Pues esta vez ni Mané López ni yo salimos tan disgustados de nuestras respectivas escuchas cruzadas, sorprendentemente. Supongo que eso es malo teniendo en cuenta que el objetivo era amargarnos la vida mútuamente y crear mal rollo y agresividad, que es lo que les pone a los telespectadores de hoy en día, pero güeno...
Burna Boy está diver, y MGMT, para quien le gusten los discos malillos, también merece la pena, así que os dejamos por aquí nuestro ejercicio de orientación en tiempos en los que la crítica musical es más necesaria que nunca.
Érase una vez los tres
cerditos nah es broma, aunque sí que eran tres; guitarra, bajo y batería, venidos directamente de ese Reino Unido que no nos quiere poner en el
testamento. Power trio más por lo poco que les importa cantar bien, mal, algo o
Popeye El Marino que por lo evidente de su estructura formal. The Embrooks son un grupo de otra época anterior a la nuestra que toca música de otra época anterior a la suya, lo que musicalmente equivale, más o menos, a no tener padre ni madre y haber pasado la infancia en un orfanato: da penilla pero qué admirable haberse convertido en un adulto funcional. Abrieron el Gambeat Weekend en su sexta edición y metidos en el Marula Café, lo que significa que todo sucedió en un ambiente general del mejor y más genuino buen mal gusto, y eso ha sido un cumplido en toda regla para quien no lo haya pillado. Trajeron el buen revival mod o el aún más selecto freakbeat (depende del grado de especificidad al que se quiera llegar y de si se tiene un trabajo de verdad o no) del advenimiento del segundo milenio, cuando la gente se creía que sabía vestirse como en los sesenta pero NO POR DIOS, NO, Austin Powers no sé de dónde debía de sacar la ropa pero de una maquina del tiempo que le llevaba a Carnaby Street en 1967 definitivamente no. Y tampoco se trata de menospreciar lo que fuera que existiera en algún rincón del planeta a finales de los noventa con respecto a las parkas y a las Lambrettas, revitalización de la industria del pin y la chapita, durante cuántas semanas consiguieron sacar a Paul Weller del coma profesional y tal, pero llamar ola a cualquier pico de popularidad histórica del freakbeat es lo que la Enciclopedia Británica define como optimista.
Sam Jam heads no son los teloneros que la mayoría se perdió por llegar tarde sino las cabezas de mi amiga la rubia despampanante, a quien en su primera noche en Barcelona traje a escuchar música típica de su país porque lo típico de aquí son turistadas y además lo tengo todo muy visto ya. La velada prosiguió hasta bien entrada la madrugada con sesión de Jello Biafra (antiguo vocalista de Dead Kennedys) y su Incredibly Strange Dance Party, más fina, culta y leída imposible, el cuerpo se te ponía a bailar solo. A la guiri le encantó, y yo no tengo mejor review que dar, así que hale.
Todas las fotografías tomadas el 1 de septiembre de 2016 en el Marula Café, Carrer dels Escudellers, Barcelona, España.
Todos conocimos a Wolfmother en una
intersección entre el nivel 1 del Guitar Hero II (junto a Danzig, Mötley Crüe y Chip Trick, nada menos) y el coche de mi tío Pedro,
donde ha sonado buen rock, sin roll y sin aliño, desde tiempos inmemoriales, 2005 o por ahí, año que tampoco escapa ya a ser remoto. No sé si todos o sólo mi hermano y yo, pero la realidad es un concepto muy abstracto que me suda la polla, así que aceptemos la sinécdoque, el conjunto por la parte, otra vez en ese bello y bolchevique plural mayestático.
2005, y con la enclenque melancolía de hablar de hace 10 años como si hiciera 80, fue un buen año en general para el rock a secas, un buen año para las bandas australianas (Jet, AC/DC todavía tenía un cantante que no era Axl Rose lisiado) y un año esplendoroso para Wolfmother, quienes vieron caer sobre occidente su bestial Wolfmother (2005), primer y homónimo álbum, como una bomba de hidrógeno distorsionada. Y fue tal cual, sin esperárselo, como la vejez o los accidentes de tráfico, fue hasta violento; un minuto antes estás aquí y al siguiente implorándole a un flaco peludo llamado o Jesús o Andrew Stockdale que no te lleve todavía por favor o que te lleve ya cuanto antes, respectivamente. Igual que un día en el que apenas existían y el siguiente en el que no puedes dejar de pensar en ellos, Wolfmother fueron al 2005 lo que los genitales a la pubertad: una adicción aparentemente inocua. Estaban en la tele, en la radio, en los Grammy, en la Rolling Stone España con sus Ray Ban Wayfarer, una de las cosas más dosmilcinco que se recuerdan junto con las Converse con pitillo, la Ley Antitabaco y Hilary Duff.
