DEL
TRAP
AL
LIBERTARISMO
PASANDO POR EL
NIÑO DE ELCHE
PARTE 1
La
realidad siempre es mucho más compleja que la fantasía, por lo que entre la materialidad del flamenco y la de Atlanta hay mundos de Internet, miedo, ruido de máquinas y ficción. Hablamos con Francisco Contreras (Niño de Elche) sobre el contexto y las discrepancias entre la inclemencia de lo terrenal y la idealización de lo divino.
Como
decía Camarón de la Isla, yo me pregunto mil veces el paso del trap español por éste mundo. Soy la típica individua intelectualmente descastada de su tiempo que ya no tiene tele pero asegura ver documentales de La 2 online por pura diversión. Un día y sólo un día, sin embargo, me dejé agasajar por Satanás y vi First Dates, que es ese programa de la Cuatro que nadie ve porque es Frikitown capital de Sierra Leona total pero que todo el mundo ve porque, abro cita, “se ríe mucho”, cierro cita.
Ese
día y sólo ese día, sujeto salvaje de Almería apodado Papi Diablo aparece en la pantalla de mi móvil en busca del amor verdadero. El entrañable conductor del formato, Carlos Sobera, pregunta al concursante por su profesión. Papi, denominación artística del bautizado por su respectiva madre Federico, responde que él hace trap. “¿Y qué es el trap?”, insiste Sobera. “Poh
yo qué sé, una música que ha surgío
ahora nueva, que le gusta a loh jóveneh.
Eh una
música como de narcotraficanteh”,
dice Diablo. Y fue entonces, en ese preciso instante, cuando sentí que la identidad cultural española se me escapaba como farlopa entre los dedos.
Hubo
otras épocas de dudoso buen gusto en las que España era una, cañí y flamenca, pero entonces la Pantoja ingresó en prisión, y el fin de dicha era dio paso a una crisis identitaria silenciosa, como cuando Nietzsche proclamó la muerte de Dios y la consecuente debacle de la moral cristiana abocó a la humanidad a un existencialismo forzoso sustentado en la dieta vegana y los cargadores portátiles.
Acudí
al Niño de Elche, última pista del flamenco vivo sobre la Tierra y, por consiguiente, de aquel rancio carné de identidad cultural a lunares que tantos dolores de cabeza quitaba y ponía, para que intentara explicarme por qué nuestro cacho de la Península Ibérica no merece ser definido ni por un trap que nunca nos ha pertenecido ni por un flamenco que ya dejó de pertenecernos. De paso, me invita a un té verde y me resuelve la puta vida entera, todo ello en el barrio de Gràcia de Barcelona y recién salido del estudio.
NIÑO DE ELCHE:
Yo
te
puedo
dar
mis
opiniones
al
respecto,
aunque
la
verdad
es
que
nunca
había
reflexionado
sobre
el
tema
éste...
ICARO LAVIA: ¿Nunca? Pues en Instagram todo Cristo pim, pam, analizando antropológicamente el trap español sin parar. Venga, champion,
que hoy es tu día.
¡Vamos a reflexionar juntos!
¡Vámonos,
átomos! A ver: yo parto de la premisa de que el flamenco, ahora mismo y en éste país, no está ni de lejos al mismo nivel de popularidad que el trap. Pero claro, como inyección antimomificación que ha supuesto tu intrusión en el mundo del cante contemporáneo, que lo has petao y reventao todo como hacía tiempo no petaba y ni reventaba nada, espero que me digas que no estás para nada de acuerdo, y que crees que el flamenco goza de un buenísimo estado de salud.
De
entrada,
habría
que
diferenciar,
porque
cuando
hablamos
de
que
una
cosa
“lo
peta”,
¿en
qué
sentido
“lo
peta”?
Ay
bueno, Paco, hijo mío, de entrada no hace falta que te me pongas tan trascendente… ¿Qué te han echao
en la infusión esa?
¿La
percepción
de
que
algo
“lo
peta”
son
los
clips
en
YouTube?
¿Cuántas
veces
te
nombran
en
las
redes?
¿Cuántas
entradas
vendes
para
un
concierto,
cuántos
discos?
