23/8/15

MUSIC: L'Orchestre Folklorique Tout Puissant Likembé Konono Nº1 de Mingiedi présente Congotronics


Congotronics (2005), de Konono No 1. Via Amoeba
¿Suena de algo Mingiedi Mawangu? A mí tampoco hasta dos días después de que muriera, el 15 del pasado abril. A la tierna edad de 85 años y por causas no especificadas, aunque lo más probable es que se debiera a una hartura avanzada de tanto vivir que venía persiguiéndole desde hacía una década. Se fue, suponemos que pacíficamente por primera vez en su vida a punto de expirar, en la misma Kinsasa, capital de la República Democrática del Congo, que lo vio crecer como hombre y como otras cosas por las que el mundo no debería olvidarlo jamás. No obstante, ciertos tics desdeñosos e implacables, agarrados como garrapatas a la humanidad des del descubrimiento del fuego, parecen pronosticar que Africa, agujero negro de la memoria histórica planetaria, se tragará su recuerdo sin posibilidad de clemencia.

Mawangu fue un camionero y fundador de Konono Nº1 (denominación que, por mímica, consiguió traducirle a un periodista británico como "adoptar posición de choque" en la lengua bantú lingala), una de las más célebres agrupaciones de música trance tradicional africana electrificada que haya existido, credencial que resuena un poco a ser el niño más bonito de la casa según tu madre; mejor no ponerlo en el currículum porque no impresiona a nadie. Es difícil seguirle el rastro más allá del haber nacido en Angola en 1933, cerca de la frontera con República Democrática del Congo, y como la suya propia, la reputación de su banda (de nombre completo Orchestre Folklorique Tout Puissant Likembé Konono Nº1) está rodeada de cierto misterio y volatilidad. Casi se aproxima más a la categoría de leyenda yorubá, de esas contadas por griots, que a la de objeto de estudio sociológico y artístico. Se le atribuye también la invención del primer likembé eléctrico casero, instrumento tradicional africano muy parecido a la mbira, extremadamente popular en las zonas de República Democrática del Congo y Zimbabwe que suena tal que así:


A oídos occidentales, el típico ruido divertido de música de negritos, vamos. Se le ocurrió construirlo con una motivación tan práctica y simple como que necesitaba que su música fuera escuchada por encima de la horrenda contaminación acústica que plaga Kinsasa, algo que, era evidente, jamás conseguiría por el canal acústico. Una historia muy poco prefabricada ni romantizable, una historia muy africana.

El resto de instrumentos y equipo de sonido que utiliza la agrupación congoleña es igual o más rudimentario que su técnica (se ponen superglue en las yemas de los dedos para fortalecerlas a la hora de tocar, y así sonar más enérgicos); consiste básicamente en chatarra unida con basura para dar lugar a instrumentos que producen una corriente de estímulos auditivos objetiva y contrastablemente única en su especie. 


Konono No 1, todavía con el único miembre de la formación original y fundador, el éste año fallecido Mingiedi Mawangu. Via Planet Rock
La carrera de Konono Nº1 se remonta a 1966. Originalmente, adoptaron la música ritual de la tribu Zombo, con presencia aún en la actualidad en territorios de Angola y República Democrática del Congo, hasta acabar por introducir el likembé como instrumento insignia de su distintivo sonido y divergir de la estricta tradición. Y es por ésto que, cuando a Mingiedi Mawangu la BBC le ofreció en 2006 el premio a artista revelación de esa música que los occidentales tan prepotentemente llamamos "world", gracias su obra más """mainstream""" (si es que se puede considerar como tal) Congotronics (2005), le entró un poco la risa. El estúpido hombre blanco olvida que, a pesar de que, hasta hace menos de diez años, el único testimonio físico del paso por la Tierra de Konono Nº1 se escondía en el interior de un recopilatorio de música de Kinsasa grabado por la emisora francesa France Culture de 1978, la trayectoria de éstos humildes artistas había sido larga, prolífica, constante y remarcablemente popular en el continente hasta el mismo día en que les otorgaron el galardón, y sobrevivió (únicamente en espíritu, no sus individualidades, puesto que todos los miembros originales excepto el líder estaban muertos para entonces) guerras civiles y dictaduras regidas por seres tan abominables pero con gran sentido de la moda como Mobutu Sese Seko.

