Un día me iba a empezar
a enamorar de Anna, el día en la Barceloneta que me contó que le gustaban los
Gipsy Kings y Camarón, pero al rato lo pensé mejor y lo dejé estar.
"Nunca ames a
nadie que te trate como si no fueras especial", y es difícil ser especial
para Anna. No porque ella no te haga sentir como tal, sino porque mientras a ti
no te queda más que concentrar todas tus fuerzas en hacérselo sentir de
retorno, Anna tiene a otros 30 levitando a tres metros del suelo, atados con un
cabo y prendidos de su mano, habiendo invertido la misma cantidad de energía
con la que tú y yo amarramos un manojo de globos de helio a la
troposfera. Es casi imposible que no haya alguien en su lista de contactos
más alto que tú, más listo que tú, más catalán o más cercano a las altas
esferas del gobierno español. El mundo está lleno de gente, y todos quieran
tapar a Anna con una manta cuando tiene frío, que es prácticamente todo el
tiempo.
He visto a muchos
sufrir por Anna, esa manera de mirar que dice que la hubieran llevado de Bilbao
a Zaragoza en coche por un beso suyo en la frente. Oí historias de aortas que
se secaban, corazones que se paraban, en todos los idiomas, cuando Anna les
sonreía para luego irse sola a dar la vuelta a Italia. He visto caras en aeropuertos,
he visto manos entrelazadas con las suyas que, ai meu Deus! Suerte que
no eran mías. He visto a Anna dormir once horas seguidas, comer pan con queso,
cantar como Amy... Aun así creo que hice bien, no me arrepiento de no haberme
enamorado de ella.
Anna, como una
aparición, llegó, me convirtió y se fue, en teoría para no volver, como las
mejores cosas. De ella aprendí lo más fundamental, lo que ya debería de
haber sabido; que el amor, como los soles, brilla para todos, y eso no lo hace
menos grande, menos ardiente ni menos astro. Y el sol, como Anna, estará
contigo por la mañana y se irá con otros por la noche, pero no pasa nada, todo
está bien, ya volverá al día siguiente. Y si no vuelve no hay que preocuparse,
vendrá otro, y no será como Anna, seguro, pero si estás vivo tienes que seguir
viviendo, todo estará bien. En el mundo sólo hay un sol, y todos quieren que
les tape con una manta cuando tienen frío, que es prácticamente siempre.
Un
día iba a empezar a llorar por Anna, el día en su habitación en el carrer de
Sicília que me leyó lo que había escrito de mí en su diario, pero al rato lo
pensé mejor y no lo hice.
Todas las fotografías tomadas el 25 de julio de 2016 en la terminal 1 del aeropuerto El Prat de Barcelona, España. Gracias a Fran, a Allan Kardec y especialmente a Anna Letícia.






