Mostrando entradas con la etiqueta Kendrick Lamar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kendrick Lamar. Mostrar todas las entradas

24/12/17

VLOGGING: TOP INTERNACIONAL del año para EL QUINTO BEATLE (w/ Mané López)



Es curioso que nuestra primera conexión NACIONAL (MANÉ HA VUELTO A CASA POR NAVIDAD) haya tenido lugar para hablar de la lista de los mejores discos INTERNACIONALES de El Quinto Beatle, pero oye, así es la vida, toda random, ella.

Mané López es experto nivel EXPERTO en casi la totalidad de los 50 discos que conforman la lista que nos encargamos de racionalizar aquí, no sin ciertas dificultades mayoritáriamente por mi parte. Yo parezco tonta al lado suyo, pero igual eso como reclamo también está guay, igual a la gente le da morbo ver mi dominio del panorama musical alternativo entrando en coma al lado del de Mané.

Felis navidat y a engordar que son dos días.

11/12/17

VLOGGING: REPASO SEMANAL: Johnny Hallyday, Melanie Martinez, Josh Homme... (w/ Mané López)



CON UN POCO DE RETRASO PORQUE #puente #spain, TODAVÍA NO TENEMOS EL BOTÓN PERO YA LO APRETAMOS QUE DA GUSTO, E INAUGURAMOS SECCIÓN ANÁLISIS FRIKI DE LA SEMANA, PROBLEMAS TÉCNICOS COMO SIEMPRE Y A TOPE DE POWER CON LA COPE.

Mané López estrena camisa vintage y melena aleonada, 100% producto danés, y por si eso no fuera suficiente, también traemos muertos, requetemuertos, violadoras, Puff Daddy sigue siendo rico, Garth Brooks sigue siendo rico e irrelevante, Kendrick Lamar quiere ser tan rico como Puff Daddy y Garth Brooks, YouTube no quiere que seamos ricos, el leñador ese que le gusta a Mané, Huncho Jack, Jack Huncho, velaske, nosotros somos guapos y algunas cosas más pero tampoco tantas.


19/11/17

VLOGGING: REPASO SEMANAL: Lil Peep, Björk, Eminem... (w/ Mané López)



HOY ES UN DÍA TRISTE E IMPORTANTE PARA EL PERIODISMO MUSICAL IBÉRICO: INAUGURAMOS SECCIÓN MUERTOS, pero con todo el respeto del mundo, que nos hace mucha risa el humor negro y el emo trap pero tampoco como para que nos detenga la policía virtual. 

Mané López sigue superándose episodio tras episodio, y yo procuro seguirle el ritmo como puedo. La camisa que lleva puesta en el vídeo de esta semana estará pronto en todos los escaparates de las grandes casas de moda internacionales. Ya nos ha contactado Vetements, por ejemplo, quienes están interesados en patrocinar su canal de YouTube. En serio, yo si fuera vosotros estaría súper intrigada, pero en fin, cada loco con su tema.

12/11/17

VLOGGING: REPASO SEMANAL: Morrissey, Liam Gallagher, Kanye West... (w/ Mané López)



ATENCIÓN, CLASE, QUE ESTAMOS DE PREINAUGURACIÓN: estrenamos piloto de secciones LIADA/GALLAGHERADA y NOTÍCIA RANDOM, todavía no tenemos cabecera ni pero QUIETOS PARAOS QUE ALLÁ VAMOS. Damos el pistoletazo de salida con Lindsay Lohan invocando a Kendrick Lamar, el padre de Hannah Montana haciendo paridas al estilo cowboy, Kanye resucitando y Drake buscando la piedra filosofal.

Ha sido una semana particularmente graciosa de revisar junto al guapo de Mané López, que hasta se ha puesto una camisilla para parecer más doctor honoris causa sexy de lo normal. Deberíais suscribiros a su canal de YouTube en la mayor brevedad posible porque mientras más suscriptores tenga, más "cosas" pasarán... Subscribe, like, retweet, comment, todo será bienvenido. ¡Nos vemos en siete días!


