la universalidad, como si hablara un chamán, arrastrando las letras con solemnidad (Travellin' man, moving through places, space and time/ In a country called Earth). Es consciente de que lo que cuenta es importante, pero también suficientemente humilde como para no imponerse, a diferencia de éste joven potro desbocado al que llaman Pretty Flacko junior por él mismo. Contó Rocky en la conferencia de la Red Bull Music Academy en Nueva York que debe ésta colaboración a su directora artística y musa, compartida con Rick Owens, Michèle Lamy, quien instó a ambos inesperadamente a reunirse en París, con la excusa de una exposición que ella curaba allí. Decidieron volver juntos a Londres, cogieron un tren, lo perdieron por culpa de Mos, this motherfucker, y el resto es historia.

La omnipresencia del difunto A$AP Yams se siente de principio a fin en At.Long.Last.A$AP, desde la portada, en la cual los rostros de Rocky y ese amigo con la distintiva mancha facial al que le debe básicamente todo (y con el que el hip hop neoyorquino tiene una deuda insoldable para la eternidad) se funden en una alegoría perfecta, hasta los últimos versos del mismo, en los que se tiene el privilegio de escuchar la última diatriba de Yamborghini, maldiciendo a las putas que parieron a estos falsos que se pasan con los accesorios, envuelto en una nube sónica un tanto soñolienta, de nuevo sobre la misma base utilizada en Dreams (¿será esto una casualidad...?). De pronto, el chucuchú de una locomotora que se va acercando, se va acercando, se va acercando y... silencio.

AT.LONG.LAST.A$AP como ideal, como concepto extra musical, y quizás se deba admitir también que, finalmente, como mero intento sudado y sangrado, es mucho más ambicioso y se sitúa muy intelectualmete por encima respecto al impacto estríctamente artístico en cuerpo mortal de álbum de rap. Afirmativo, he dicho intelectualmente, y estoy hablando de un tío que va por ahí soltando lapidarias en la línea de "soy tan guapo que hasta la mayoría de lesbianas me follarían". Incluso Mos Def lo piensa; aficionados al hip hop de éste país llamado Tierra, va siendo hora de que superéis el hecho de que A$AP Rocky es un chulo piscinas y está bueno porque 1) vuestras inseguridades no son problema de su saludable autoestima (nadie puede reprocharle ser un Kanye de Harlem puesto que, a la hora de la verdad, parece un tipo con el corazón y la cabeza bien puestos, y la brabuconería sólo es otro de sus exquisitos complementos estéticos) y 2) no podréis sostener el contra-alegato de la frivolidad cuando alcance su zenit creativo y el indiscutible talento (y aquí sólo me dirijo al musical) que viene incubando dentro os explote en la cara. No soy de las que le suela importar cuántas noches se han pasado sin dormir ni cuánto han sufrido por exprimir cada sílaba si, después de todo, el resultado no es tan sobresaliente como debería, pero la situación es suficientemente excepcional como para hacer una excepción; A$AP Rocky continua superándose trabajo tras trabajo, aunque A.L.L.A no es su To Pimp A Butterfly (2015), seamos sinceros. Como comprensiblemente puede suceder al intentar abrir nuevas sendas creativas, existe cierta indecisión, cierta dispersión, una palpable vaguedad en los argumentos principales que restan credibilidad a la propuesta total.

Lo único que se puede hacer entonces es, oh San Rocky, ponerse de rodillas y seguir rezando hasta ver la luz...

Fotografía original de Gregory Harris. Via Interview Magazine
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