10/8/15

MUSIC: Mr. Wonderful is like licking the back of a knee

Mr. Wonderful (2015), de Action Bronson. Artwork de FRKO. Via XXL Mag








- Si existe alguna forma con la que pudieras definir éste álbum, éste proyecto que vamos a descubrir ¿cómo lo harías? ¿Cuál     sería la palabra?

Hace una pausa bogartiana o à la Groucho Marx mientras intenta dar con una respuesta directa, concisa, pero a la vez, significativa. Se saca ese zurullo alargado que siempre lleva colgando de la boca y, antes de que le haya dado tiempo a expulsar el humo, suelta:

- Sexo.

El entrevistador mira a la cámara con cara de pos ok y repite:

- Sexo.

- Te lleva por todo tipo de emociones, todo tipo de sentimientos, te golpea en diferentes sitios. Es como lamer la parte de atrás   de una rodilla. Parece raro, pero sienta tan bien... 

BA BOOM!, como diría mi buen amigo Nardwuar. Así se lo contó a Jinx, de Complex Magazine, en una entrevista particularmente inspirada, durante el SXSW y a escasos días de que se lanzase por fin Mr. Wonderful (2015), lo más fresco de Mister Maravilloso en persona. 

No pronuncia una sola frase no lapidaria, indigna de recopilatorio de citas célebres. Action Bronson no nació ayer (ni su madre lo llamó así cuando lo parió, para más información), así que no pierde el tiempo con tonterías, aunque tampoco tiene mucha prisa por nada. Igual que muchos otros artistas, hombres y mujeres de renombre antes que él, como Vincent Van Gogh, Lucille Ball, Thelonious Monk, Leonard Cohen, J. K. Rowling, Ramoncín, e incluso estrellas también en el juego del rap (Kanye West, J. Cole, Danny Brown, Rick Ross, Pusha T, Yelawolf, Ramoncín...), conoció a las musas un poco tarde en su carrera, hecho que le instigó a creer de sí mismo que por siempre iba a ser un canto rodado, una bala perdida de Flushing, Queens, Nueva York, incapaz de acabar algo en la vida. Se vería, pues, obligado a trasnochar junto a tiparracas (mezclar cemento, cavar agujeros, trajinar con chatarra) y alguna que otra dama de más rancio abolengo (chef gourmet con programa online, Action in the Kitchen, y su versión con mejor equipo audiovisual, Fuck, That's Delicious) sin que, al final del día, ninguna consiguiera llenarle por completo (como mínimo, espiritualmente hablando. Es sobradamente obvio que el muchacho no pasa ningún tipo de hambre).

Aka Bam Bam Baklava aka Bronsoliño aka cinco-putos-amos-en-uno, Bronson viene luchando por su ración de gloria gangsta desde que, en 2010, se rompió una pierna en la cocina y hubo de replantearse lo de cómo iba a ganarse el pan. Era súper fan de Kool G Rap, y tenía unos amiguetes (Meyhem Lauren, Shaz Illyork) que lo mismo, así que decide catar suerte y grabar Dr. Lecter (2011), su álbum debut. Pese a ser un proyecto para tomarse muy en serio y hacerse oir con contundencia, que sirvió platos de la exquisitez de Brunch, con su buena porción de controversia como acompañamiento y un sample frito del mejor blues de Detroit, cosecha de 1970, tiendo a opinar que no sólo es poco representativo del inusualmente avispado, vacilón pero cariñoso, casi jocoso estilo bronsoniano, sino que apunta en una dirección peligrosamente opuesta y confusamente oscura, en comparación con el carácter vivaracho que se deja descubrir por Mr. Wonderful (así tampoco lo bautizó su madre cuando lo concivió, claro, pero lo apodaba de ésta forma cariñosamente).