Oh sí, recuerdo cómo Wolfmother llegaron a éste mundo... Y también cómo desaparecieron un rato después. De forma parecida a los Black Crowes o al tamagotchi, que dejaron de ser relevantes tras sus primeros 5 segundos de popularidad, aunque quizás no tan drásticamente; diría que la caída, en su caso, fue algo más felina, con todo el mérito y la ironía que tal hazaña expresa en un grupo con nombre de perro. Aunque, ¿qué se esperaba, por otra parte? Con el advenimiento de la siguiente buena ola australiana del indie a finales de los 2000s, el rock sin complejos pasaba por las horas más bajas de su ciclo pendular. Y con semejante nombre... Bueno, mucho no se podían camuflar entre cajas de ritmos y sintetizadores: nada dice "rock sin conservantes ni colorantes" como Wolfmother, al igual que nada dice "cosa sintética y psicodélica atrapada en un fin de año de 1989 con Whitney Houston" como Tame Impala, por ejemplo.
Y es que cuentan que se llamaron así por un libro de los sesenta sobre drogas varias y viajes astrales. Estaba claro que por uno del año pasado sobre jugar a cartas no iba a ser... Hay poco en Wolfmother que deje espacio a la imaginación; sus orígenes, referencias y aspiraciones se hacen de dominio público en el mismo momento en el que nace una canción y se inserta en el pabellón auricular de cualquiera que ya tuviera vello púbico cuando el walkman o, en su defecto, wifi y gustos selectos. Ni siquiera los mil y un cambios de alineación (el grupo no ha grabado uno sólo de sus cuatro álbumes con los mismos integrantes) han provocado notable mella en su sonido a lo largo de una joven historia rockera. A lo sumo, se han vuelto más secos, quizás, más metal que hard, más Black Sabbath que Rush, más distorsión que overdirve y, en definitiva, menos roll, menos funk, menos pegajoso, menos todo lo que un día les hizo tan grandes en tan poco tiempo, como la erección de un niño de 15 años. Su último trabajo discográfico, Victorious (2016), con el tour para promocionarlo que les llevó al Reeperbahn de Hamburgo el pasado primero de mayo, Gypsy Caravan Tour, da fe de todo ello; más seco que la mojama, y muy coherente en su deshidratación, sí... Pero no. Estos, sencillamente, no son nuestros Wolfmother, sólo el soporte para seguir llevando en volandas un nombre tan potente y excitante como el pasado reciente al que evoca. ¿Se les puede culpar por ello? En absoluto; los llamaron "salvadores del rock" y ahí se los cargaron en primer grado. Es por ello que de un tiempo a acá me guarde de colgar losas de oro a nadie que intuya con potencial para la grandeza, práctica en la que, desde siempre, he hallado un suculento placer culpable. El listón de su propio debut era sencillamente inalcanzable y, en consecuencia, el desazón creativo traspasó a la esfera personal... Resultado: Chris Ross y Myles Heskett, bajo/teclado y batería fundadores, se largan para no volver, tras una actuación agridulce en un gran festival australiano a mediados de 2008. Y ésto, niños y niñas, es lo que hacemos con el primero en mucho tiempo que sale a la palestra con un par y nos da un poco del good old rock & roll; le chupamos la esencia hasta queda menos que el fantasma de lo que fue. En menos de lo que quisiéramos, y como el amor, lo matamos de tanto usarlo. Pobres chavales del hemisferio sur, que no pedían más que hacer un rock de ese del que no puedes escapar, un rock innegable: tan simplón, tan básico e instintivo, pero de un embrujo... Una escucha cosas como Dimension, o Love Train, y se pregunta, ¿cómo es posible que, hoy en día, haya tan poca gente en éste puto planeta que sepa hacer ÉSTO medio bien? No parece tan complicado, no es como preparar alioli con la regla, y tenemos a todos los que ya lo lograron antes a finales de los sesenta y principios de los setenta metidos en el Spotify. ¿Por qué, entonces? Llámalo orgullo, petulancia, llámalo apretar botones y hacer beats es más fácil que aprenderse los acordes, llámalo el rock no mola (o "ya no")... Y sin embargo, algo dentro de nosotros lo sigue necesitando, como un abrazo de tu madre en la edad del pavo. Bandas como Wolfmother, Radio Moscow, Crobot, Rival Sons... Los pusieron en la Tierra para cumplir la noble y modesta tarea de llenar un vació emocional colectivo: la humana necesidad de rock & roll desacomplejado. Innovación, originalidad, no siempre se trata de eso... La vida moderna es de una complejidad desesperante, y a veces nos moriríamos por poner el modo automático y ser tan felices como aquella vez... No sólo de discografía de Led Zeppelin vive el rocker. La velada empezó que no pudo empezar mejor. Al principio del todo pareció que no, porque llegué puntualmente sin antelación a hora de abertura de puertas, 19 clavadas, y había una cola del copón que no me esperaba para nada tratándose de un grupito que creía considerado por el mainstream como unos two-or-three-hit wonders. Pensé entonces que la primera fila ya era una causa perdida, pero al entrar recordé que a los alemanes no les gusta llevar sus sentimientos por bandera, y correr hacia el front row es una declaración de amor e idolatría de ejemplo enciclopédico con la que, personalmente y a diferencia de ellos, me siento muy cómoda en determinadas circunstancias.
