16/5/16

Bauen Teil Zwei











Perdón. Lo siento. No volverá a ocurrir. Nunca más voy a escribir lo que me pase durante el día como en un diario. Ni soy Pamela Des Barres ni tengo complejo de ella. Sólo voy a tratar de, a fuerza de costumbre o práctica, haciéndome la insistente y de tanto llamar, que el genio aparezca y me eche una frase, como un filete crudo de calidad que se tira a la jauría de uno; mucho no le voy a ensuciar, mientras me haga el favor de presentarse cuando tenga el cuaderno abierto. Abierto como mi corazón, que estoy esperando a que se seque y nada, el muy húmedo y necio sólo quiere que le den por todos los costados. Siento que mi vida no ha empezado pero que tiene que acabarse ya, antes de que me enamore por primera vez, antes de cobrar el primer sueldo, antes de las tres décadas y el lustro, antes de que no me dé coraje, de que no apriete los puños, de que perdone a todos los letristas, trompetistas, paisajistas de la fe que me han mentido, antes de que todo empiece a acabar, para no tener que pasar por semejante suplicio. Siento que mejor que acabe antes de empezar, que mejor pasar directamente al desenlace, porque no tengo fuerzas para atravesar el nudo, me falta valor o inconsciencia, aunque haya días en los que parezca que no. Hay días en los que me rajo ante otros, y ni siquiera quieren tirarme sal en la herida recién abierta. Hay algo muy patético en las emociones de aquellos a los que nunca se ha querido, algo así dijo Oscar Wilde. Hay mucho de cruel en no dignarse ni a tirar sal en sus yagas, ni a meter el dedo y apretar. Hace frío cuando ni tu devoción gratuita despierta sus ganas de despreciarte.



Todas las fotografías tomadas el 2 y el 6 de mayo de 2016 en Güntherstraße y Wandsbeker Chausse, Hohenfelde, y en el Fischmarkt, Hamburgo, Alemania.

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