Con el hervidero underground que se originó a colación de Dr. Lecter, el productor, DJ y radio personality Statik Selektah reservó mesa en el pronto frecuentadísimo restaurante del medio albano/medio americano Action Bronson y prepararon juntos Well-Done (2011). De su buena acogida nacieron relaciones, que se destaparían como prodigiosas en el futuro, con Party Supplies y The Alchemist. Pronto se alió con el primero para grabar Blue Chips (2012) y Blue Chips 2 (2013), a su vez segunda y cuarta, respectivamente, de sus mixtapes, entre las que se posiciona Bon Appetit..... Bitch!!!!! (2011) a la cabeza cronológica. Rare Chandeliers (2012) bautizó una vibrante y (paradójicamente) orgánica relación con The Alchemist, otro tío con un nombre bien puesto y un catálogo de producción tan amazacotado de nombres que podría utilizarse como presa (y no sólo por cuestión de densidad numérica: Mobb Deep, Prodigy, Ghostface Killah, Nas, 50 Cent, Snoop Dogg, Big Daddy Kane, Cam'ron, Eminem, Lil Wayne, Raekwon, Kool G Rap, ScHoolboy Q, Joey Bada$$, Earl Sweatshirt, Domo Genesis, Hodgy Beats...). Con su segundo extended play, Saaab Stories (2013), y las adjuntas colaboraciones con Wiz Khalifa o Riff Raff, intuyo que Action Bronson se percató de lo mucho que estaba descarrilando respecto a su propia moral artística: la devoción por lo clásico, unida a una paranormal similitud timbrística con el miembro pilar del Wu-Tang Clan Ghostface Killah (quien, en caso de que alguien no lo sepa, es Grumpy Cat afeitado) le hundirían, si no se andaba con cuidado, en un estanque de mediocridad nostálgica. Había calidad y reverencia por la artesanía en toda su obra hasta la fecha, mucha calidez, fobia al auto-tune, buen gusto y, sobretodo, una querencia palpitante por rescatar algo del pasado, tan sólo una esencia invisible cuya posesión no hiciera necesario recrearlo o revivirlo. Prometió volver en sí hacia principios de 2014. El asunto llegó a demorarse más de un año, finalmente, pero joder si valió la espera...

"Ahora, la palabra de Dios":


Para comprender el alcance del impacto de Mr. Wonderful en los circuitos del hip hop, así como el porqué de que dicho trabajo haya de considerarse el nacimiento artístico oficial de Action Bronson, hay que detenerse en la figura mediática del propio Bam Bam.

Una se para a observar a ésta pequeña bola de sebo pelirroja, con manos diminutas y bonita estructura ósea facial procedente del este de Europa, presentida bajo dos enormes mofletes. Luego escucha a la susodicha bolita rimar acerca de su sex appeal no una, ni dos, ni tres, ni cincuenta veces, y le hace gracia/le enternece pensar que debe de tener la autoestima por las nubes/un gran sentido del humor/una combinación de las dos anteriores. Al cabo de un tiempo, y después de chuparse muchas entrevistas y confirmar que continua echándole florecitas a su cuerpo serrano en prosaico, una vuelve a la bola de sebo para someterla a un escrutinio más exhaustivo. A parte de que sus facciones, muy difuminadas por la grasa, inclusive, me dicen que, si estuviera delgado, sería un auténtico peligro... No me atrevo a dejarlo por escrito, pero se entiende, ¿no? Se sabe que no hay mayor afrodisíaco que la seguridad en uno mismo, mientras que Bronson lo achaca a un instinto animalístico que es capaz de despertar en las féminas... Es, en definitiva, un ejemplo enciclopédico del je ne sais quoi. Pónganse unas interviews y juzguen por ustedes mismos; la indudable cuestión es que Action Bronson es mucho más que un simple rapero blanco rechonchito; es una personalidad irreprimiblemente encantadora tanto para los de su gremio como para lo fans como para la gente a la que le importa un pimiento Mr. Wonderful más allá de cuando los corta en juliana para ponerlos en un sofrito. No hay que olvidar que, como también le sucedió a Chance the Rapper, hasta la presentación en sociedad de éste nuevo disco, había más gente hablando de Action Bronson que, de hecho, escuchándolo. Pudo sostenerse hasta el día de hoy como producto del hype mediático por la simple y llana razón de que la sustancia de su arrolladora personalidad lo sostuvo ahí arriba.

Después está el fenómeno, pionero y observable, de la primeriza aparición del revival en la cultura hip hop, simbolizado y mainstreamizado por Mr. Wonderful como nunca antes. La relativa juventud del género y su más apegada relación con unos orígenes plebeyos y marginales (vínculo que, por infortunio sociológico, se prolonga en el tiempo mucho más de lo que lo hicieron antes el jazz o el rock & roll) contribuyen a preservar un microclima dentro del cual el valor percibido de la inmediatez y la novedad aún supera con creces el de la perdurabilidad, la influencia o el impacto cultural (cosa que, por mucho que algunos se empeñen en negar, no sucede ya en las respectivas escenas del rock & roll ni del jazz contemporáneos). Sin ir muy lejos, a ello ha de atribuirse el que, bajo un juicio puramente estético, mis abuelos, telespectadores regulares de Se llama Copla, no titubearan a la hora de reconocer a Mark Ronson como al prestigioso productor y mago de los hits y a 40, por su parte, como a un friki de las cajas de ritmo con complejo de Peter Pan. Simple y llanamente, y no hay Taylor Swift ft. Kendrick Lamar que valga, el rap todavía no ha sido asimilado por la cultura predominante, y aunque Jay Z tenga 45 tacos, sigue retratándose como movimiento de proximidad juvenil y afroamericana.