Y de no haber sido por el flechazo de un músico belga llamado Vincent Kenis (quien acabaría produciendo gran parte de la serie Congotronics para Crammed Discs) y su visión de un puente cultural fortuito entre el punk distorsionado europeo y la versión africana del mismo que practicaba Konono Nº1, quizás la historia planetaria de Mawangu y los suyos hubiera terminado ahí. Me agradó descubrir también que una de las pocas canciones de la islandesa Björk que han conseguido fascinarme sin esfuerzo, el único flechazo químicamente puro que sentí hacía ella (llegué a pagar por adquirir el álbum que la contenía, Volta (2007), de hecho) contaba con la ahora inconfundible participación de Konono, Earth Intruders, pacto colaborativo que les condujo a tomar parte en una gira promocional el año de su lanzamiento. 

Su fama se mantuvo en modesto ascenso hasta la actualidad, y en febrero aterrizaron en Europa (por primera vez en cuatro años) para girar de nuevo, allá donde les quieran, alrededor del hemisferio norte.  Y aunque su principal y único integrante fundador vivo dejó de rodar en 2009, legó el trono, como todo rey magnánimo, a su hijo Augustin Makuntima Mawangu, quien pretende desarrollar el sonido de Konono Nº1 para conducirlo a su más esplendorosa etapa creativa. El pasado 18 de mayo, como muestra de ello, se lanzó el muy recomendable disco debut de sus compatriotas Mbongwana Star, una mezcla explosiva y totalmente inaudita (en los sentidos más fieles al significado enciclopédico de ambos términos, no en esos otros manidos e imprecisos de la crítica musical de siempre) de afrobeat, punk y dubstep, producida codo con codo junto a Konono:


Congotronics recuerda a algo que, indudablemente, convierte a Kraftwerk y otros mindundis que mezclan rock alternativo y electrónica y se creen súper locos en pasables conjuntos sin los que podríamos vivir tranquilamente. Los caucásicos enteradillos de turno se preguntan cómo habrá sido posible que un puñado de muertos de hambre en Kinsasa, por ahí debajo de nosotros, en esa vasta extensión de terreno en forma de señor con tupé, hayan oído hablar de su electrónica, su minimal, su punk y su Krautrock. La respuesta es fácil: nunca lo han hecho. En todo caso, los del plagio deben de haber sido ellos, simplemente por precedencia cronológica; echad cuentas. En sus propias palabras, Konono Nº1 hace la música que ya oían de sus abuelos, música tradicional que vive con independencia de las modas y tendencias, patologías exclusivas de las sociedades capitalistas. Que no les pregunten por Nicolas Jaar, por muy primos que parezcan, porque si no lo saben ni ellos, lo van a saber éstos pobres buenos hombres...

Parecía que Little Richard era un salvaje, que Jerry Lee Lewis era un salvaje, que los Stones, los Sex Pistols, Mötley Crüe, Red Hot Chili Peppers o Death Grips eran todos muy salvajes, pero eso era porque no sabíamos que éstos campeones de África central campaban por el planeta compartiendo oxígeno con el resto de lánguidos mortales. Su vigor es contagioso, liberador, y lo del trance no es ninguna broma ni se dice por decir, por bautizarlo de alguna manera. Congotronics influye ganas de bailar sin saber cómo, incomoda su austera complejidad, y lo mejor es que devuelve al principio de todas las cosas, al Big Bang del ser, un lugar en el que nadie recuerda haber estado, recreable sólo con las manos de aquellos nacidos en la cuna de la raza.


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