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23/11/17

The pervert's guide to ideology Partie Six/Ode to Joy











"What does this famous Ode to Joy stand for? It's usually perceived as a kind of ode to humanity as such, to the brotherhood and freedom of all people, and what strikes the eye here is the universal adaptability of this well-known melody. It can be used by political movements which are totally opposed to each other. In Nazi Germany, it was widely used to celebrate great public events. In Soviet Union, Beethoven was lionised and Ode to Joy was performed almost as a kind of communist song. In China, during the time of the Great Cultural Revolution, when almost all Western music was prohibited, the ninth symphony was accepted, it was allowed to be played as a piece of progressive bourgeoise music. 

At the extreme right, Southern Rhodesia, before it became Zimbabwe, it proclaimed independence to be able to postpone the abolishment of Apartheid. There, for those couple of years of independence, in Southern Rhodesia, again, the melody of the Ode to Joy, with changed lyrics, of course, was the anthem of the country.

At the opposite end, when Abimael Guzmán, Presidente Gonzalo, the leader of Sendero Luminoso (the Shinning Path), the extreme leftist guerrilla in Peru, when he was asked by a journalist which piece of music is his favourite, he claimed, again, Beethoven's ninth symphony, Ode to Joy.

When Germans were still divided, their teams were appearing together at the Olympics. When one of the Germans won the golden medal, again, Ode to Joy was played instead of East or either West Germany's national anthem. And even now, today, Ode to Joy is the unofficial anthem of the European Union." 



"¿Qué significa este Himno a la alegría? Usualmente es percibido como una suerte de oda a la humanidad como tal, a la hermandad y a la libertad de la gente, y lo que llama la atención aquí es la adaptabilidad universal de esta conocida melodía. Puede ser utilizada por movimientos políticos totalmente opuestos el uno al otro. En la Alemania Nazi, era ampliamente usado para celebrar grandes eventos públicos. En la Unión Soviética, se idolatraba a Beethoven y el Himno a la alegría se tocaba casi como una especie de canción comunista. En China, durante la Gran Revolución Cultural, cuando casi todo la música occidental estaba prohibida, la novena sinfonía estaba aceptada, se permitía tocarla como pieza de música burguesa y progresista. 

En la extrema derecha, Rodesia del Sur, antes de que se convirtiera en Zimbabwe, proclamó su independencia para poder posponer la abolición del Apartheid. Allí, durante ese par de años de independencia, en Rodesia del Sur, de nuevo, la melodía del Himno a la alegría, con una letra diferente, por supuesto, era el himno del país.

En el extremo opuesto, cuando Abimael Guzmán, Presidente Gonzalo, el líder de Sendero Luminoso, la guerrilla de extrema izquierda en Perú, cuando le preguntaron cuál era su pieza de música favorita, contestó que era, otra vez, la novena sinfonía, el Himno a la alegría

Cuando los alemanes aún estaban divididos, sus equipos aparecían juntos en las Olimpiadas. Cuando uno de los alemanes ganó la medalla de oro, nuevamente, el Himno a la alegría se puso en lugar del himno nacional oficial de Alemania del Este o del Oeste. E incluso, ahora, hoy, el Himno a la alegría es el himno no oficial de la Unión Europea."




All pictures taken on 9th June 2016 in some places around Berlin ZOB and Columbiadamm Friedhof, Berlin, Germany.

16/11/17

The pervert's guide to ideology Partie Cinq/The Rolling Stones Dartford Tour of Becky

























"It was already Marx who, long ago, emphasised that a commodity is never just a simple object that we buy and consume. A commodity is an object full of theological, even metaphysical niceties. Its presence always reflects an invisible transcendence, and the classical publicity for Coke quite openly refers to this absent, invisible quality: "Coke is the real thing" or "Coke, that's it". What is that "it", "the real thing"? It's not just another positive property of Coke, something that can be described or pinpointed through chemical analysis; it's that mysterious "something more", the indescribable excess which is the object cause of my desire.

In our postmodern, whatever we call them, societies we are obliged to enjoy. Enjoyment becomes a kind of weird perverted duty. 

The paradox of Coke is that you are thirsty, you drink it but, as everyone knows, the more you drink it, the more thirsty you get.