Llegué y en la playlist ambiental sonaba Let it Loose, y quizás debería dejarlo aquí porque el resto de lo que pueda decir sólo lo estropeará. Ya puedo morir tranquila sabiendo que, al menos una vez en la vida, estuve en un antro donde pusieron lo más oscuro del Exile On Main St sin tener que coaccionar al pinchadiscos. Hice un vídeo para capturar el momento y tener pruebas cuando se lo cuente a mis gatos de mayor y no me crean, y un alemán capullo arruinó toda la mística saludando como un padre haciéndose la foto con Mickey Mouse en Disneylandia. Pese a ello, no podía ser más feliz; sólo me faltaba estar enamorada, y creo que hasta eso lo hubiera estropeado. Acababa de pasar Ian Peres, actual bajo y teclista desde 2009, por el pasillo entre la grada y el escenario. Su pelo mola demasiado, no sé por qué camina mirando al suelo; es una diosa con melenaca. La noche era joven, la vida, bella y excitante y yo una cínica que empezaba a presentir que se estaba equivocando con sus juicios precipitados de valor musical, por enésima vez. Porque luego vinieronLoving Cup,Ventilator Blues,Shelter from the Stormde Bob Dylan,Shake Your Hips,Strawberry Fields Foreverde los Beatles,Mississippi Queende Mountain ySexy Sadietambién de los Beatles, entre otras, y cuando pusieronTurd on the Runy mientras empezaba a considerar la posibilidad de que ésto fuera una escucha encubierta de rarezas de los Rolling Stones, salieron los teloneros y desperté del sueño.
Electric Citizen, se llaman, que es un nombre de grupo heavy que le puede gustar a un primo que tengas y que coleccione tanques de la Segunda Guerra Mundial en miniatura. Heavy principiochentero de Cincy, OH, cuna de la aviación y del buen pelo, a juzgar por las cabelleras de estos tipos. La cantante, Laura Dolan, parece la Barbie trasher haciendo aeróbic con sus Jeffrey Campbell de 20 cm de plataforma (en serio tía, eres la razón por la que Joan Jett fue la última vez que el rock tomó en serio a nuestro género, a parte de que Jeffrey Campbell ya pasó, supéralo en cuanto tengas tiempo). Se mueve como Kali Uchis pero sin puta gracia, normal siendo de Ohio. Lo que más me motiva son las caras de enajenación canina, lengua fuera incluida, del batería, ¡qué hombre! Y el guitarra no sé si es persona o persona sin cabeza, pero sí sé que tenía bonito pelo, igual que el bajista.
Pues vale, Electric Citizen, capto el mensaje: hard rock nevado, heavy metal embrionario en tiempos en los que ya es más embrión de lechugas y patatas en forma de estiércol bajo suelo que embrión de algo con la más remota capacidad de impacto artístico o cultural. Muy buenas pintas, pero ni aportan ni recrean algo de notable calidad. Se van vulgarmente por el pasillo entre la grada y el escenario, la gente no los aclama... Semejante crueldad. El guitarra tiene un vergonzoso pasado emo a juzgar por sus tatus tricepales, lo veo mientras carga amplificadores y los sube a la furgo. Juro que pasé por su bandcamp y escuché Social Phobia, me sentí identificada con el título.
Mientras los teloneros desalojan se escucha Torn & Frayed, y mi felicidad flotante vuelve a restaurarse. Una suerte de chica de cuarenta bajita no identificada me pregunta si quiero divertirme, y le digo que natürlich. Grita como una posesa, vaya Person. Su amiga tiene un marido cuya madre es de Cunit o de Conil de la Frontera, quién sabe, deben de haber leído mis notas mientras las escribía para saber que soy española, porque todo el mundo dice que parezco francesa.
Andrew Stockdale se planta justo delante de mí y arrancan con Victorious, el single del nuevo álbum. Qué delicia de momento.
El hombre tiene una planta tan sofisticada; nadie diría que compone y toca cosas como las que siguieron, New Moon Rising y Apple Tree, que es como ver la canícula de una adolescencia estándar en tres minutos y medio (¿dónde esconde las Vans?). El mosh que desencadenó fue glorioso, más grande y libre que el nombre del garito, doy gracias a mi móvil por habérseme pegado a la palma de la mano y no caerse. Sus sílfides piernas, su refinado gusto para los botines y su distintivo chaleco, ese afro australiano como un halo de rizos deshidratados... ¿Cómo es que éste tío no ha llegado más lejos, cuál es su hándicap? La genética dice "estrella", pero la forma cateta de coger la guitarra, estilo Bill Wyman, dice "friki", por no hablar de lo que cuentan las entrevistas... ¿Inadaptado social? No es impedimento si eres británico y te llamas Thom Yorke, pero el mundo del rock no está hecho para sensibles. Ni para pretenciosos: sí, el hitazo por antonomasia, Woman, fue el mejor puto rato de mi vida, y sí, me dió rabia que cambiara la entonación de una parte del estribillo. Creo que se me estaba agotando el sudor y sólo llevaban cuatro temas. "Empieza a hacer calor aquí. Eso es señal de un buen show", dice Andrew.
