14/5/16

Bayern München contra Atlético de Madrid



















No sé muy bien por qué, pero me gusta la sensación de saber que todo el puñetero mundo está viendo el fútbol menos yo. Me produce un sentimiento entrañable y perezoso, como cuando es Navidad o San Pedro y se reúne la familia y voy a casa de mi abuela; no me interesa mucho y me aparto un poco, pero me da ternura saber que están todos juntos, hablando de cosas que me parecen idióticas. Escucharlos de lejos hace como que la noche pase más lenta y no se acabe el día, y es que la muerte de los días, o más bien su contemplación, ver cómo se van y no vuelven nunca más, me pone melancólica y encrespada. Es reconfortante sentir que están ahí, buenamente tirando su tiempo a la basura mientras yo les paso la mano por la cara mentalmente, reviento Internet, me hago más sabia que ellos. ¿Será, en el fondo, un alegrarme de la desgracia ajena en el entendimiento pedante? ¿Soy una despegada? Sí pero no lo siento así, aunque no sé explicarlo mejor. Creo que al final se trata, simplemente, de que el hecho de oírles gritar a la tele me recuerda que no se han dormido todavía y que, si no están conmigo es porque, claro, tienen que ver el partido. No es que esté sola ni despierta a horas que no debería, no mientras ellos también lo estén.


Todas las fotografías tomadas el 24 de abril de 2016 en Immenhof Flohmarkt, Hamburgo, Alemania.

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