22/10/17

VLOGGING: ¿Y EL GRIME QUÉ? (w/ Mané López)




En algún lugar entre la risa y un Nostradamus melómano estamos Mané López y yo en la última entrega de su podcast, partiéndonos la caja e intentando hablar entremedio de negros, de grime, de cómo pronunciar correctamente "Bon IVER", del hambre sónica en África, de flamenquito, de matar a policías motorizados y de lo bellos que somos por dentro y por fuera.

Esta será la primera de una saga de entregas en las que, próximamente, hasta daremos la cara y un poco los hombros y el torso, y la verdad es que somos bastante agradables de ver a la par que carismáticos y sin antecedentes penales. No nos perdáis la pista, que vamos de aquí a Vodafone yu.

5/10/16

MUSIC: Mac Miller en DOCKS Hamburg + The Divine Feminine: his shit get old when he act so young

The Divine Feminine (2016) de Mac Miller. Fotografía del hermano de Mac Miller.

Si vas a ir a un concierto de Mac Miller y tienes más de 15 años, no vayas. Te sentirás muy vieja. Y eso no mola. "Molar" es para los fans de Mac Miller lo que el "dabuti" para nosotros: muy vintage, pega con el chándal de táctel. No te creas a los camareros en los bares que te piden el DNI antes de dejarte pagar por la cerveza, no importa con cuántos litros de Johnson's Baby te rocíes; la media de edad allí es pubertad y olerán que no hueles a nada, ni a hormona revoltosa ni a chuches. No te engañes, lo sabrán, dedícate en su lugar a escuchar viejos discos de Eminem y a envejecer con dignidad, ¿ok?

No se hubiera notado tanto que era la persona más adulta de toda la cola frente a la legendaria DOCKS de Hamburgo si me hubiera puesto al lado de algún adolescente excepcionalmente bajito y hubiese hecho ver que venía de acompañante porque la criatura no cumple los 16 hasta diciembre, qué mala suerte. Y encima ese día no había poco público; 12 de mayo en pleno Reeperbahn hamburgués, solazo y a principios de una tradición muy mona que tienen allí llamada Tanz in dem Mai ("baila en mayo") dedicada a celebrar que el tiempo es ligeramente menos deprimente y la primavera ha llegado dos meses más tarde que en el hemisferio de la gente vaga y feliz sur. En la vida hay que ser optimista o directamente suicidarse como pasa en Finlandia intentarlo.

Pues cuando entré parecía todo un instituto muy oscuro desde la primera fila. Sonaba Niggas in Paris y Touch the Sky, y para hacerse una idea de lo baby boom que eran estas gentes, Kanye West ya es un clásico de los 2000 en su cronología. Primero salió un rubito rapeando en alemán (valiente), 3Plusss, debe de ser un nombre súper ingenioso en retórica teutona. Me dicen que es bastante conocido en su tierra, y debería creeérmelo porque tiene hasta entrada en la Wikipedia, die freie Enzyklopädie (le deseo suerte).

20 minutos después de su set de 20 minutos y el puto sigue sin aparecer. En su lugar, DJ Clockwork, "su" DJ, una estrategia muy inteligente por parte de Mac Miller para asegurarse de que el listón esté bien bajo cuando él salte al escenario. El tipo se monta una parida muy grande a la que titula Beans, y lo respeto porque intuyo que es plenamente consciente de que sólo está allí para divertirse consigo mismo, "autodepreciación", que lo llaman. Aunque desde luego no era, ni de lejos, tan insoportable como para agredirle físicamente; un joven delincuentillo le arrojó un objeto no identificado en la cara y el artista se cabreó con todas las de la ley. Unos minutos dentro del set de Miller incluso él empezó a corear aquello de naaa-na, na-na-naaa-naaa, hey hey hey, good bye para que los guardas de seguridad se llevaran al cobarde agresor. Fue divertido deplorable.