Como explicaba, y continuando siendo el anterior hecho aplicable, sí es cierto que, paralelamente, comienza a despertar un modesto pero ruidoso séquito de reivindicadores de la tradición rapera, iluminados veneradores de la caspa que consideran que el rap murió con Big Bank Hank de the Sugarhill Gang, fundamentalistas que no ven más allá del old school. Es decir (y salvando las distancias de decencia para con los fans del rap, claro), como un fan de Led Zeppelin o un militante del PP pero gastando la XXXL.

Conscientemente o no, a sabiendas de que, de ser esto cierto y de ser verdad también lo de que la historia se repite, se avecina la muerte en vida del hip hop, Bronsoliño aprovecha la ola nostálgica para surfear sobre su cresta. Y no es que el camino que ha decidido tomar no sea el más noble ni el más saludable para el género, todo lo contrario; Action Bronson mira a Kool G Rap o a Santana como Stevie Ray Vaughan miraba a Freddie King, como los Rolling Stones miraban a Elmore James o como Bix Beiderbecke miró a la música clásica europea, y eso, a posibles expensas de su relevancia cultural y centrándose estrictamente en la calidad técnica, emocional e intelectual de la música obtenida, sólo puede ser positivísimo

Y es que Mr. Wonderful ya empieza cojonudamente bien a partir de la portada (ver foto de cabecera). Se encontró al tipo que ahora le diseña casi todos los visuales, FRKO, de Atlanta, por instagram (ATENCIÓN: NO CLICKAR SOBRE EL LINK ANTERIOR SI SE ESTÁ HAMBRIENTO). El gusto de Bronson para elegir ilustradores viene siendo brillante desde sus inicios y, en la misma línea vintage de su sonido, sus artworks están devolviendo el interés por la creatividad visual en el hip hop, como en tiempos de OutKast. 

Artwork para el single Easy Rider por Honkey Kong. Via WIRED
Artwork para el single Actin' Crazy por FRKO. Via NOISEY
Artwork para el single Terry por FRKO. Via ill rapper
Artwork para el single Baby Blue (con Chance the Rapper) por FRKO. Via KANYE TO THE
Como con Kali Uchis, también me decidí a escuchar a Bronson a instancias de Tyler, the Creator, quien, al parecer, es mi nueva fuente de criterio para todo. La primera noción que tuve acerca de él fue, pues, el segundo single y videoclip que lo acompañaba de Actin' Crazy. Desde entonces, es la razón por la que me levanto todas las mañanas:


Se dice se cuenta se rumorea que la base fue presentada a Action por Noah "40" Shebib, "EL PRODUCTOR" ahora mismo y uno de los dos (junto a Sidney "Omen" Brown) del tema, prácticamente como la conocemos, y que supuestamente es algo que Drake deshechó.

Hagamos un parón momentáneo para darnos cuenta de que, si es cierto que el muy hijo de la gran purísima Drizzy se permite el lujo de descartar cosas como ésta, su Views from the 6 va a ser... Gallina de piel, chavales.

Prosigamos. Actin' Crazy es un 10 sobre 10, el tema más redondo y equilibrado de la colección, quintaesencia bronsoniana elevada a la enésima potencia. El estribillo (Opportunity be knockin', you gotta let a motherfucker in ("La oportunidad llama a la puerta, has de dejar a la muy puta entrar") es de tatuárselo en el antebrazo con letras góticas; tan directo como ambiguo, inspiracional pero sin ser cursi, suena incluso a desafío. El resto de versos tampoco escasean en epitafios y, en conjunto, supone un himno a los late bloomers, vividores y piltrafillas en general que tardan algo más que la media en hacer un alguien de sí mismos. 

Su vídeo es exactamente lo mismo, adornado con dibujos de FRKO por allí y por allá pero, en definitiva, algo muy difícil de aprehender con palabras. Haciendo cosas locas, como reza el propio título de la canción, lo estropeo cuanto más escribo sobre él. Lo que sí debe añadirse es que hay que darle crédito a Action Bronson por ser, junto a Tyler, the Creator, Childish Gambino y algún atontao más, de los pocos que prestan atención y valoran el videoclip como transmisor y complementador del mensaje de una canción. Y encima poseen sensibilidad para llevarlo a muy buen puerto; no hay más que echarle un vistazo al segundo videoclip y último single de Action Bronson que tuve el placer de degustar en mi vida, nada menos que Baby Blue, y junto a Chance the Rapper:


