27/12/14

FILM: Get On Up (I Feel Good), cuando suena el groove, sabes que te tiene




James Brown (Chadwick Boseman) en el biopic de Tate Taylor Get On Up (2014), desde el 12 de diciembre en cines. Via Los Angeles Times

Tal día como anteayer hace ocho años, una neumonía mató al funk. ¿A caso pretendía esa neumonía ser recordada para la posteridad como la neumonía que mató al funk? Parece poco probable... Iría a darle un susto y se le fue de las manos... Mucho menos en Navidad. ¿Quién querría matar al funk el día de Navidad? Pues nadie. Y sin embargo lo hizo, la muy hija de puta lo mató. Desde entonces, ya veis... ¿Dónde está el funk? Dicen por ahí que en casa de una hija suya, momificado. Unos lo llamaban funk, otros "negrura sin remordimientos" y algunos simplemente lo llamaban James Brown. Se desconoce el paradero exacto de su cuerpo sin vida, pero no cabe duda de que dejó de existir a finales de 2006; no se le ha vuelto a ver el groove desde entonces.


El 23 de diciembre, una fecha particularmente conmemorativa para desplazarse hasta su cine más cercano y ver Get On Up (2014). Particularmente conmemorativa si se es particularmente mitómano o particularmente morboso, ya que un 23 de diciembre de hace 8 años, el señor Brown asistía a su cita con el dentista ostensiblemente enfermo. Al día siguiente lo ingresaban de urgencia en un hospital de Atlanta, Georgia, y al otro vino Santa Claus y se lo llevó de regalo, para variar.


Como aquí en el reino de España somos todos un poco plebeyos, nos han traducido el Get On Up original, ese con el que Bobby Byrd contestaba a los get uppa del señor Brown, por un mucho más mainstream I Feel Good - La historia de James Brown, para ver si así alguien pillaba algo e iba a ver la película. Dirigida por Tate Taylor (Criadas y Señoras (2011) y coproducida por Mick Jagger, Brian Grazer y sus respectivas productoras, Get On Up cuenta las múltiples vidas, todas ellas arraigadas en el mismo instinto de autosuperación, de James Brown, también conocido por apodos más modestos como The Godfather of Soul, Soul Brother Number One, Mr. Dynamite, Mr. Please Please Please, Sex Machine, The Hardest Working Man in Show Business, The King of Funk o The Minister of the New New Super Heavy Funk. 

A un (hasta ahora) prácticamente desconocido Chadwick Boseman, alias "Hola-Jamie-Foxx-quiero-tu-Oscar", se le encomienda la ardua tarea de resucitar a todos los James Browns que fueron muriendo y renaciendo de entre sus propias cenizas, a lo largo de una carrera artística extendida durante más de sesenta años. Y es que es así como el director quiere mostrarnos el sueño americano del Padrino del Soul; descuartizado en varias personalidades, esparcidas cada una de ellas por las dos horas y veinte minutos de largometraje y sin ningún criterio salvo la rítmica. Get On Up se esfuerza con ahínco por no ser el típico biopic que viaja del punto N(acimiento) al punto M(uerte) sobre raíles cronológicos: no hay arboles que pasan por las cuatro estaciones en menos de 15 segundos, ni ráfagas con titulares de periódico sucediéndose uno tras otro. Es éste encomiable intento de alejarse de los clichés biográficos lo que lo convierte, por contrapartida, en un film argumentalmente difícil de seguir. Y subrayo argumentalmente porque el disfrute emocional está ahí pase lo que pase, es constante e inamovible, como el groove

La banda sonora es un 11 de principio a fin, suena casi a insulto a la inteligencia del espectador tener que constatarlo; cualquier escena remotamente musical es oro de la historia afroamericana, desde el góspel que canta el señor Brown padre acompañando un frugal plato de garbanzos hasta el Kind-Hearted Woman de Robert Johnson que ilumina el reencuentro con la madre en el camerino del teatro Apolo, pasando por todas las performances evangelísticas de Boseman. Si habéis visto el T.A.M.I Show como 17 veces, es muy probable que la mítica actuación en la que Mister Dinamita tuvo que rebajarse a calentar al personal para los Rolling Stones (¿Los Rolling qué?) os parezca totalmente desinflada en comparación con lo que aconteció realmente, sobretodo sucediendo a la inusual y arriesgadísima carta de presentación de la película (se abre el telón y aparece un James Brown sexagenario, con chandal verde jade y escopeta en mano, amenazando a una rubia que se acaba de aliviar en SU cuarto de baño. No digo más). Si no lo habéis visto nunca, os parecerá tan pletórica como las demás, porque el tal Chadwick Boseman está insultantemente deslumbrante en todas sin excepción. Si tuviera que quedarme con una sola, posiblemente escogería la rendición del Caldonia de Louis Jordan que se marcaron él y sus recién nacidos Famous Flames, aprovechando que Little Richard se había ido a mear.


Sus aires de superioridad inagotables, el pavoneo al andar (I like 'em boss, I like 'em proud), su expresión facial, la manera jamesbrowniana de adelantar la mandíbula inferior, los tocados, los trajes (terciopelo embutido combinado con sudor funk. James Brown icono de estilo YA)... Y qué decir de los pasos de baile... El mashed potatoes, el boogaloo, el camel walk, el popcorn... ¡Los clava todos! Apostaría algo a que se levantó y se acostó con este vídeo de fondo durante los dos meses de ensayo previos al rodaje (efectivamente, lo consiguió en tan sólo dos meses). Pero todo esto palidece al lado de la voz y el acento sureño de Brown, ese drawl ininteligible y aguardientado de cantar canciones del sur junto a la hoguera en una noche de verano. Contaban sus compañeros de set que Boseman no se liberaba del personaje ni para comer; si te sentabas a zamparte el sándwich con él, te estabas sentando a almorzar con James Brown. Es posible que la cinta tenga sus deficiencias internas, pero Chadwick-Boseman-barra-James-Brown-reencarnado consigue que el espectador se plantee incluso pasarlas todas por alto.