A desire is never simply the desire for a certain thing. It's always also a desire for desire itself. A desire to continue to desire. Perhaps the ultimate horror of a desire is to be fully filled in, met, so that I desire no longer. The ultimate melancholic experience is the experience of a loss of desire itself. 

It's not that in some return to a previous era of natural consumation, where we got rid off this excess and we're only consuming for actual needs, like you were thirsty, you drank water and so on... We cannot return to that: the excess is with us forever. So let's have a drink of Coke. It's getting warm, it's no longer the real Coke, and that's the problem: this passage from sublime to excremental dimension. When it's cold, properly served, it gets a certain attraction. All of a sudden, this can change into shit. It's the elementary dialectics of commodities.

We are not talking about objective, factual properties of a commodity, we are talking only here about that elusive surplus.

Kinder Surprise egg. A quite astonishing commodity. The surprise of the Kinder Surprise Egg is that this excessive object, the cause of your desire, is here materialized in the guise of an object, a plastic toy which fills in the inner void of the chocolate egg. The whole delicate balance is between these two dimensions: what you bought (the chocolate egg) and the surplus, probably made is some Chinese gulag or whatever, the surplus that you get for free. 

I don't think that the chocolate frame is here just to send you on a deeper void towards the inner treasure, what Plato calls the "agalma", which makes you a worthy person, which makes a commodity a desirable commodity, I think it's the other way around; we should aim at the higher goal, the goal in the middle of the object precisely in order to be able to enjoy the surface. This is what it is the antimetaphysical lesson which is difficult to accept.



"Ya fue Marx quien, hace mucho, enfatizó acerca de que una mercancía no es nunca simplemente un objecto que compramos y consumimos. Una mercancía es un objeto lleno de sutilezas teológicas, incluso metafísicas. Su presencia siempre refleja una trascendencia invisible, y la publicidad clásica de Coca Cola hace referencia abierta a esta cualidad ausente e invisible: "Coca Cola es lo auténtico", "Coca Cola, nada más". ¿Qué es "nada más", "lo auténtico"? No es solo otra propiedad positiva de la Coca Cola, algo que puede ser descrito o señalado por análisis químico; es ese misterioso "algo más", el indescriptible exceso que es el Objeto a, el objeto causa de mi deseo. 

En nuestras sociedades postmodernas, o como sea que las llamemos, estamos obligados a disfrutar. El disfrute se convierte en una suerte de deber raro y pervertido.

La paradoja de la Coca Cola es que estás sediento y te la bebes, pero como todo el mundo sabe, cuanto más bebes, más sed tienes.

Un deseo no es nunca el deseo por una cosa. Es siempre también un deseo por el deseo en sí mismo. Un deseo por continuar deseando. Quizás el horror último del deseo es ser completamente satisfecho, alcanzado, de forma que ya no se desee más. La experiencia melancólica última es la experiencia de la pérdida del deseo en sí mismo.

No es como si en una vuelta a una era previa de consumo natural en la que nos deshicieramos de estos excesos y consumiéramos solo para saciar necesidades reales, como beber agua cuando se tiene sed y todo eso... No podemos volver a eso: el exceso ya está con nosotros para siempre. Así que bebamos Coca Cola. Se está calentando, ya no es la Coca Cola auténtica, y ese es el problema: ese pasaje entre la dimensión sublime y la excremental. Cuando está fría, apropiadamente servida, consigue una cierta atracción. De pronto, se convierte en mierda. Es la dialéctica elemental de las mercancías.

No hablamos de propiedades objetivas, concretas de una mercancía, hablamos aquí del excedente elusivo.

Un huevo Kinder Sorpresa. Una mercancía bastante fascinante. El excedente del Kinder Sorpresa es que este objeto excesivo, la causa de tu deseo, se materializa aquí disfrazado de objeto, un juguete de plástico que llena el vacío interno del huevo de chocolate. Todo el delicado equilibrio se produce entre dos dimensiones: lo que compraste (el huevo de chocolate) y el excedente, fabricado probablemente en alguna gulag china o lo que sea, el excedente que obtienes gratuitamente. 

