5/10/16

MUSIC: Mac Miller en DOCKS Hamburg + The Divine Feminine: his shit get old when he act so young

The Divine Feminine (2016) de Mac Miller. Fotografía del hermano de Mac Miller.

Si vas a ir a un concierto de Mac Miller y tienes más de 15 años, no vayas. Te sentirás muy vieja. Y eso no mola. "Molar" es para los fans de Mac Miller lo que el "dabuti" para nosotros: muy vintage, pega con el chándal de táctel. No te creas a los camareros en los bares que te piden el DNI antes de dejarte pagar por la cerveza, no importa con cuántos litros de Johnson's Baby te rocíes; la media de edad allí es pubertad y olerán que no hueles a nada, ni a hormona revoltosa ni a chuches. No te engañes, lo sabrán, dedícate en su lugar a escuchar viejos discos de Eminem y a envejecer con dignidad, ¿ok?

No se hubiera notado tanto que era la persona más adulta de toda la cola frente a la legendaria DOCKS de Hamburgo si me hubiera puesto al lado de algún adolescente excepcionalmente bajito y hubiese hecho ver que venía de acompañante porque la criatura no cumple los 16 hasta diciembre, qué mala suerte. Y encima ese día no había poco público; 12 de mayo en pleno Reeperbahn hamburgués, solazo y a principios de una tradición muy mona que tienen allí llamada Tanz in dem Mai ("baila en mayo") dedicada a celebrar que el tiempo es ligeramente menos deprimente y la primavera ha llegado dos meses más tarde que en el hemisferio de la gente vaga y feliz sur. En la vida hay que ser optimista o directamente suicidarse como pasa en Finlandia intentarlo.

Pues cuando entré parecía todo un instituto muy oscuro desde la primera fila. Sonaba Niggas in Paris y Touch the Sky, y para hacerse una idea de lo baby boom que eran estas gentes, Kanye West ya es un clásico de los 2000 en su cronología. Primero salió un rubito rapeando en alemán (valiente), 3Plusss, debe de ser un nombre súper ingenioso en retórica teutona. Me dicen que es bastante conocido en su tierra, y debería creeérmelo porque tiene hasta entrada en la Wikipedia, die freie Enzyklopädie (le deseo suerte).

20 minutos después de su set de 20 minutos y el puto sigue sin aparecer. En su lugar, DJ Clockwork, "su" DJ, una estrategia muy inteligente por parte de Mac Miller para asegurarse de que el listón esté bien bajo cuando él salte al escenario. El tipo se monta una parida muy grande a la que titula Beans, y lo respeto porque intuyo que es plenamente consciente de que sólo está allí para divertirse consigo mismo, "autodepreciación", que lo llaman. Aunque desde luego no era, ni de lejos, tan insoportable como para agredirle físicamente; un joven delincuentillo le arrojó un objeto no identificado en la cara y el artista se cabreó con todas las de la ley. Unos minutos dentro del set de Miller incluso él empezó a corear aquello de naaa-na, na-na-naaa-naaa, hey hey hey, good bye para que los guardas de seguridad se llevaran al cobarde agresor. Fue divertido deplorable.



Eran las 21:15 y el puto Mac Miller no sé lo que estaba haciendo pero trabajar, no. Sale por fin un rato después, dejando a la peña tiesa con un futurista, fluorescente y, como indica el propio nombre de la canción, Loud. Era el GO:OD AM Tour y venía a presentar el álbum homónimo de 2015, que había sido un notable símbolo de maduración con respecto a su previa discografía, Watching Movies with the Sound Off (2013) y Mac Miller (2014). Fue principalmente por esto que se me hizo raro ver a tanto niño de moco colgante en su show. El viraje que poco a poco estaba tomando en dirección al jazz, y el distanciamiento consecuente del rap de decir muchas palabras sin respirar, contado en fiestas de cumpleaños sin padres a las que seguro que no iba desde hacía años, debería haberlo alejado de dicha audiencia. Tomé en serio a Mac Miller a partir de un sample elegante de In a Sentimental Mood que a mi casticista carácter no le resultó sacrílego. Eso sumado al gorrito de marinero chulo que llevaba en el vídeo de Diablo provocó que, sencillamente, no me esperara a mucho quinceañero ni puesto en Duke Ellington ni con estilo, aunque quizás los esté subestimando. La explicación a mi desconcierto la encontré pronto en el setlist: pesadamente dependiente de su catálogo antiguo, como que no se saltó ni un himno teenager de la América blanca media: Donald Trump, Knock Knock, Nikes on my Feet o Best Day Ever fueron de las más aplaudidas. Claro que no se entusiasmaron menos con el enésimo himno al viernes Weekend y otros buenos temas del GO:OD AM como 100 Grandkids o ROS que, "casualmente", eran los menos disonantes con su sonido postadolescente de siempre, permitiéndose prescindir de temas mucho más complejos y peligrosos como la bellísima Time Flies con Lil B o Two Matches con Ab-Soul. Y luego va y le da al play al Purple Rain de Prince con la excusa de marcarse un RIP porque le sale de los huevos. Raperos, quién los entienda.

Hubiera sido mucho más emocionante y enriquecedor verlo en directo con ésta nueva etapa que representa The Divine Feminine (2016), cuarto álbum de su carrera, lanzado hace un par de semanas. Habla del amor pero sin ponerle nombres de Ariana Grande, insiste Miller, más bien de una paranoia que le debió de contar alguien sobre que el universo es una energía femenina y la naturaleza una madre y abrazar a la chica después de follar es demostrar que te importa el medioambiente. Parece que esté siendo cínica con su espiritualidad feminista pero no; es mucho más trascendental que meramente refrescante encontrarse con un rapero (o a cualquier músico, ¡qué hostias! Ni que el rock fuese un gremio de corderitos) que pone a la mujer en el centro temático de su obra y la observe desde un punto de vista reverencial. Se podrá no estar de acuerdo con nada de lo que haga o diga Mac Miller, pero nadie negará que es lo más osado que ha nacido en Pittsburg desde a saber cuándo. No sólo es un blanco en la última cultura negra que su raza todavía no ha expoliado, que por mucho Macklemore y Riff Raff que haya, sigue siendo un atrevimiento tan de safari como un japonés cantando por fandangos; ahora además se quiere aliar con las chicas. Qué tío... Si sigue sacando colaboraciones con Kendrick Lamar (God is Fair, Sexy Nasty, imprescindible) y envejeciendo con tantísima dignidad, voy a empezar a hacerle más caso.



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