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17/5/16

Historia de un amor










Si pudiera ser algo que yo escogiera con libertad, me dedicaría a saberlo todo de las personas. No de todas, claramente, ¡pero de algunas...! De algunas quisiera saber hasta la distancia entre barbilla y pecho, quisiera saber la marca de canela que compran, quisiera estirarlos de brazos y piernas, clavarles alfileres de colores y abrirlos en canal como a una sardina de laboratorio en secundaria, deconstruirlos y volverlos a montar fuera de ellos mismos. Quisiera que la consciencia de mí se comprimiera hasta lo imprescindible para mantenerme respirando, y así dejar más sitio para seguir almacenándolos. Han existido y existen tantos seres humanos formidables, y yo sólo quisiera conocerlos hasta la última mota de caspa. No se tiene certeza de que nada más allá de los hombres exista; todas las cosas son producto de nosotros, todas proceden de algún ser. El arte, el amor, Dios o su substituto, la ciencia... Sólo son maneras de liberar a la persona de la carga que es su propia omnipresencia, un acto humilde de delegación imaginaria de poder. La objetividad es, por tanto, dobledimensionalmente falsa en calidad de concepto que no existe y como falso concepto inexistente. Todo aquello que no es humano es un tentáculo de la humanidad que se hunde muy adentro bajo tierra y halla una salida lo suficientemente lejana, que confunde y simula una procedencia con raíces propias. Como las sombras de las ideas en la cueva, que no eran la auténtica verdad sino un facsímil, la objetividad, y por ende todas las construcciones humanas que comprenden la vida entera a su alrededor, es únicamente reflejo de su causa, el intento del hombre de desprender partes de sí mismo y rellenar el vacío terrenal que le provoca saberse fin y principio de todo, un acto mezcla de modestia, miedo y evasión de responsabilidades. Por eso sólo me interesa saberlo todo de alguien, no necesito cuerpo ni voz, nada más que vidas que morir y volver a nacer para dedicarlas a saberlo todo de alguna persona, que es lo mismo que saberlo todo.



Todas las fotografías tomadas el 23 de abril de 2016 en las proximidades de las estación de U-Bahn Uhlandstraße, Hamburgo, Alemania.

28/4/16

Auf Kosten der Gesundheit





“I’d rather you shot at tin cans in the back yard, but I know you’ll go after birds. Shoot all the bluejays you want, if you can hit ‘em, but remember it’s a sin to kill a mockingbird.” 
To Kill a Mockingbird, by Harper Lee























Found the dead body of a pigeon (or that, at least, is what it looked like, kind of difficult to determine with certainty due to a lack of head) on my way back from Flohschanze flea market last Saturday at around 1 pm, the second most useless hour of the day just surpassed by 11 am. The innocent creature of our Lord had been decapitated by something or someone who surely had nothing to do with our Lord, probably due to various reasons, usually whiskey. The poor thing's guts were all scattered on the ground, with subtle touches of blood and dog's urine here and there. People passing by glanced at it without amazement, and none of them took their hats off to say the Lord's Prayer to it. I can't imagine what this flying being existence was like, the struggles it went through, the lights and shadows of its lifetime, how many bread crumbs offered by mammal strangers it declined. But its trivial, worthless death looked like the most passionate, graceful thing I saw that day. One can never be thankful enough for the truth and the beauty.


All pictures taken on 23rd April 2016 in the surroundings of Uhlandstraße U-Bahn station in Hamburg, Germany.