Y él no se mueve mucho, pero joder con Peres, el maldito saltimbanqui, ¡todo un freestyler aéreo! Debía de tener propulsores en esos divinos muelles capilares para ejecutar tantos mortales abstractos. Era precioso verlo transitar entre cuerdas y teclas, ¡y de qué manera se ensañaba con el teclado! Parecía que quisiera taladrar un agujero de felicidad con la cabeza. Su entrega y su rollo enamoran, y los bajistas con más actitud que el guitarrista deberían cobrar pluses por superación de estereotipos (Jake Figueroa, abrid debate en el gremio).
Alex Carapetis, el batería de ésta gira y no miembro oficial de la banda sino de Julian Casablancas+The Voidz, auténticoWOW TÍO, QUISIERA COMPRARME UN PISO EN TU ARMARIO WOW WOW WOW ERES UN JEFE TUS BOTINES ME WOW EXPLOTARON LA CABEZA QUÉ ROLLAZO ME HUMILLAS CON TANTO #SWAG batería rock de conservatorio que ha rodado con la crème de la crème empezando por Nine Inch Nails y pasando por Phoenix, Juliette Lewis & the Licks y Kelis (¡¡¡!!!). Actitud y ejecución brillantes, indiscutibles, el tipo de capullo al que miras y te das cuenta de que lo tiene todo en la vida sin haber tenido que pagar el precio.
El público era una amalgama de gente adorable, ninguna raza de fans está a la altura de los amantes del rock & roll sin corromper; si se está en medio de un mosh, con seres humanos pasando en volandas por encima de tu cabeza, y todavía sientes tu integridad física respetada, hasta te piden perdón por chocarse contigo demasiado fuerte, puede felicitarse uno a sí mismo por formar parte de un ejemplo de vida en sociedad.
El setlist fue casi perfecto, una mezcla de agasajadores de masas (White Unicorn, White Feather, Mind's Eye, Colossal), nuevos desafíos (The Love That You Give, The Simple Life, City Lights) y alguna perla oculta de factura early punk y leitmotiv psicodélico/naturalista, California Queen, o metalera elegante, How Many Times. Pero aun así la energía nunca decayó. Salvaje y sereno, frenético y accesible, hacía mucho tiempo que no me sentía tan desahogada, libre e ida de la olla en un ambiente extrañamente acogedor. Éste, éste es el rock por el que vale la pena mitificar. "¡Qué energía, será por todos los sex shops que tenéis en ésta calle!", ríe Andrew otra vez. Irónicamente, refrescaron con dos covers bastante añejas, Dear Prudence de los Beatles y Riders on the Storm de los Doors, dos temas que parecen escogidos adrede para definir sus dos polos: los rockers místicos de manual y los de intenciones pop para toda la familia, porque Wolfmother es como un robusto árbol con troco hard e infinidad de ramas que lo bifurcan breve y genéricamente en variadas direcciones (folk, pop, punk, garage, alternativo).
La primera vez que escuché Pretty Peggy no sabía si era una broma o iba en serio (Roses are red/ Violets are blue/ I will take them all/ And give them to youWTF he visto mejores sonetos en concursos de poesía de parvulario), pero en vivo lo entendí todo: la ternura es algo que, sencillamente, no se hace de retórica rimbombante, sino de simplicidad y cercanía. Existe una feminidad, o más concretamente, un feminismo honesto y absolutamente nada teorizado en la lírica de Wolfmother que me indigna que nadie se haya parado a estudiar y alabar: la mujer es un tema constante, protagonista y heroico en sus canciones, nada más anticlimático en el viejo y tradicionalmente misógino negocio del rock. Seguramente resida ahí su magia, y sea, a la vez, lo que los idealiza en la teoría pero los aparta del éxito colosal en la práctica. Porque cuanto más los escucho, menos entiendo que no están mínimo a la altura de los Black Keys o por esas plantas de la fama cultural. La buena moral no vende y los chicos malos son los que ligan, se ha dicho.
Pyramid fue la locura que había visto en mis sueños o peor, peroDimension... "¿Queréis entrar en otra dimensión?", pregunta Stockdale, y todos muertos, ¡cómo la estábamos deseando! Gente volando por los aires, la cuarentona guay entrando en trance, literalmente, cayendo por el suelo y poniendo ojos en blanco incluido, saltándose la vaya de seguridad, regalando codazos, cabezazos, fluidos y de más. Odio a la gente con ganas, pero no sé qué brujería rara echaron en el Große Freiheit 36 cuando vino mayo, qué placer sentí perdiendo la identidad entre una masa de carne y grito... Mi cuerpo en brazos de la Madre Lobo.