La cadencia de Get On Up, la forma en que las secuencias se pisan unas a otras espontáneamente es intensa y vigorizante. No queda claro si esto es mérito del director o de la jugosidad cinematográfica proporcionada por la materia prima; la vida y obra de James Brown, una figura venenosamente compleja que, sin duda, hubo de pagar el precio por estar en los más alto, incluso antes de que le correspondiera. Taylor está excesivamente ocupado mandando un mensaje muy contundente a lo largo de la película: va a tratar de introducir nuevas reglas en el juego del biopic. Desafortunadamente y cegado por su afán renovador, se ha olvidado un poco de lo primordial, que es contar una historia. Ha de reconocerse, eso sí, que la ambición del proyecto ya era de por sí descomunal, hasta el punto de que cuesta imaginarse un resultado igual de brillante y que, al mismo tiempo, consiga abarcar todo lo que abarca Get On Up a su manera de secuencia de imágenes épicas (no siempre eficaces al 100%). Los ratos en los que Boseman/ Brown se desentiende del proceder de su vida para dirigirse directamente al espectador como una voz en off con cara destacan por lo acertado, refrescante y divertido; si se es entendido o aficionado a los intríngulis maquiavélicos del show business, además, se habrá disfrutado muy especialmente de las deliciosas escenas en las que el Rey del Funk hace ostentación de sus innovadoras e inteligentísimas tácticas empresariales (I am the show. I wanna be the business, too).

James Brown (Chadwick Boseman) y Bobby Byrd (Nelsan Ellis) a punto de marcar un antes y un después en sus carreras. Via lifeantimes.com
Y de lo que cojea el guión va sobradísimo el elenco: Dan Aykroyd, Viola Davis, Octavia Spencer... Casi todos en papeles más bien modestos, pero abrumadores como si se hubieran pasado los 140 minutos en pantalla. Por otro lado, sorprende ingratamente la escasa repercusión crítica que parece haber tenido el papel de Nelsan Ellis como el admirable Bobby Byrd. Si James Brown era el funk, Bobby Byrd era su groove, su constante y su bastón, la mecha que hacía saltar todo por los aires. Siempre estuvo ahí detrás, en segundo plano, pasando desapercibido, pero en cuanto se marchaba... ¡Vaya, entonces todo el mundo echaba de menos al groove! Mientras Boseman resulta más y más fabulosamente despreciable a medida que avanza la cinta, Ellis enamora y se ensalza minuto a minuto. Nadie como él para colocarse la aureola sobre la cabeza y predicar la convicción indoblegable y la pureza de espíritu del santo Mister Byrd. Si le hubieran dado un par más de clases de baile, Ellis se lo hubiera puesto bastante más complicado al protagonista.


Así que entonces, con todas sus virtudes y defectos, ¿es posible afirmar que Get On Up es la biografía cinematográfica definitiva de James Brown? Ni de broma, ni en un millón de años. ¿Sería posible, pues,  conseguir un homenaje mejorado de la vida del Hermano Soul Número 1? Ni de broma, ni en un millón de años. ¿Get On Up apenas saca un 40% del jugo potencialmente exprimible al personaje del señor Brown? Muy cierto. ¿Cabe la posibilidad de que, en un futuro próximo, nazcan un director y un actor protagonista superdotados capaces de encapsular con mayor acierto la trayectoria vital de uno de los mayores iconos de la música pop del siglo XX en menos de 17 horas? Altamente improbable. ¿Disminuye por ello su mérito o su recomendabilidad? En absoluto.

Para que nos entendamos: si te gusta la música en el más mínimo grado, no pierdas la ocasión de ver Get On Up. Al fin y al cabo, y como dice mi amigo Pharrell Williams, lo único imprescindible es el groove, y de eso en ésta película lo hay de sobras. En cuanto empiece a sonar, sabrás que te tiene.



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Y hablando de cantantes con voz aguardientá, como dice mi abuelo... Ni caso. Ordené a las estrellas de rock de mediano-bajo perfil público que dejaran de morir. Ahora tú, Joe Cocker, justo ahora que me estaba enganchando al With a Little Help from My Friends (1969). Dicen que es que bebías, fumabas, te drogabas y tratabas muy mal a tu cuerpo en general, pero Iggy Pop más de lo mismo, y Keith Richards igual, y sin embargo míralo, el pasado 18 cumplió 71... Don't Let Me Be Misunderstood, pero los caminos del Señor son inescrutables. Fuiste de los primeros blancos en molar por cantar como un negro (pero como un negro de verdad, no lo que hacía Dusty Springfield). Generaciones venideras te recordarán como el tipo que versionó a todos los peces gordos del pop y convirtió las originales en un maqueta inacabada, una nota a pie de página de tus rendiciones. La manera en que redujiste a cenizas el With A Little Help From My Friends de los Beatles (ya más de tu propiedad que de los propios Fab Four) quedará grabada en la memoria colectiva del siglo XX para siempre. Por la parte stoniana que me toca, me despido de ti con una de las mejores versiones (¡cómo no!) del Honky Tonk Woman que se hayan registrado.



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