¿Cuál
es
el
caché
del
músico?
Si
nos
guiamos
por
lo
material,
el
flamenco,
sin
duda,
está
en
mucho
mejor
estado
de
salud,
pero
no
solamente
que
el
trap,
¡sino
que
cualquier
otro
género!
Los
artistas
de
flamenco
cobran
el
doble
o
el
triple
que
los
de
la
música
clásica
o
el
jazz…
¿En
serio? Ole los flamenquitos, ¿no?
¡Hombre…! Y
además, llenan los espacios, son muy respetados por la prensa musical, atraen a públicos de muchas edades diferentes… El flamenco, hoy día y desde hace muchos años, ocupa un puesto privilegiado comparado con cualquier otra música en éste país.
Okay, pues ná,
recojo esto un
poco y me
voy, eh, muchas
gracias por desmontarme la tesis
doctoral, hasta luego.
¡Creo! Eso basándonos en los números de billetes. Después,
están los números de internet,
que es donde el trap hace su aparición estelar y donde realmente marca una tendencia y una forma de hacer diferente a la de cualquier otro movimiento.
Incluso rompe también con muchas lógicas dentro de la electrónica y del rap,
que es lo más interesante.
Pero son mundos diferentes, mercantilmente hablando, así que por ahí andaría mi análisis;
lo de que el trap
“lo peta” es en zonas muy concretas de la vida.
Pero, por la
misma regla de
tres, ¿no se
podría decir que
ésta salud y
situación privilegiada del flamenco
se da también
en unas respectivas zonas muy
concretas de
la vida?
El flamenco es la etiqueta que más viaja por el mundo de España.
Viva España, joputas.
Por lo tanto,
no sé la delimitación dónde está.
Me refiero a
si, quizás, estés
midiendo el éxito
del flamenco con
una vara de
medir muy indulgente, considerando que
el flamenco, “para
ser flamenco”, es
decir, para ser
una música autóctona y minoritaria de por
sí, ya tiene
para darse con
un canto en
los dientes.
Repito que el flamenco se puede dar por contento con el éxito que tiene. Leyendo su trayectoria, que es de unos 100 años, se han conseguido muchísimas cosas, y
ya no sólo en la música; en Andalucía, por supuesto, el flamenco es institucional, diríase; aquí en Cataluña también tiene un espacio importante, aunque últimamente menos con el tema del nacionalismo y
el independentismo… Al fin y al cabo, es un género que se cultiva más en el sur. El flamenco, dentro de España, puede ser de las músicas más comerciales, más escuchadas, más valoradas y
más aceptadas, al nivel de géneros mucho más internacionalizados como el jazz o la música culta. Sus artistas van por el mundo entero con la bandera del flamenco, y son apoyados por las embajadas, por las marcas, por festivales independientes… O sea que sí, esa visión de que el flamenco no tiene éxito o
no tiene tanto éxito como otras etiquetas… Creo que no es real. Si lo comparamos con el pop, ¡vale! Pero si lo comparamos con otras músicas, talvez no. Y a
parte, los flamencos han sido muy inteligentes porque han sabido recabar el valor añadido donde realmente se puede traducir económicamente. La gente del trap, por su lado, con los clips de una página web, no recaudan económicamente lo que pueden recaudar los flamencos en sus conciertos… Son dos realidades totalmente distintas; el flamenco está hasta aceptado en los conservatorios, ya no es auténticamente una práctica popular.
Y decías antes
que apela a
todo tipo de
públicos.
Sí, el flamenco sí.
¿Al mismo público
joven al que
llama el trap
lo llama el
flamenco?
No, no, a esos niveles,
no. Hay público adolescente…
Y de pronto, camarera salvaje aparece para informarnos de que en cinco minutos llaman a
la poli y les cierran el garito.
¿Y por qué no nos has dicho nada cuando nos hemos sentado...?
Dice que blablablá y
que hasta menos diez podemos seguir. Son y
media. Le damos las gracias y
le dejamos que se vaya.
En fin, continuemos.
¿Sí?
Sí, claro, ¿no?
Claro que sí,
guapi. Pues decíamos
que el público
teenager, en
el flamenco igual
no tiene tanta
representación.