No creo que el marco de chocolate esté ahí sencillamente para lanzarte a un vacío más profundo hacia el tesoro interior, lo que Platón llamó el "agalma", y que te convierte en una persona digna, que convierte una mercancía en una mercancía deseable, creo que es al revés; deberíamos aspirar a la meta más elevada, la meta en medio del objeto precisamente para ser capaces de disfrutar de la superficie. Esta es la lección metafísica que resulta difícil de aceptar."


Text by Slavoj Žižek from The Pervert's Guide to Ideology (2012).



All pictures taken on 14th January 2017 in Dartford, Kent, England, United Kingdom. Special thanks to Finn and extra special thanks to Becky for making my childhood and teenage dream come true because Dartford is the future capital of the world and I'll fight anybody who tries to convince me otherwise and there's the sun, there's the moon, there's the air to breath and there's the Rolling Stones.

17/5/16

Historia de un amor










Si pudiera ser algo que yo escogiera con libertad, me dedicaría a saberlo todo de las personas. No de todas, claramente, ¡pero de algunas...! De algunas quisiera saber hasta la distancia entre barbilla y pecho, quisiera saber la marca de canela que compran, quisiera estirarlos de brazos y piernas, clavarles alfileres de colores y abrirlos en canal como a una sardina de laboratorio en secundaria, deconstruirlos y volverlos a montar fuera de ellos mismos. Quisiera que la consciencia de mí se comprimiera hasta lo imprescindible para mantenerme respirando, y así dejar más sitio para seguir almacenándolos. Han existido y existen tantos seres humanos formidables, y yo sólo quisiera conocerlos hasta la última mota de caspa. No se tiene certeza de que nada más allá de los hombres exista; todas las cosas son producto de nosotros, todas proceden de algún ser. El arte, el amor, Dios o su substituto, la ciencia... Sólo son maneras de liberar a la persona de la carga que es su propia omnipresencia, un acto humilde de delegación imaginaria de poder. La objetividad es, por tanto, dobledimensionalmente falsa en calidad de concepto que no existe y como falso concepto inexistente. Todo aquello que no es humano es un tentáculo de la humanidad que se hunde muy adentro bajo tierra y halla una salida lo suficientemente lejana, que confunde y simula una procedencia con raíces propias. Como las sombras de las ideas en la cueva, que no eran la auténtica verdad sino un facsímil, la objetividad, y por ende todas las construcciones humanas que comprenden la vida entera a su alrededor, es únicamente reflejo de su causa, el intento del hombre de desprender partes de sí mismo y rellenar el vacío terrenal que le provoca saberse fin y principio de todo, un acto mezcla de modestia, miedo y evasión de responsabilidades. Por eso sólo me interesa saberlo todo de alguien, no necesito cuerpo ni voz, nada más que vidas que morir y volver a nacer para dedicarlas a saberlo todo de alguna persona, que es lo mismo que saberlo todo.



Todas las fotografías tomadas el 23 de abril de 2016 en las proximidades de las estación de U-Bahn Uhlandstraße, Hamburgo, Alemania.

25/3/14

MUSIC: Who run Barcelona? Beyoncé!

Beyoncé ayer en el Palau Sant Jordi, Barcelona, interpretando uno de los primeros temas de la noche. Fotografía de 
Robin Harper. Via: beyonce.com

"¿Por qué cantará Beyoncé que el mundo es de las chicas cuando lo que en realidad quiere decir es que el mundo es suyo?" Esto es lo que me preguntaba yo ayer a eso de las 21:20h mientras The Mrs. Carter Show World Tour aterrizaba en el Palau Sant Jordi de Barcelona al son de Run the World (Girls). La cosa no podía empezar mejor ni de forma más previsible; la reina Bey surge de debajo del escenario como una Virgen Iluminada vestida de Tom Ford, y empieza a sacudir esas caderas que su Dios le ha dado como si quisiera destruir el pabellón a base de ondas expansivas. "Bien, me espera una convencional noche de danza frenética y grandes éxitos hasta que la rubia de muslos poderosos y 3.1 octavas diga basta", pensé muy satisfecha para mis adentros. Tardaría pocos minutos en darme cuenta de lo equivocada que estaba.