Eran las 21:15 y el puto Mac Miller no sé lo que estaba haciendo pero trabajar, no. Sale por fin un rato después, dejando a la peña tiesa con un futurista, fluorescente y, como indica el propio nombre de la canción, Loud. Era el GO:OD AM Tour y venía a presentar el álbum homónimo de 2015, que había sido un notable símbolo de maduración con respecto a su previa discografía, Watching Movies with the Sound Off (2013) y Mac Miller (2014). Fue principalmente por esto que se me hizo raro ver a tanto niño de moco colgante en su show. El viraje que poco a poco estaba tomando en dirección al jazz, y el distanciamiento consecuente del rap de decir muchas palabras sin respirar, contado en fiestas de cumpleaños sin padres a las que seguro que no iba desde hacía años, debería haberlo alejado de dicha audiencia. Tomé en serio a Mac Miller a partir de un sample elegante de In a Sentimental Mood que a mi casticista carácter no le resultó sacrílego. Eso sumado al gorrito de marinero chulo que llevaba en el vídeo de Diablo provocó que, sencillamente, no me esperara a mucho quinceañero ni puesto en Duke Ellington ni con estilo, aunque quizás los esté subestimando. La explicación a mi desconcierto la encontré pronto en el setlist: pesadamente dependiente de su catálogo antiguo, como que no se saltó ni un himno teenager de la América blanca media: Donald Trump, Knock Knock, Nikes on my Feet o Best Day Ever fueron de las más aplaudidas. Claro que no se entusiasmaron menos con el enésimo himno al viernes Weekend y otros buenos temas del GO:OD AM como 100 Grandkids o ROS que, "casualmente", eran los menos disonantes con su sonido postadolescente de siempre, permitiéndose prescindir de temas mucho más complejos y peligrosos como la bellísima Time Flies con Lil B o Two Matches con Ab-Soul. Y luego va y le da al play al Purple Rain de Prince con la excusa de marcarse un RIP porque le sale de los huevos. Raperos, quién los entienda.

Hubiera sido mucho más emocionante y enriquecedor verlo en directo con ésta nueva etapa que representa The Divine Feminine (2016), cuarto álbum de su carrera, lanzado hace un par de semanas. Habla del amor pero sin ponerle nombres de Ariana Grande, insiste Miller, más bien de una paranoia que le debió de contar alguien sobre que el universo es una energía femenina y la naturaleza una madre y abrazar a la chica después de follar es demostrar que te importa el medioambiente. Parece que esté siendo cínica con su espiritualidad feminista pero no; es mucho más trascendental que meramente refrescante encontrarse con un rapero (o a cualquier músico, ¡qué hostias! Ni que el rock fuese un gremio de corderitos) que pone a la mujer en el centro temático de su obra y la observe desde un punto de vista reverencial. Se podrá no estar de acuerdo con nada de lo que haga o diga Mac Miller, pero nadie negará que es lo más osado que ha nacido en Pittsburg desde a saber cuándo. No sólo es un blanco en la última cultura negra que su raza todavía no ha expoliado, que por mucho Macklemore y Riff Raff que haya, sigue siendo un atrevimiento tan de safari como un japonés cantando por fandangos; ahora además se quiere aliar con las chicas. Qué tío... Si sigue sacando colaboraciones con Kendrick Lamar (God is Fair, Sexy Nasty, imprescindible) y envejeciendo con tantísima dignidad, voy a empezar a hacerle más caso.



Image and video hosting by TinyPic

29/8/15

MUSIC: Big K.R.I.T.'s Cadillac-lac-lac-lac-tica

Cadillactica (2014), de Big K.R.I.T. Artwork de Joe Perez & Geo. Via Big K.R.I.T


















El miércoles, 26 de agosto, fue el cumpleaños de Big K.R.I.T., artista anteriormente conocido como Kritikal, ahora alias Young Krizzle. Tras haber acabado con la de presentación de su último álbum (Pay Attention Tour) y para celebrarlo, anunció otra gira por todo Estados Unidos (titulada muy apropiadamente Kritically Acclaimed Tour), además de lanzar un tema nuevecito, 86, en honor a su coche favorito (el Chevrolet Monte Carlo de 1986) y de paso, por qué no, al año en que aterrizó, como un meteorito del crunk más extraterrestre, en éste planeta azul, procedente de otro remoto y misterioso llamado Cadillactica. La canción, me imagino yo, está dedicada a todos aquellos que se mueren por ver a K.R.I.T. despojado de su uniforme de chico del Sur y convertido en la enésima emulación de un Kanye, Drake o J. Cole, con el propósito de poder así hacerle un hueco en sus emisoras de radio predilectas; ¿no queréis escuchar a un negro campestre con gusto por los samples souleros rapear acerca de coches poco discretos, equipos de sonido aún menos discretos, racismo e hipocresía? Pues chupáos this motherfucker:



