28/1/14

MUSIC: Bunbury y el videoclip (no fue bueno, pero fue lo mejor)


Durante el rodaje de Más Alto Que Nosotros Sólo El Cielo en Lancaster, Los Angeles, California. Fuente: rtve.es

Enrique Bunbury despegó con el Palosanto Tour el pasado 14 de enero en su México D.F. querido del alma, pero para aterrizar en Barcelona todavía le queda un buen trecho (19 de junio). Como dijo un filósofo chino, la vida es eso que pasa mientras esperas que Bunbury dé un concierto en tu ciudad, así que yo, para matar el tiempo, y dado que ya desgrané todo lo desgranable acerca del álbum homónimo hace unos meses (podéis verlo aquí), me dedico a ver vídeos suyos y a pensar cosas absurdas al respecto para mis adentros. Después de llegar a la conclusión de que Nacho Vegas es la peor influencia estilística que ha pasado por la vida del gran esteta Bunbury (juzgad vosotros mismos aquí), me di cuenta de que perdería muchísimo más tiempo si   compartía mis alocadas impresiones con el resto del mundo 2.0. ¡Allá va una de Bunbury a través de sus vídeoclips (10 momentos audiovisuales estelares por orden cronológico)!

Maldito Duende

Año: 1990
Dirección: Alberto Sciamma
Álbum: Senderos de Traición (1990)

Comenzada la década de los noventa, y con el concepto de videoclip como obra de arte y espejo del alma de un single más que asumido, pensaron que los tiempos del croma ya formaban parte del lado oscuro de la historia de la música, junto con el sintetizador, la canción protesta y Europe. Pero entonces llegaron los Héroes del Silencio, en la cresta de la ola del rock patrio, para devolvernos a todos al mismo centro de la contradicción y hacernos añorar los fondos psicodélicos de Demis Roussos en su tapón de champagne volador y desafiador de las leyes de la física (ya ya, me ha quedado un poco forzado, pero es que no sé si se me volverá a presentar la ocasión de compartir esta maravilla audiovisual pop con el resto del mundo).                                                                    

Reconozco que al principio, cuando aparece el primer plano de Enrique Bunbury con su cara de ángel en negativo (y gracias a la indulgencia con la que contemplo cualquier clip made in the 1990s), casi casi me lo creo. Me enternece escuchar cómo se esfuerza por pervertir esa voz bunburiana que, por mucho que intenta rasgar y romper, sigue sonando algo inocente. Pero a partir del minuto 0:30, empiezo a tener dificultades para tomarme en serio eso de "Te sientes tan fuerte que piensas/ Que nadie te puede tocar" cuando más bien parece que me esté enseñando las espinacas radioactivas trituradas que se está tragando, cual niño de 5 años burlándose del resto de comensales. Hacia el minuto 3:50 incluso parece que esté regurgitando alguna hoja... Pero oye, la actitud sigue ahí, y más guapo no se puede estar, así que, ¿qué más da si le gusta picar cosas raras mientras canta?

Des de la boca de Enrique Bunbury, el tentempié favorito de la estrellas del rock 
veganas: verduras fluorescentes deconstruidas.

La Chispa Adecuada

Año: 1995
Dirección: Carlos Miranda/ Juan Marrero
Álbum: Avalancha (1995)

La Chispa Adecuada, power ballad incluida en el greatest hits de todo fan de Héroes que se precie, se compuso (o eso dice una voz popular) como carta de despedida a la entonces novia de Enrique, Benedetta Mazzini. Pero poco de sentimentaloide tiene el paisaje lunar enrojecido de este video, en el que un alienígena escuálido llamado Bunbury nos habla de sus listas de promesas a olvidar, de besos, de raíces y de cómo distinguirlos a ambos. Algo me dice que las malas lenguas que señalaron un parecido estético sospechoso entre el cantante de Héroes del Silencio y el de los Doors (Jim Morrison) podrían tener su origen en el clip que viste este temazo. Se ha de admitir, eso sí, que los paralelismos, no sólo físicos, sino también musicales e interpretativos, entre el Rey Lagarto y el Aragonés Errante alcanzan aquí su cumbre.

