22/6/17

Shit on the hand that feeds you Teil Sechs



















"Algunos oficinistas comprenden rápidamente que la mejor manera de conseguir una calidad de vida digna es dejar de lado cualquier tarea productiva y dedicarse a hacer política. 

En cualquier trabajo hay una mayoría mediocre que se dedica a obedecer, pero hay una élite que invierte toda su energía en encontrar ingeniosas maneras de conseguir que el que manda les asigne la tarea de decirles a los que trabajan cómo tienen que trabajar. Ésta tendencia se ha sofisticado con el tiempo, y bajo nombres como "ingeniería", "management" o "calidad", es cada vez mayor el volumen de población oficinista cuyas tareas se alejan cada vez más de la producción y la fabricación para dedicarse a meterles el dedo en el ojo a los que producen o fabrican. Si cogiésemos a ésta gente que se dedica a las tareas artificiales, esotéricas o burocráticas del trabajo y los pusiésemos a desarrollar trabajo real y efectivo, nuestras oficinas se convertirían en lugares tan productivos que la civilización estallaría en pedacitos hasta los confines del universo. 

Vivimos en la era del simulacro. Don Draper en la postura del loto al borde de un acantilado en California imaginó un mundo en el que ya no sería necesario que los productos que fabricamos y los servicios que ofrecemos fuesen de calidad; bastaría con que nuestra empresa crease un departamento de calidad. O mejor aún: que miles de empresas consultoras especialistas en calidad nos diesen un certificado de calidad a cambio de una razonable cantidad de dinero. 

Del mismo modo, sería maravilloso que nuestras fábricas y oficinas no tuviesen personas dentro. Bueno, tendrían personas dentro, pero esa personas ya no pertenecerían a nuestras empresas, sino a otras empresas sin cuerpo que se quedarían con dos terceras partes de su sueldo, y así pasarían la jornada en la oficina jugando a los trabajitos, haciendo el baile del trabajo en equipo para distraerse, porque si un día le hacen mucho caso a ésta idea, podría pasar que se produjese una revolución ludista y los oficinistas corran enfurecidos por el interior del monstruo arrojando las computadoras por la ventana, desmembrando con sus propias manos a los oficinistas políticos, los esotéricos y los burocráticos, hasta alcanzar el corazón del monstruo en cuyo interior viven, que es la oficina y es la fabrica, y el mundo se desmorone otra vez."


"Some office workers rapidly comprehend that the best way to get a dignified quality life is putting aside any type of productive task and focus on politics. 

In any work place, there is a mediocre majority that just obeys, but there is an elite that invests all its energy into finding clever ways of convincing the one in charge to assign them the task of telling those who work how they have to work. This tendency has been sophisticated over time, and under names like "engineering", "management" or "quality", the volume of office-working population the tasks of whom keeps getting further from production and closer to just poking those who produce in the eye grows day by day. If we took these people who do these sort of artificial, esoteric or bureaucratic tasks and made them develop real and effective work, our offices would turn into such productive places that civilization would burst into little pieces, reaching the confines of the universe.

We are living in the age of the simulation. Don Draper in the lotus posture at the edge of a cliff in California imagined a world where it would not be necessary anymore for the products we manufacture and the services we offer to be of high quality; it would be enough if our companies just created a quality control department. Or even better: that thousands of consulting companies specialised in quality control gave us a quality certificate in exchange for a reasonable quantity of money.

In the same manner, it would be marvellous if our factories and offices did not have people inside. Well, they would have people inside, but those people would not belong to our companies, but to other companies without a body who would withhold two thirds of their salaries, and so they would spend the day at the office playing the little game of jobs, dancing to the team work rock to entertain themselves, because if one day they started to pay attention to this idea, a Luddite revolution could break out and the office workers would start running infuriatedly around the insides of the monster, throwing all the computers out of the window, dismembering with their own hands the political office workers, the esoterics and the bureaucrats, until reaching the heart of the monster they live in, which is the office and the factory, and the world would fall apart all over again." 



All pictures taken between 28th and 29th April 2017 around Kreuzberg and walking along the Spree, Berlin, Germany.