Big K.R.I.T. es un hombre famosamente definido por sus actos y cuyos actos lo definen muy bien. Ésta es su mayor virtud, una que, en opinión de muchos, escasea dramáticamente y no es alabada lo suficiente en la contemporaneidad del rap y, como consecuencia directa de ello, también su peor condena, la misma que le incita a creer con fe ciega, en la tradición de predecesores colosos del hip hop sureño como UGK o 8Ball & MJG, que el talento objetivamente medible es suficiente para alcanzar el éxito y elevarse entre el trap, el exceso de swag y las nalgas de Nicki Minaj. Pobre inocente.


El rapero y productor hecho a sí mismo a la fuerza (cuenta él que por no tener dinero para pagarse beats) viene de Atlanta, Georgia, pero es nacido en Meridian, Mississippi, tierra del padre del country, ni más ni menos, Jimmie Rodgers. No es precisamente una ciudad a la que García Lorca escribiera poemas ni un destino vacacional barajable, y es ahí justamente donde nace la imperiosa y constante necesidad en K.R.I.T. de demostrar su valía, entre el complejo procedente de sus mediocres orígenes y la rabia por el desdén o la aprensión que éstos suscitan en los extraños, "yuppies de la costa oeste", los llamaría Yelawolf. Siempre ha adjudicado su todavía no sucedido despegue comercial, incluso a pesar de haber dado el salto al mainstream en 2011 con una de las portadas de novatos del año más sonadas de la revista XXL (compartió papel cuché con Kendrick Lamar, Mac Miller y Lil B, entre otros) a la flagrante omisión del cinturón bíblico como antorcha guía de la vanguardia musical. Todo lo que sea arte (no bajos reverberantes ni estribillos pegadizos ni acentos incomprensibles ni bajezas espirituales de ese tipo) se encuentra saltando entre California y Nueva York, considerando alguna parada puntual en Chicago. Desesperaba en una entrevista K.R.I.T. asegurando que a mucha gente le espanta la simple idea de visitar el lugar de donde procede, que piensan que aún se compra en los mismos supermercados que miembros del Ku Klux Klan. Con semejantes prejuicios instalados en la azotea colectiva del norte, ¿cómo no van a ignorarlo? 

Paralelamente, no deja de resultar curioso que el mismo sur que es reiteradamente desestimado por arcaico, falto de creatividad y emblema de los restos de una América repulsiva cuya existencia se quiere olvidar, se constituya desde tiempos de Louis Armstrong como el mayor catalizador de tendencia musical de la nación, y por ende, de la Tierra. La trampa reside en que ésta mayoría de raperos del sur en las listas de éxitos carece de la complejidad emocional de los predecesores a los que Krizzle invoca. K.R.I.T. rapea inspirándose en Martin Luther King y Malcolm X, discute temas que el resto rehuye, y es por ello que se ha ganado un puesto importante en el corazón de una fanbase muy sólida, pero no en los rankings radiofónicos (precisamente, él goza del cariño de esas tribus de admiradores que son todavía endebles para artistas/producto-del-hype-mediático como Action Bronson o Chance the Rapper). Hablemos ahora de cómo el gran público pidehip hop comprometidoEstados Unidos de América, líderes globales en contradicción