Para cuando se publicó Avalancha, los Héroes del Silencio ya eran héroes de leyenda, y sus videoclips se grababan de forma consecuente con este nuevo estatus de súper grupo consolidado (al menos de cara al público). Tiraron la casa por la ventana para producir una fantasía onírico-marciana de estudio con ojos de gato espectrales, hormigas extraterrestres gigantes y plataformas giratorias (el momento Joaquín Cardiel dando vueltas con la mujer/diente de león al fondo no tiene precio). Y Bunbury, que para el 95 ya había dejado atrás la ochentosidad de las bandanas y el all-black, provee del toque épico gracias a unos maravillosos pantalones de campana con estampado de leopardo (aunque, personalmente, me parecen el sumun de lo guai, tengo la sensación de que convierten toda esta escenografía de desierto sideral incendiado en una especie de burdel cósmico o en el salón de la casa de Alaska y Mario).

Salomé

Año: 1997
Dirección: Jorge Ortiz de Landázuri
Álbum: Radical Sonora (1997)

Radical Sonora, el debut en solitario de Enrique Bunbury, fue un absoluto desconcierto para la inmensa mayoría de admiradores de los recién disueltos Héroes, empezando por esas pintas de Salsa Kid y el corte de pelo a lo 'N Sync del ex-líder de los zaragozanos. Al parecer, Bunbury halló todas las maneras humanamente posibles de romper con su imagen de teen idol del rock gótico y las echó  a la cazuela mientras iba preparando este peculiar y complejo affair entre la electrónica y las voces árabes. Salomé fue el primer sencillo del álbum y, escuchándolo, el porqué se hace más que evidente; si un "¡Salome-iii-éeeeeeeeee…!" no le levanta de la silla en cero coma, no es usted fan de Bunbury ni es nada, oiga. En esencia, y como admitió en su día el propio compositor, se trata de una alabanza al mito bíblico de Salomé trasladado al mundo industrializado. Porque, aunque des de este 2014 en el que nos encontramos pueda parecer poco más que una excentricidad, Radical Sonora es un disco muy conectado con el sonido de su época, así como con su estética; Enrique se contonea, se dobla y se desdobla bajo el techo que le proporciona una suerte de enjambre espacial babeliano del futuro que bien podría haber usado Cher para alguno de los rompepistas de su resurrección musical de finales de los noventa (y, bueno… No quería decirlo, de verdad, pero… Ese peinado, esos movimientos de latin lover, la camiseta de licra, el rollo Matrix/futurista, incluso el título de la canción… ¿A nadie más le ha venido a la cabeza esto?).

Lo siento, tampoco iba a decir esto, pero… Me recuerda al de La Mosca… ¿He 
dicho ya que lo siento? Pues lo siento.

Infinito

Año: 2000
Dirección: Fernando Eimbcke
Álbum: Pequeño (1999)

Este es, sin duda, uno de los clips más interesantes y con menos pretensiones en la trayectoria audiovisual del Hombre Delgado Que No Flaqueará Jamás, de esos que no te molestan con paranoias prefabricadas y te dejan ver a Enrique Bunbury at his very best, como dicen los anglos y la gente moderna en general. Porque cuando tienes una personalidad artística tan escalofriantemente arrolladora como la suya, cualquier tipo de attrezzo es accesorio (quiero decir, particularmente, jamás me ha molestado un buen empacho visual, pero tener la capacidad de llenar un plató o un escenario con tu sola presencia te convierte instantáneamente en algo excepcional). Se concibió como la "versión mariachi" de Infinito, que ya contaba con dos videos (uno rodado en una cantina española y dirigido por el mismo Bunbury, quien comparte plano, botella y mal de amores con dos viejos amigos suyos, Shuarma y Morti, y otro que incluye a Enrique tumbado en una cama con parejas de señores y señoras mayores bailando a su alrededor. Sí sí, no tiene desperdicio…). Se grabó, con acompañamiento al acordeón de Julieta Venegas, en una cantina poco conocida en pleno centro de México, donde asistimos al derramamiento de pena a corazón abierto que resulta ser esta ranchera pastiche, todo ello des de la perspectiva de un misterioso bebedor de tequila que acaba siendo nuestro Enrique (¡cómo no!). Su actuación es sencillamente brillante y sentida (aunque me inquiete bastante que haya o no alguna intención interpretativa en el hecho de que los dos protagonistas, Enrique y Julieta, no se miren en ningún momento), y me hace pensar si, por muy híbrido genérico que sea el tema, no será esta, la mexicana, la forma más coherente de abordarlo tanto musical como visualmente. La verdad es que, viendo este videoclip, no me costaría nada aceptar que Infinito formara parte del cancionero popular centroamericano. 