Digamos que está representado pero que no es el público nuclear, como lo es en el trap.
¿Y no crees
que en ello
puede caber algún
síntoma significativo de
que el trap
tiene un poder
sobre la generación Z que
el flamenco no
tiene? En el
sentido de que
el público adolescente ha sido
tradicionalmente el
que ha dictado
las vanguardias o
tendencias musicales.
¿Es el público adolescente o el público joven, el que dicta las vanguardias?
Y dale… Un
poco tiquismiquis con
la terminología sí
que eres, tú,
¡eh!
A mí cuando me hablas de “público adolescente”, pienso en un público con una información limitada de las prácticas artísticas. Entiendo que el que guía las vanguardias es, más que un público adolescente, uno joven o “no mayor”. Pero el público adolescente no creo que haya sido el que ha marcado la tendencia de señalar lo que es propiamente vanguardia, ¡para nada!
Sí, ya ya,
no sé qué,
pero…
Porque cuando hablamos de vanguardia,
nos referimos a algo que va por delante de los tiempos,
¿no?
Quizás la palabra
“vanguardia” no
ha sido la
más pertinente, no.
¡Ahí está! Yo tengo mis dudas de que el trap sea una música que va por delante de los tiempos…
Vale, listillo, te
lo pongo de
otra manera: piensa
en los Beatles
o en los
Stones; ¿quiénes los
seguían en sus
comienzos? Quinceañeras mojabragas, principalmente. Y luego
han acabado convirtiéndose en símbolos
absolutos de
la música popular
de su siglo.
De acuerdo, talvez en los puntos mediáticos, o
en los códigos que estos después establecen, sí. Pero todavía no estoy seguro de que a
eso se le llame “vanguardia”. Y
de todas formas, la lógica de aquellos tiempos, los de los Beatles y los Rolling Stones, era muy diferente a
ésta lógica actual; hoy en día existen internet y otros flujos y
puntos de información, por lo que se hace muy difícil comparar.
Oye, y entonces, ¿a ti qué te viene a la cabeza cuando te nombro al trap? “Vanguardia” ya sé que no, tranqui, no me pegues.
Se me aparece una imagen de gente muy joven, con un descaro llamativo y
una actitud algo chulesca, que a
mí me interesa particularmente en la música porque me baso en eso, también… Tienen ganas de decir cosas y un ego potente… Con mucha raíz, lógicamente, en el rap, pero otorgando mayor relevancia a
la electrónica, que me atrae mucho más que el rap, desde la perspectiva española, porque ésta claro que no se puede hablar en los mismos términos del rap de aquí que del rap norteamericano… Me gustaría que los traperos y
traperas de España, tanto lírica como musicalmente, dieran más pasos y no se conformaran con filmar vídeos graciosos, sino que lo que hicieran tuviera un poso asentado. Ahora mismo, con el material que hay, es difícil creer en ello, pero yo conozco a unos cuantos y
a unas cuantas que podrían dar de qué hablar, si consiguen llegar.
Justamente lo
que te iba
a preguntar, también,
porque no sé
si te relacionas con gente
del trap o
tienes localizado a
algún favorito.
Sí, conozco a algunos, pero ya incluso se desmarcan de la movida; toda la gente a
la que se suele identificar con el trap español últimamente, les preguntas y te dicen que lo que hacen no es trap.
¡Anda! Está bien,
eso. Yo digo
lo mismo cuando
me preguntan si
no soy muy
mayor pa la tontería
que llevo encima.
En realidad, me reconozco mucho en ese pensamiento suyo; a
mí, cuando me quieren relacionar con el flamenco, siempre aclaro que no, que no es exactamente eso lo que hago... Así que dice algo muy bueno de ellos, el querer desmarcarse de un sambenito.
Todas las fotografías tomadas el 23 de marzo de 2017 en La Chana, Barcelona, España. Especial agradecimiento a Maria Arnal, súper especial agradecimiento a Marta Bassols y, sobretodo y por encima de todas las cosas, a Francisco Contreras.
Entrevista publicada originalmente (en versión editada y censurada) en el número 1 de Ajoblanco (junio de 2017).