Producida por Mark Ronson y tercera colaboración histórica del dúo, samplea el Bird of Prey de Natalie Prass y es una auténtica pena que las partes de Action sean tan buenas, porque Chance the Rapper se lo ha tragado todo sin masticar en ésta pista, y no ha dejado rastro de nada. Maldice a una mujer a la que odia y a la que, sin embargo, es incapaz de desear un mal más allá de cortarse con papel, encayársele la cremallera de la chaqueta o beber de latas que estén agitadas. Hace incluso alusión a un poema de Langston Hughes, o sea que obligaría a todo Cristo a que se la leyera un par de veces y reflexionara en silencio sobre la idiosincrasia del amor verdadero.

Después encontré el colofón del álbum, primer single con videoclip (que, por cierto, contiene localizaciones en la misma iglesia que aparece en Kill Bill), titulado Easy Rider en honor a la película homónima de Peter Fonda y Dennis Hopper de 1969, un hito del fin de la contracultura americana de los años sesenta, una joya entre los primeros pasos del cine underground donde las haya. Producida por Party Supplies, contiene un sample interesantísimo de rock turco añejo, que le otorga esa fuerza estupefaciente. Corona justo al final el álbum con un RI-FFA-ZO del tal Curt Chambers, quien, por lo visto, ha sido miembro de las bandas de Eminem y Dr. Dre entre otros. Si alguien quiere saber lo que es la épica en 2015, que escuche The Passage, un directo en Praga que sirve como entradilla autocomplaciente del tema de despedida, e Easy Rider, seguidos. De nada.


Ah, y por cierto, no: el estribillo no dice "Buddy Holly into the sunset", sino "Ride the Harley into the sunset". En el supuesto de que yo sea la única subnormal y ya lo escuchárais bien des del principio, perdón por el teniente.

Escuchando el álbum como un todo, de principio a fin, se empieza por Brand New Car. Incluye un sample de Billy Joel que es, en palabras de Action Bronson, "la intro de todo". The Rising, producida por Statik Selektah, es un evangelio de 4 minutos con Big Body Bes soltando pestes y diamantes al final, y Terry, el último de los singles que faltaban por nombrar, es el favorito de Action, una dulzura con Bam Bam suplicando a una chica que no le haga daño (¿cómo debía ser la tía para tener siquiera la posibilidad de toserle...?).

Tras Actin' Crazy sigue Falconry, que consiste básicamente en Big Body Bess y Meyhem Lauren subidos a una noria con Bronsoliño y pasándolo teta. A parte, exijo una ronda de aplausos virtuales para arropar la entrega del premio a mejor interludio de 2015: Thug Love Story 2017: The Musical.

City Boy Blues y The Light in the Addict son minutos predilectos y relevantes; Bronson directamente se prometió a sí mismo que no rapearía sobre la primera, y en la segunda (que ya se había lanzado en 2014 por el Soundcloud de Party Supplies), quiere matar a gente de pena con la ayuda de Black Atlass, todo un descubrimiento personal (¡NO ES NEGRO!). Action Bronson provee con unas líneas vocales llenas de alma. Si alguna vez se cansa de rapear...

Only in America es una gracieta, como el rock ochentero en el que se inspira, que se marca con Party Supplies, de nuevo, y Galactic Love es la calma antes de la tormenta de Easy Rider. Contiene skits de su madre diciendo algún taco por teléfono. Action Bronson idolatra a su mamá, como todos los grandes.

Era totalmente cierto. De no haberme topado de forma fortuita con aquella entrevista, no sé cómo habría podido aproximarme correctamente a éste, nunca mejor dicho, maravilloso álbum, ni cómo habría logrado entender sus efectos en mí, ni su habilidad para despertar recuerdos colectivos de futuro; Mr. Wonderful es exactamente como chupar una rodilla por detrás. Seguro, ninguno de los que lo escuchemos con la requerida (e infrecuentemente mostrada) dedicación (ejem... Claaaaaro... "Seguro"...) lo hemos probado jamás, y aun así captamos a la perfección el contenido de la alegoría; rodillas, lenguas, dos instrumentos de la naturaleza cuya existencia asumimos y agradecemos, aunque la mera idea de su unión nos repugna. ¿Qué ha de hacer una lengua detrás de una rodilla? Pues lo mismo que un albano pelirrojo de 140 kg de peso rapeando sobre vídeos de rock turco en YouTube y solos de Santana: hacernos sentir raros, pero tan bien...

"Ahora todos estos cabrones también quieren ser gorditos". Fotografía original via Baeble Music
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