Se intentaron ir con Vagabond pero faltaba The Joker and the Thief y lo sabían, así que tocó para el bis. Estaba reventada pero hubiera seguido dos horas más tranquilamente. Me despedí de mi compi de concierto con un cálido abrazo brasileño y traté de salir del lugar, no sin antes dar una vuelta óptica por el mítico Große Freiheit 36: lo máximo que pueda dar de sí el encanto alemán, supongo.
Tenías que estar allí para entenderlo, y algún día mirarías atrás y te atacaría la melancolía de cuando viste a Wolfmother, esas leyendas de recorrido inverso que fueron de los estadios a los baretos con 100 de aforo, y sentiste la pura felicidad, la pura adrenalina, la pura rabia de vivir, y ya está, nada más, sólo eso. It's only rock & roll, but you need to be there.
Todas las fotografías y vídeos tomados el 1 de mayo de 2016 en Große Freiheit 36, Hamburgo, Alemania.
Mr. Wonderful (2015), de Action Bronson. Artwork de FRKO. Via XXL Mag
- Si existe alguna forma con la que pudieras definir éste álbum, éste proyecto que vamos a descubrir ¿cómo lo harías? ¿Cuál sería la palabra?
Hace una pausa bogartiana o à la Groucho Marx mientras intenta dar con una respuesta directa, concisa, pero a la vez, significativa. Se saca ese zurullo alargado que siempre lleva colgando de la boca y, antes de que le haya dado tiempo a expulsar el humo, suelta:
- Sexo.
El entrevistador mira a la cámara con cara de pos ok y repite:
- Sexo.
- Te lleva por todo tipo de emociones, todo tipo de sentimientos, te golpea en diferentes sitios. Es como lamer la parte de atrás de una rodilla. Parece raro, pero sienta tan bien...
BA BOOM!, como diría mi buen amigo Nardwuar. Así se lo contó a Jinx, de Complex Magazine, en una entrevista particularmente inspirada, durante el SXSW y a escasos días de que se lanzase por fin Mr. Wonderful(2015), lo más fresco de Mister Maravilloso en persona.
No pronuncia una sola frase no lapidaria, indigna de recopilatorio de citas célebres. Action Bronson no nació ayer (ni su madre lo llamó así cuando lo parió, para más información), así que no pierde el tiempo con tonterías, aunque tampoco tiene mucha prisa por nada. Igual que muchos otros artistas, hombres y mujeres de renombre antes que él, como Vincent Van Gogh, Lucille Ball, Thelonious Monk, Leonard Cohen, J. K. Rowling, Ramoncín, e incluso estrellas también en el juego del rap (Kanye West, J. Cole, Danny Brown, Rick Ross, Pusha T, Yelawolf, Ramoncín...), conoció a las musas un poco tarde en su carrera, hecho que le instigó a creer de sí mismo que por siempre iba a ser un canto rodado, una bala perdida de Flushing, Queens, Nueva York, incapaz de acabar algo en la vida. Se vería, pues, obligado a trasnochar junto a tiparracas (mezclar cemento, cavar agujeros, trajinar con chatarra) y alguna que otra dama de más rancio abolengo (chef gourmet con programa online, Action in the Kitchen, y su versión con mejor equipo audiovisual, Fuck, That's Delicious) sin que, al final del día, ninguna consiguiera llenarle por completo (como mínimo, espiritualmente hablando. Es sobradamente obvio que el muchacho no pasa ningún tipo de hambre).
AkaBam Bam BaklavaakaBronsoliño aka cinco-putos-amos-en-uno, Bronson viene luchando por su ración de gloria gangsta desde que, en 2010, se rompió una pierna en la cocina y hubo de replantearse lo de cómo iba a ganarse el pan. Era súper fan de Kool G Rap, y tenía unos amiguetes (Meyhem Lauren, Shaz Illyork) que lo mismo, así que decide catar suerte y grabar Dr. Lecter (2011), su álbum debut. Pese a ser un proyecto para tomarse muy en serio y hacerse oir con contundencia, que sirvió platos de la exquisitez de Brunch, con su buena porción de controversia como acompañamiento y un sample frito del mejor blues de Detroit, cosecha de 1970, tiendo a opinar que no sólo es poco representativo del inusualmente avispado, vacilón pero cariñoso, casi jocoso estilo bronsoniano, sino que apunta en una dirección peligrosamente opuesta y confusamente oscura, en comparación con el carácter vivaracho que se deja descubrir por Mr. Wonderful (así tampoco lo bautizó su madre cuando lo concivió, claro, pero lo apodaba de ésta forma cariñosamente).