Cuando mi asiento y yo nos vimos las caras por primera vez, lo miré con una sonrisa condescendiente como diciendo "Creo que hoy no voy a necesitarte, amigo". Pero entonces, antes siquiera de que me diera tiempo a alzar mi puño de partisana del girl power y gritar "We run the woooooorld!", la imaginería beyonceniana ya se había apoderado de mí. Cómo agradecía ahora que mi amigo el asiento estuviera allí para recoger mi fatigado trasero mientras me concentraba en admirar aquel despliegue de estímulos audiovisuales orquestados por la señora Carter. Eché un vistazo a mi alrededor y me di cuenta de que los 18.000 espectadores del Palau Sant Jordi habían sucumbido también al mismo trance. Inmóviles como estatuas y smartphones en mano, casi ni pestañeaban para adorar con la mirada a la que ya era más que una estrella del pop o una diva; era una divinidad  a través de sus ojos.

A pesar de mi pronta reconciliación con el sillín, seguí meneando el esqueleto a la mínima oportunidad, pero procurando que no se me escapara ni una imagen, ni una sola palabra del discurso profeminista de Chimamanda Ngozi Adichie ni de la clase magistral de seducción de la mismísima Beyoncé (Seduction is much more than beauty; it is generous, it is intelligence, it is mysterious, it is exclusive). Si parpadeabas, te lo perdías.

Y por si no fuera suficiente, la de Houston nos mantuvo en tensión a lo largo de la casi hora y cuarenta minutos de concierto; justo en el momento en que pensaba que me iba a dejar tararear una canción, Beyoncé la cogía y hacía lo que le daba la gana con ella, y justo cuando mis pasos de baile se habían acomodado al patrón rítmico de un tema, éste metamorfoseaba y se transformaba en el siguiente con total naturalidad. 

Quizás el único factor auténticamente predecible de este show barcelonés (y debo suponer que el de cualquier ciudad en el itinerario del Mrs. Carter Show World Tour) fuera que los instantes míticos sucederían con una canción marchosa de fondo. Mi Beyoncé se crece ante la dificultad, y eso de bailar y cantar al mismo tiempo le pone a mil (y se nota); ***Flawless, Blow (el momento de comunión visual y sonora más perfecto de todo el show),  Partition, Drunk in Love (aunque se echó de menos al maridísimo Jay-Z), Why Don't You Love Me? (con una interpretación más tradicional, se hubiera llevado el podium de mi corazón...), Crazy in Love, Single Ladies (Put a Ring on It) (hitos indiscutibles de la noche) y Love On Top (soberbia ejecución vocal de la tejana) insuflaron energía eléctrica en los cuerpos de todos y cada uno de los presentes. Con los baladones, por otra parte, se veía venir que ocurriría justo lo contrario; me pasé el día entero rezando para que no nos tocara un I Will Always Love You, pero no hubo suerte... Si no hay nada mejor, dadme ñoñerías azucaradas y canciones lentas como esa, podré soportarlo. Pero ponerlas donde se podría haber marcado un Grown Woman o un End of Time (¡nuestra canción, Valeria!) me parece sencillamente inexcusable. Donde esté la Beyoncé bailonga y guerrillera que se quiten el resto.

¿Algún reproche serio que hacerle a Yoncé por su actuación de anoche? Sí, que es impecable, aunque no estoy segura de que eso se pueda considerar algo reprochable. La precisión de reloj suizo con la que controla cada tiempo, cada paso de baile, cada posturita, cada mueca y cada grito, quejido o gruñido hacen que me pregunte dónde queda el sentido y la razón de ser originales de ver a un artista en directo. Una acudió al concierto deseando ver las entrañas de Beyoncé Knowles, con ganas de sangre y vísceras, de observar cómo las lágrimas y el sudor se mezclan en sus mejillas y de oír cómo se le rompe la voz, pero a cambio sólo obtuve perfección. ¿Qué diferencia hay, pues, entre verla en vivo o en uno de esos portentosos videoclips que acompañan a su último trabajo discográfico BEYONCÉ (2013)? Bueno, que en el segundo caso puedes llevártela en el móvil y verla cuando quieras y en el primero, no.

Lo que está claro es que Barcelona fue suya por unas horas, como lo fueron antes muchas otras ciudades y como lo es el mundo en general. Así que no queda otra; como dice mi Beyoncé, bow down, bitches.

Ayer: Beyoncé y Barcelona juntas por fin. Via: beyonce.com


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