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27/5/17

MUSIC: "David Bowie is" llega (tarde) a Barcelona
























Conclusiones extraídas de la pasada velada el 24 de mayo en la inauguración de la exposición David Bowie is en el Museu del Disseny de Barcelona:

1. Como estrategia de marketing, está muy muy muy muy muy muy bien.
2. Lo del papel de váter con pintalabios igual sobraba.
3. Ya se había expuesto en otras 723788363^4 ciudades del mundo antes, lo que le resta un poco en términos de factor sorpresa.
4. Había mucha ropa vieja que no olía a sudado ni a muerto ni nada.
5. Cuando se alimentaba a base de leche y coca, Bowie se tornaba filonazi, cosa que podría haberle pasado a cualquiera en sus circunstancias.
6. Beyoncé sale en la tabla periódica de David Bowie (12a imagen). Keith Richards no. Normal, porque se caían fatal.
7. Usaba un programa de ordenador (Verbasizer) para escribir letras (13a imagen) y luego le llamaban "el Dylan cockney". Se nos cayó el mito.
8. David Bowie teloneó a los losers de T. Rex y Humble Pie. Se nos cayó el mito parte 2.
9. Había unos negativos de una cruz y el dedo de Bowie que parecían más bien una cruz y el pelo púbico de Bowie (11a imagen).

BONUS TRACKS:

10. Todos los caminos de la British Invasion conducen a Little Richard, quien fue la primera mariquita del rock & roll.
11. En Barcelona nos creemos que todo nos pasa por primera vez a nosotros, como la gentrificación y ésta expo.
12. A la gente del mundo del arte le encanta el chorizo.
13. Socializar debería estar mejor remunerado.


Todas las fotografías tomadas el 24 de mayo de 2017 en la inauguración de la exposición David Bowie is del Museu del Disseny de Barcelona, España.


David Bowie is estará en el Museu del Disseny de Barcelona hasta el 25 de septiembre de 2017.

25/3/14

MUSIC: Who run Barcelona? Beyoncé!

Beyoncé ayer en el Palau Sant Jordi, Barcelona, interpretando uno de los primeros temas de la noche. Fotografía de 
Robin Harper. Via: beyonce.com

"¿Por qué cantará Beyoncé que el mundo es de las chicas cuando lo que en realidad quiere decir es que el mundo es suyo?" Esto es lo que me preguntaba yo ayer a eso de las 21:20h mientras The Mrs. Carter Show World Tour aterrizaba en el Palau Sant Jordi de Barcelona al son de Run the World (Girls). La cosa no podía empezar mejor ni de forma más previsible; la reina Bey surge de debajo del escenario como una Virgen Iluminada vestida de Tom Ford, y empieza a sacudir esas caderas que su Dios le ha dado como si quisiera destruir el pabellón a base de ondas expansivas. "Bien, me espera una convencional noche de danza frenética y grandes éxitos hasta que la rubia de muslos poderosos y 3.1 octavas diga basta", pensé muy satisfecha para mis adentros. Tardaría pocos minutos en darme cuenta de lo equivocada que estaba.

Cuando mi asiento y yo nos vimos las caras por primera vez, lo miré con una sonrisa condescendiente como diciendo "Creo que hoy no voy a necesitarte, amigo". Pero entonces, antes siquiera de que me diera tiempo a alzar mi puño de partisana del girl power y gritar "We run the woooooorld!", la imaginería beyonceniana ya se había apoderado de mí. Cómo agradecía ahora que mi amigo el asiento estuviera allí para recoger mi fatigado trasero mientras me concentraba en admirar aquel despliegue de estímulos audiovisuales orquestados por la señora Carter. Eché un vistazo a mi alrededor y me di cuenta de que los 18.000 espectadores del Palau Sant Jordi habían sucumbido también al mismo trance. Inmóviles como estatuas y smartphones en mano, casi ni pestañeaban para adorar con la mirada a la que ya era más que una estrella del pop o una diva; era una divinidad  a través de sus ojos.

A pesar de mi pronta reconciliación con el sillín, seguí meneando el esqueleto a la mínima oportunidad, pero procurando que no se me escapara ni una imagen, ni una sola palabra del discurso profeminista de Chimamanda Ngozi Adichie ni de la clase magistral de seducción de la mismísima Beyoncé (Seduction is much more than beauty; it is generous, it is intelligence, it is mysterious, it is exclusive). Si parpadeabas, te lo perdías.

Y por si no fuera suficiente, la de Houston nos mantuvo en tensión a lo largo de la casi hora y cuarenta minutos de concierto; justo en el momento en que pensaba que me iba a dejar tararear una canción, Beyoncé la cogía y hacía lo que le daba la gana con ella, y justo cuando mis pasos de baile se habían acomodado al patrón rítmico de un tema, éste metamorfoseaba y se transformaba en el siguiente con total naturalidad. 

Quizás el único factor auténticamente predecible de este show barcelonés (y debo suponer que el de cualquier ciudad en el itinerario del Mrs. Carter Show World Tour) fuera que los instantes míticos sucederían con una canción marchosa de fondo. Mi Beyoncé se crece ante la dificultad, y eso de bailar y cantar al mismo tiempo le pone a mil (y se nota); ***Flawless, Blow (el momento de comunión visual y sonora más perfecto de todo el show),  Partition, Drunk in Love (aunque se echó de menos al maridísimo Jay-Z), Why Don't You Love Me? (con una interpretación más tradicional, se hubiera llevado el podium de mi corazón...), Crazy in Love, Single Ladies (Put a Ring on It) (hitos indiscutibles de la noche) y Love On Top (soberbia ejecución vocal de la tejana) insuflaron energía eléctrica en los cuerpos de todos y cada uno de los presentes. Con los baladones, por otra parte, se veía venir que ocurriría justo lo contrario; me pasé el día entero rezando para que no nos tocara un I Will Always Love You, pero no hubo suerte... Si no hay nada mejor, dadme ñoñerías azucaradas y canciones lentas como esa, podré soportarlo. Pero ponerlas donde se podría haber marcado un Grown Woman o un End of Time (¡nuestra canción, Valeria!) me parece sencillamente inexcusable. Donde esté la Beyoncé bailonga y guerrillera que se quiten el resto.

¿Algún reproche serio que hacerle a Yoncé por su actuación de anoche? Sí, que es impecable, aunque no estoy segura de que eso se pueda considerar algo reprochable. La precisión de reloj suizo con la que controla cada tiempo, cada paso de baile, cada posturita, cada mueca y cada grito, quejido o gruñido hacen que me pregunte dónde queda el sentido y la razón de ser originales de ver a un artista en directo. Una acudió al concierto deseando ver las entrañas de Beyoncé Knowles, con ganas de sangre y vísceras, de observar cómo las lágrimas y el sudor se mezclan en sus mejillas y de oír cómo se le rompe la voz, pero a cambio sólo obtuve perfección. ¿Qué diferencia hay, pues, entre verla en vivo o en uno de esos portentosos videoclips que acompañan a su último trabajo discográfico BEYONCÉ (2013)? Bueno, que en el segundo caso puedes llevártela en el móvil y verla cuando quieras y en el primero, no.

Lo que está claro es que Barcelona fue suya por unas horas, como lo fueron antes muchas otras ciudades y como lo es el mundo en general. Así que no queda otra; como dice mi Beyoncé, bow down, bitches.

Ayer: Beyoncé y Barcelona juntas por fin. Via: beyonce.com


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