Con el hervidero underground que se originó a colación de Dr. Lecter, el productor, DJ y radio personality Statik Selektah reservó mesa en el pronto frecuentadísimo restaurante del medio albano/medio americano Action Bronson y prepararon juntos Well-Done (2011). De su buena acogida nacieron relaciones, que se destaparían como prodigiosas en el futuro, con Party Supplies y The Alchemist. Pronto se alió con el primero para grabar Blue Chips (2012) y Blue Chips 2 (2013), a su vez segunda y cuarta, respectivamente, de sus mixtapes, entre las que se posiciona Bon Appetit..... Bitch!!!!! (2011) a la cabeza cronológica. Rare Chandeliers (2012) bautizó una vibrante y (paradójicamente) orgánica relación con The Alchemist, otro tío con un nombre bien puesto y un catálogo de producción tan amazacotado de nombres que podría utilizarse como presa (y no sólo por cuestión de densidad numérica: Mobb Deep, Prodigy, Ghostface Killah, Nas, 50 Cent, Snoop Dogg, Big Daddy Kane, Cam'ron, Eminem, Lil Wayne, Raekwon, Kool G Rap, ScHoolboy Q, Joey Bada$$, Earl Sweatshirt, Domo Genesis, Hodgy Beats...). Con su segundo extended play, Saaab Stories (2013), y las adjuntas colaboraciones con Wiz Khalifa o Riff Raff, intuyo que Action Bronson se percató de lo mucho que estaba descarrilando respecto a su propia moral artística: la devoción por lo clásico, unida a una paranormal similitud timbrística con el miembro pilar del Wu-Tang Clan Ghostface Killah(quien, en caso de que alguien no lo sepa, es Grumpy Cat afeitado) le hundirían, si no se andaba con cuidado, en un estanque de mediocridad nostálgica. Había calidad y reverencia por la artesanía en toda su obra hasta la fecha, mucha calidez, fobia al auto-tune, buen gusto y, sobretodo, una querencia palpitante por rescatar algo del pasado, tan sólo una esencia invisible cuya posesión no hiciera necesario recrearlo o revivirlo. Prometió volver en sí hacia principios de 2014. El asunto llegó a demorarse más de un año, finalmente, pero joder si valió la espera...
"Ahora, la palabra de Dios":
Para
comprender el alcance del impacto de Mr. Wonderful en los circuitos del
hip hop, así como el porqué de que dicho trabajo haya de considerarse el
nacimiento artístico oficial de Action Bronson, hay que detenerse en la figura
mediática del propio Bam Bam.
Una
se para a observar a ésta pequeña bola de sebo pelirroja, con manos diminutas y
bonita estructura ósea facial procedente del este de Europa, presentida bajo
dos enormes mofletes. Luego escucha a la susodicha bolita rimar acerca de su
sex appeal no una, ni dos, ni tres,
ni cincuenta veces, y le hace gracia/le enternece pensar que debe de tener la
autoestima por las nubes/un gran sentido del humor/una combinación de las dos
anteriores. Al cabo de un tiempo, y después de chuparse muchas entrevistas y
confirmar que continua echándole florecitas a su cuerpo serrano en prosaico,
una vuelve a la bola de sebo para someterla a un escrutinio más exhaustivo. A
parte de que sus facciones, muy difuminadas por la grasa, inclusive, me dicen
que, si estuviera delgado, sería un auténtico peligro... No me atrevo a dejarlo
por escrito, pero se entiende, ¿no? Se sabe que no hay mayor afrodisíaco que la
seguridad en uno mismo, mientras que Bronson lo achaca a un instinto
animalístico que es capaz de despertar en las féminas... Es, en definitiva, un
ejemplo enciclopédico del je ne sais quoi. Pónganse unas interviews
y juzguen por ustedes mismos; la indudable cuestión es que Action Bronson es
mucho más que un simple rapero blanco rechonchito; es una personalidad
irreprimiblemente encantadora tanto para los de su gremio como para lo fans
como para la gente a la que le importa un pimiento Mr. Wonderful más allá de
cuando los corta en juliana para ponerlos en un sofrito. No hay que olvidar
que, como también le sucedió a Chance the Rapper, hasta la presentación
en sociedad de éste nuevo disco, había más gente hablando de Action Bronson
que, de hecho, escuchándolo. Pudo sostenerse hasta el día de hoy como producto
del hype mediático por la simple y llana razón de que la sustancia de su
arrolladora personalidad lo sostuvo ahí arriba.
Después
está el fenómeno, pionero y observable, de la primeriza aparición del
revival en la cultura hip hop, simbolizado y mainstreamizado por Mr.
