23/1/17

The beauty and the dirt

Queremos poder creernos las palabras de la gente con despreocupación. Si nos lo dicen, ¿por qué hemos de molestarnos en cuestionarlo? ¿POR QUÉ EL PUTO PROBLEMA SIEMPRE ES NUESTRO? Las zanahorias son de color naranja, ¿no? Nosotros las miramos, sin ni tocarlas, y ahí están, son naranjas. Nosotros no las hemos obligado a ser naranjas, nunca les sugerimos que fueran naranjas, jamás las concebimos de ningún tono en concreto, ¡no les estábamos haciendo caso, en primer lugar! Fueron ellas las que nos llamaron y nos dijeron, “oye, mira, ¡que somos naranjas!”. ENTONCES POR QUÉ, ¿POR QUÉ SI SON NARANJAS Y ESTÁ CLARO QUE SON NARANJAS, TENEMOS QUE MOLESTARNOS NOSOTROS EN TENER EN CUENTA QUE, POR MUY NARANJAS QUE SEAN, TALVEZ EN REALIDAD SON AZULES? ¡QUIÉN SABE! ¡SON NARANJAS PERO QUIZÁS NO! ¿QUÉ ES ÉSTA PUTA MIERDA? ¿EL PUTO GATO DE LA PUTA MADRE DE SCHRÖDINGER O QUÉ COÑO ES LA PUTA ZANAHORIA ÉSTA? ¿POR QUÉ EL PUÑETERO PROBLEMA SIEMPRE ES NUESTRO POR HABERLA VISTO NARANJA Y ACEPTAR QUE ES NARANJA, EN LUGAR DE SER UNOS PUTOS DALTÓNICOS ESQUIZOFRÉNICOS QUE VEN ZANAHORIAS NARANJAS  Y SE DICEN A SÍ MISMOS QUE NO, QUE SON NARANJAS PERO EN REALIDAD SON AZULES?

Al mismo tiempo, debemos admitir que estamos tan desesperados por que una zanahoria nos quiera. Estamos tan desesperados por que nos haga el amor, por que nos folle como si fuera su única puta misión en la puta vida, que nos abrace por la espalda mientras leemos el mismo libro… Estamos tan deshechos por el amor más carnal y platónico que nos creemos cualquier basura barata que se le parezca muy de lejos.

Y lo más gracioso es que, cuando vemos una zanahoria, la vemos claramente naranja, por supuesto. Sin embargo y paradójicamente, cuando vemos una mierda, la vemos rebozada en purpurina y con trenzas en el pelo. Al menos damos gracias a que, bajo el disfraz de teletubbie torero esquinero, todavía nos damos cuenta de que es una mierda vestida con traje de luces. Podríamos hasta ver un oso panda y lanzarnos directamente a su cuello para besarlo, pero aún percibimos en ella algo fétido que nos salvaguarda de nuestra propia ceguera circunstancial. A veces pienso que ojalá no la viéramos. Así, como mínimo, nos lo pasaríamos bien un rato jugando con el oso panda justo antes de que nos arrancase la cabeza de cuajo.










Todas las fotografías tomadas el 23 de abril de 2016 en Graumannsweg y alrededores de Hohenfelde, Hamburgo, Alemania.