Entonces es cuando el hambre del Southern hip hop se junta con las ganas de comer del demasiado ingenioso, demasiado consciente y demasiado hábil Big K.R.I.T., y la combinación no podía ser más desafortunada. Cadillactica (2014), el último trabajo discográfico de su carrera, que desde 2005 arrastra once mixtapes, dos EPs y dos álbumes, es una obra conceptual que cuenta la historia del origen del Cadillac, emblema de orgullo y hombría en el Deep South, y del ciclo vital de su planeta de procedencia/subconsciente de K.R.I.T., apodado Cadillactica. Se pronuncia "Cadillac con un ticá", tal y como les indica a muchos torpes entrevistadores que, al parecer, no quieren ni saber leer en inglés del sur. Cadillactica encarnará, como su propio autor predijo, la carta de presentación para una mayoría de fans pertenecientes al público casual, el primer contacto consciente y a propósito entre éstos y K.R.I.T., dato que le insufla una cualidad de trascendencia extra, independiente de su valor artístico intrínseco. Es posible que sea el trabajo más completo y ambicioso suyo hasta la fecha (no definitivo ni definitorio; hay quien piensa que, en términos de belleza, aún no alcanza a superar el Return of 4Eva (2011) que lo catapultó a la realeza de las promesas), aunque en un sentido absolutamente impopular para la década que corre, y que pone de manifiesto como nunca antes las fortalezas y debilidades del misisipiano.

Para empezar, no se cansa de repetir (no es seguro si por resignación disfrazada de dignidad o por sincera autenticidad) que le gustaría ser un artista recordado por aportar obras completas, no singles pelotazo à la sus paisanos Rae Sremmurd (arquetipos en la acepción más despectiva del "artista sureño de éxito"; estribillos facilones y abuso de las bajas frecuencias para que den ganas de mover el culo) durante la etapa histórica en la que el álbum es menos importante que nunca (con el renacimiento del vinilo se atisba un resurgir, aunque, por ahora, no representa más que un movimiento marginal). Después, tampoco, aunque muy noble y de agradecido con su oriundez, es de ganadores jugar la carta del reivindicador de lo local mientras A$AP Rocky, discutiblemente una de las figuras más influyentes del hip hop actual, va por ahí dando conferencias en Londres y Oxford sobre la irrelevancia de la regionalidad en el arte presente (no es seguro si por remordimientos de conciencia derivados de la cantidad de caracteres sureños que ha tomado y asimilado a su neoyorquina persona o porque posee la clarividencia para darse cuenta de que, de hecho, está en lo cierto). Cadillactica, pues, por un instante se asemeja a un esfuerzo demasiado evidente por gustar, que aprovecha recovecos de conexiones sentimentales con el pasado para apelar a la masa, como admite mediante la voz de Don Draper (protagonista de Mad Men) al final de Sookie Now (es un truco al que Kanye West, sin ir más lejos, confiesa haber recurrido). Pero no, no hay que confundirse; se trata de K.R.I.T. aproximándose más que en cualquier intento previo a su sonido insignia, que es conservador, si se toma como referencia la dirección por la que avanza la corriente principal del rap, y original simultáneamente y comparándolo con lo mismo (es decir, el estilo de sus coetáneos más comerciales).

Conocí a K.R.I.T. por su verso en la apoteósica 1 Train de A$AP Rocky, para mí (y también para el líder de la A$AP Mob), el mejor de los seis a los que ayudó a dar visibiliad (y, joder, la competencia imponía: Kendrick Lamar, Joey Bada$$, Yelawolf, Danny Brown y Action Bronson). Su convicción, su rabia puntiaguda contrastada con las ondulaciones batipelágicas del entrañable southern drawl que caracteriza a los suyos, y cuya musicalidad cala hasta lo más profundo del espíritu y hace feliz por el simple hecho de ser, convierten su lengua en una particular pasión turca a orillas del Mississippi. No es de extrañar que, pese a su reservado perfil mediático, Kendrick Lamar lo haya de querer matar; como mínimo desde un criterio estrictamente técnico, Big K.R.I.T. es el recitador mejor dotado de su generación. Entonces descubrí Mt. Olympus, pseudorrespuesta al llamamiento a las armas del archiconocido "verso de Control" de Lamar. Vi en ella el funeral de Kendrick y de todos los negros de América que intentaran hacer algo después:


La letra de arriba a abajo merecería que algún académico escribiera tratados al respecto, y es sin dar lugar a la más nimia vacilación la mejor contestación al jugoso delirio testosterónico de King Kendrick. La  compuso casi mientras digería la apelación, y me parece un insulto a la inteligencia del estudioso del rap tener que evidenciar que, como nada antes ni como nunca otra vez, enmarca la frustración de un poeta sistemáticamente ninguneado por su abrumador lirismo, su profundidad temática y unos orígenes que, fatídicamente, abanderan todo lo opuesto. Lo llevaría incluso más lejos y afirmaría que es el himno a todo artista y artesano que antepone la fe en el talento propio, la calidad y el entendimiento personal de la ética artística a falacias y espejismos sin sustancia como son la relevancia popular o la aprobación hueca de las mayorías. Guardo a Big K.R.I.T. muy cerca de mi corazón gracias a Mt. Olympus, y empatizo con todos los que también lo hacen y lo han hecho con anterioridad a mí (desafío a cualquiera a que enlace a una sección de comentarios donde se dedique una sola palabra despectiva hacia Young Krizzle; la terapia y la honestidad en una canción sólo pueden ser devueltas por aquellos que se redimen a través de ella en forma de gratitud).

Por conflictos de sampling, la versión original de Mt. Olympus nunca apareció en Cadillactica; en su lugar se halla como bonus track una casi igual pero con distinta base y nombre, Mt. Olympus (Reprise)junto a otra deliciosa colaboración con un A$AP Ferg que se sale titulada Lac Lac (Lac es otra abreviatura sureña de Cadil-lac), más una tercera si compraste la edición deluxe en Best Buy, Let It Show.

El resto del disco se desarrolla como promete la portada (diseñada por el director creativo del estudio de Kanye West, DONDA), el nacimiento, vida y madurez del planeta en todo su esplendor que encarna K.R.I.T. Cadillactica es un trabajo para ir en coche de Atlanta a Meridian pasándosete las cuatro horas de viaje volando, inmerso en las hazañas espaciales del astro protagonista. Es el primero en la carrera del rapero no íntegramente producido por él; se nota que delegó en Raphael Saadiq, Jim Jonsin o DJ Dahi para poder concentrarse en la faceta narrativa del álbum y crear un universo detallista y emotivo. En ésta entrevista con DJ Smallz Eyes, el afectado lo explica mucho mejor (y en un tono más sureñamente irresistible) que yo, pero podría resumirse de la siguiente manera; Kreation y Life son concepción y celebración, respectivamente, del nacimiento del planeta/criatura/álbum perfecto, adjetivo entendido aquí como grado superior de honradez y elaboración. Seguidamente viene la tercera parte de su serie My Sub, Big Bang, que es como admitir abiertamente que Cadillactica no puede estar más inspirado en Southernplayalisticadillacmuzik (1994) en particular y en la discografía completa de OutKast en general porque no se entrena (¿Dices que puedo ser Rey del Hip Hop/ Si no se lo reconocieron a André 3000?). El dúo de Atlanta, Georgia fue el primero en materializar un deseo inconfesable del rap sureño por llegar al espacio, y qué menos que rendirles un pequeño homenaje con ésta pieza casi cruda de 808, hi-hat y bajos destripados hasta rozar lo minimal.



Cadillactica (y su literal y metafóricamente brillante vídeo) es la lozanía adolescente que desemboca en unos años de conflictividad interna, durante los cuales la incipiente madurez comienza a plantear nostalgias acerca de la misma infancia que tanto quisimos superar. Representados por Soul Food (con Saadiq) y Pay Attention (con Rico Love), claramente dos intentos de hitazo fallidos que, si se hubieran quitado de encima la presión social y respaldados por mejores clips, hubiesen aparecido como más sentidos y entrañables de lo que ya son.