Wonderful como nunca antes. La relativa juventud del género y su más
apegada relación con unos orígenes plebeyos y marginales (vínculo que, por
infortunio sociológico, se prolonga en el tiempo mucho más de lo que lo
hicieron antes el jazz o el rock & roll) contribuyen a preservar un
microclima dentro del cual el valor percibido de la inmediatez y la novedad aún
supera con creces el de la perdurabilidad, la influencia o el impacto cultural
(cosa que, por mucho que algunos se empeñen en negar, no sucede ya en las
respectivas escenas del rock & roll ni del jazz contemporáneos). Sin ir muy
lejos, a ello ha de atribuirse el que, bajo un juicio puramente estético, mis
abuelos, telespectadores regulares de Se llama Copla, no titubearan a la
hora de reconocer a Mark Ronson como al prestigioso productor y mago de
los hits y a 40, por su parte, como a un friki de las cajas de ritmo con
complejo de Peter Pan. Simple y llanamente, y no hay Taylor Swift ft.
Kendrick Lamar que valga, el rap todavía no ha sido asimilado por la cultura
predominante, y aunque Jay Z tenga 45 tacos, sigue retratándose como movimiento
de proximidad juvenil y afroamericana.
Como
explicaba, y continuando siendo el anterior hecho aplicable, sí es cierto que,
paralelamente, comienza a despertar un modesto pero ruidoso séquito de
reivindicadores de la tradición rapera, iluminados veneradores de la caspa que
consideran que el rap murió con Big Bank Hank de the Sugarhill Gang, fundamentalistas que no ven más allá del old school.
Es decir (y salvando las distancias de decencia para con los fans del rap,
claro), como un fan de Led Zeppelin o un militante del PP pero gastando la
XXXL.
Conscientemente
o no, a sabiendas de que, de ser esto cierto y de ser verdad también lo de que
la historia se repite, se avecina la muerte en vida del hip hop, Bronsoliño
aprovecha la ola nostálgica para surfear sobre su cresta. Y no es que el
camino que ha decidido tomar no sea el más noble ni el más saludable para el género,
todo lo contrario; Action Bronson mira a Kool G Rap o a Santana como Stevie Ray
Vaughan miraba a Freddie King, como los Rolling Stones miraban a Elmore James o
como Bix Beiderbecke miró a la música clásica europea, y eso, a posibles
expensas de su relevancia cultural y centrándose estrictamente en la calidad
técnica, emocional e intelectual de la música obtenida, sólo puede ser
positivísimo.
Y
es que Mr. Wonderful ya empieza cojonudamente bien a partir de la
portada (ver foto de cabecera). Se encontró al tipo que ahora le diseña casi
todos los visuales, FRKO, de Atlanta, por instagram
(ATENCIÓN: NO CLICKAR SOBRE EL LINK ANTERIOR SI SE ESTÁ HAMBRIENTO). El gusto
de Bronson para elegir ilustradores viene siendo brillante desde sus
inicios y, en la misma línea vintage de su sonido, sus artworks están
devolviendo el interés por la creatividad visual en el hip hop, como en tiempos
de OutKast.
Artwork para el single Baby Blue (con Chance the Rapper) por FRKO. Via KANYE TO THE
Como
con Kali Uchis, también me decidí a escuchar a
Bronson a instancias de Tyler, the Creator, quien, al parecer, es mi
nueva fuente de criterio para todo. La primera noción que tuve acerca de él
fue, pues, el segundo single y videoclip que lo acompañaba de Actin'
Crazy. Desde entonces, es la razón por la que me levanto todas las
mañanas:
Se
dice se cuenta se rumorea que la base fue presentada a Action por Noah
"40" Shebib, "EL PRODUCTOR" ahora mismo y uno de los
dos (junto a Sidney "Omen" Brown) del tema, prácticamente como
la conocemos, y que supuestamente es algo que Drake deshechó.
Hagamos
un parón momentáneo para darnos cuenta de que, si es
cierto que el muy hijo de la gran purísima Drizzy se permite el lujo de
descartar cosas como ésta, su Views from the 6 va a ser... Gallina
de piel, chavales.
Prosigamos.
Actin' Crazy es un 10 sobre 10, el tema más redondo y equilibrado de la
colección, quintaesencia bronsoniana elevada a la enésima potencia. El
estribillo (Opportunity be knockin', you gotta let a motherfuckerin ("La
oportunidad llama a la puerta, has de dejar a la muy puta entrar") es de
tatuárselo en el antebrazo con letras góticas; tan directo como ambiguo,
inspiracional pero sin ser cursi, suena incluso a desafío. El resto de versos tampoco escasean en epitafios y, en conjunto, supone un himno a los late bloomers, vividores y piltrafillas en general que tardan algo más que la media en hacer un alguien de sí mismos.
Su vídeo es exactamente lo mismo, adornado con dibujos de FRKO por allí y por allá pero, en definitiva, algo muy difícil de aprehender con palabras. Haciendo cosas locas, como reza el propio título de la canción, lo estropeo cuanto más escribo sobre él. Lo que sí debe añadirse es que hay que darle crédito a Action Bronson por ser, junto a Tyler, the Creator, Childish Gambino y algún atontao más, de los pocos que prestan atención y valoran el videoclip como transmisor y complementador del mensaje de una canción. Y encima poseen sensibilidad para llevarlo a muy buen puerto; no hay más que echarle un vistazo al segundo videoclip y último single de Action Bronson que tuve el placer de degustar en mi vida, nada menos que Baby Blue, y junto a Chance the Rapper:
Producida por Mark Ronson y tercera colaboración histórica del dúo, samplea el Bird of Prey de Natalie Prass y es una auténtica pena que las partes de Action sean tan buenas, porque Chance the Rapper se lo ha tragado todo sin masticar en ésta pista, y no ha dejado rastro de nada. Maldice a una mujer a la que odia y a la que, sin embargo, es incapaz de desear un mal más allá de cortarse con papel, encayársele la cremallera de la chaqueta o beber de latas que estén agitadas. Hace incluso alusión a un poema de Langston Hughes, o sea que obligaría a todo Cristo a que se la leyera un par de veces y reflexionara en silencio sobre la idiosincrasia del amor verdadero.
Después encontré el colofón del álbum, primer single con videoclip (que, por cierto, contiene localizaciones en la misma iglesia que aparece en Kill Bill), titulado Easy Rider en honor a la película homónima de Peter Fonda y Dennis Hopper de 1969, un hito del fin de la contracultura americana de los años sesenta, una joya entre los primeros pasos del cine underground donde las haya. Producida por Party Supplies, contiene un sample interesantísimo de rock turco añejo, que le otorga esa fuerza estupefaciente. Corona justo al final el álbum con un RI-FFA-ZO del tal Curt Chambers, quien, por lo visto, ha sido miembro de las bandas de Eminem y Dr. Dre entre otros. Si alguien quiere saber lo que es la épica en 2015, que escuche The Passage, un directo en Praga que sirve como entradilla autocomplaciente del tema de despedida, e Easy Rider, seguidos. De nada.
Ah, y por cierto, no: el estribillo no dice "Buddy Holly into the sunset", sino "Ride the Harley into the sunset". En el supuesto de que yo sea la única subnormal y ya lo escuchárais bien des del principio, perdón por el teniente.
Escuchando el álbum como un todo, de principio a fin, se empieza por Brand New Car. Incluye un sample de Billy Joel que es, en palabras de Action Bronson, "la intro de todo". The Rising, producida por Statik Selektah, es un evangelio de 4 minutos con Big Body Bes soltando pestes y diamantes al final, y Terry, el último de los singles que faltaban por nombrar, es el favorito de Action, una dulzura con Bam Bam suplicando a una chica que no le haga daño (¿cómo debía ser la tía para tener siquiera la posibilidad de toserle...?). Tras Actin' Crazy sigue Falconry, que consiste básicamente en Big Body Bess y Meyhem Lauren subidos a una noria con Bronsoliño y pasándolo teta. A parte, exijo una ronda de aplausos virtuales para arropar la entrega del premio a mejor interludio de 2015: Thug Love Story 2017: The Musical. City Boy Bluesy The Light in the Addict son minutos predilectos y relevantes; Bronson directamente se prometió a sí mismo que no rapearía sobre la primera, y en la segunda (que ya se había lanzado en 2014 por el Soundcloud de Party Supplies), quiere matar a gente de pena con la ayuda de Black Atlass, todo un descubrimiento personal (¡NO ES NEGRO!). Action Bronson provee con unas líneas vocales llenas de alma. Si alguna vez se cansa de rapear... Only in America es una gracieta, como el rock ochentero en el que se inspira, que se marca con Party Supplies, de nuevo, y Galactic Love es la calma antes de la tormenta de Easy Rider. Contiene skits de su madre diciendo algún taco por teléfono. Action Bronson idolatra a su mamá, como todos los grandes.
Era totalmente cierto.
De no haberme topado de forma fortuita con aquella entrevista, no sé cómo
habría podido aproximarme correctamente a éste, nunca mejor dicho, maravilloso álbum,
ni cómo habría logrado entender sus efectos en mí, ni su habilidad para
despertar recuerdos colectivos de futuro; Mr. Wonderful es
exactamente como chupar una rodilla por detrás. Seguro, ninguno de los que lo
escuchemos con la requerida (e infrecuentemente mostrada) dedicación (ejem...
Claaaaaro... "Seguro"...) lo hemos probado jamás, y aun así captamos
a la perfección el contenido de la alegoría; rodillas, lenguas, dos
instrumentos de la naturaleza cuya existencia asumimos y agradecemos, aunque la
mera idea de su unión nos repugna. ¿Qué ha de hacer una lengua detrás de una
rodilla? Pues lo mismo que un albano pelirrojo de 140 kg de peso rapeando sobre
vídeos de rock turco en YouTube y solos de Santana: hacernos sentir raros, pero
tan bien...
"Ahora todos estos cabrones también quieren ser gorditos". Fotografía original via Baeble Music