Con King of the South alcanza el principio de la hombría, y ya se siente seguro para proclamarse monarca de los mares del sur, no de una forma denigrante con respecto a los demás, sino adorativa de sí mismo. "Todo el mundo debería sentirse el rey de lo que le apasiona", responde cada vez que le preguntan por el socarrón título. El hombrecito quiere salir a cazar, y con ésta ilíada intergaláctica de sus conquistas, en la tradición del Space Age Pimpin', Mind Control parece que lo tiene todo para triunfar y pincha por culpa de unos versos invitados flácidos en el mejor de los casos (E-40 y Wiz Khalifa, que tenía que hablar de su puto perro, como siempre, a pesar de no venir a cuento). Saturado de tanto éxito y mujeres, el hombre, cada vez menos joven, se detiene para preguntarse qué es lo que realmente necesita en la vida. Como su nombre ya vaticina, Standby permite un momento de introspección estimulado por el saxo tenor del joven y seriamente prometedor Kenneth Whalum, y gracias a él lo descubre: todo lo que necesita es, por supuesto, amor. En Do You Love Me y de la mano de su adorable novia, cantante de jazz e icono de estilo Mara Hruby (cuyo estancamiento en el underground a éstas alturas no comprendo) se enzarza en una dulcísima despedida de todas las chicas que le quisieron por interés y en una declaración de intenciones a la única que no: su coche (¿se puede ser más sureño?), y Third Eye es la carta de amor más bella y rara jamás rapeada porque no dice ni una sola palabrota y es incluso incómodamente respetuosa con las mujeres. Algún día, por muy ridículo que parezca, los libros de historia hablaran sobre ello.

Mo Better Cool (con buenas intervenciones del mítico Bun B y Big Sant) y Angels son dos momentos de Southern funk en esencia pura, interesantes pero rebajados en intensidad respecto a lo que les precedía, aunque pronto se vuelve a acelerar con la enorme Saturdays = Celebration, que, no se dejen engañar por el título, es solemnidad en la línea de O' Death de Ralph Stanley, por ejemplo. Para los rezagados como una servidora, la voz resucita-muertos de Jamie N Commons puede ser todo un descubrimiento, continuando así con la tremenda calidad de los cameos de todo el Cadillactica. Y el final no es demasiado optimista: Lost Generation es a la vez llamada de atención a su adormecida y hedonista generación y también pataleta de Lupe Fiasco y Krizzle por lo listos que son ambos y el poco caso que les hacen. Un poco masturbación en pareja, sí, pero algo de razón tienen, las criaturas. Concedámosles al menos el derecho a indignarse en la soledad de un planeta lejano conocido como Cadillactica.

Portada para el single Cadillactica. Via Big K.R.I.T
Big K.R.I.T. nunca va a estar profundamente de moda, para el deleite de gente esnob y oscurantista como yo. En lo que hoy llega tarde y se siente rezagado, encantadoramente rancio pero, en última instancia, no identificable con la escena predominante de su tiempo, un día, cuando nos cansemos del sonido asentimental, del maquinismo más puro, monumental y de hormigón inspirado en Le Corbusier y puesto en el mapa por Kanye West, ese día, K.R.I.T. será el pionero incomprendido de un convencionalismo cálido, analógico y con mucha alma. Se mire por donde se mire, un marginado de la gloria por culpa de su integridad y un casposo aferrarse a principios que, pendularmente, fortalecen su personalidad y hacen que se pueda decir de su trabajo algo que muchos desean e ínfimos logran: no parecerse a nadie y sonar a nada más que a sí mismo. A reminiscencia de otro tiempo para el presente, a sofisticación de lo actual para el pasado y, con total probabilidad, a rescate y restauración de algo añorado para el futuro, Cadillactica puede enorgullecerse, sin duda, de estar en un resquicio espaciotemporal muy único y especial. Lo de K.R.I.T. (siglas de King.Remembered.In.Time) era una premonición. B.B. King lo vio en él y por eso grabaron una canción juntos; el tiempo pondrá a éste rey en el trono que está llamado a ocupar.

Lo que es bueno para el hip hop puede no ser bueno para el alma. Fotografía original de Emanuel Wallace. Via Emanuel Wallace

Image and video hosting by TinyPic