Sácame de Aquí


Año: 2002
Álbum: Flamingos (2002)

Sácame de Aquí, a parte de ser una canción de esas que, por consideración con el oyente, necesitaría que se le colgara en la puerta un cartel de "cuidado con la número 4 de Flamingos, muerde corazones", viene con un videoclip que es el sueño de todo devoto de la religión bunburiana y de la mitología del rock & roll. Rodado con un rollo nouvelle vague que le otorga cierto regusto nostálgico, la magia surgió en una habitación de hotel en algún punto indeterminado del continente americano, y encapsula con maestría y buen gusto esa romántica aura nómada de la vida de la estrella del rock (un Keith Richards cualquiera se hubiera sentido como en casa en semejante barco pirata de secano). Es a partir de este momento que la imagen del Enrique Bunbury que va a comprar al súper con sombrero de cowboy y botas de serpiente se asienta en la memoria colectiva del gran público, y sus gestos y aspavientos afectados comienzan a perfilarse como parte de la personalidad del showman que todos conocemos y amamos. Por mucho que nos fascinen sus experimentos y desafíos frente a lo convencional (y sin la más mínima intención de meterlo en ningún cajón, que luego viene Enrique con su bate de béisbol y ya sabemos lo que pasa), este es el Bunbury de nuestros sueños y en su máximo esplendor, con sus veinte mil colgantes de chamán, su boa enganchada al micro a lo Janis Joplin, su sombrero western, sus gafas aviator y ¡ai!, esos bell-bottoms con lentejuelas plateadas que ya los hubiera querido Rod Stewart antes de dedicarse a ser cantante de canciones de ascensor.

Se dice y se cuenta que en la misma época de la grabación de este vídeo se juntaron unos tales Loquillo, Andrés Calamaro, Jaime Urrutia y Enrique Bunbury para hacer una versión de un tema del de Gabinete Caligari, ¿Dónde estás?. De ahí la fugaz aparición de Diego A. Manrique y del mencionado Urrutia hacia el minuto 1:17 y el 1:29. Pues eso, que no se le puede pedir más a un videoclip, creo yo.

Hay Muy Poca Gente

Año: 2008
Dirección: Cristian Pozo
Álbum: Hellville De Luxe (2008)

Seguramente el trabajo más rock del boxeador de Zaragoza, Hellville De Luxe y los tiempos que lo vieron nacer supusieron, tal y como insinuó en varias entrevistas durante la promoción de Licenciado Cantinas, un profundo viaje retrospectivo a la raíz norteamericana, rústica y guitarrera de Bunbury. Es probable que sea esa la razón por la que Hellville fue tan calurosamente recibido por los fans casuales y los rockeros poperos desconocedores de la discografía temprana del Enrique Bunbury solista. Curiosamente y al unísono, entre esto y la sonadísima mini-gira de reconciliación de Héroes del Silencio que tuvo lugar a finales de 2007, se inició una tímida reconciliación con las legiones de seguidores de su antigua banda, que dejaron de corear "¡Héroes, Héroes, Héroes!" y pedir Iberia Sumergida sistemáticamente y con mala baba en todos sus shows (¡gracias!). Además, Hellville De Luxe nos cayó como agua de mayo tras el parón discográfico más largo hasta la fecha en la carrera de Bunbury (cuatro años tuvieron que pasar des del brillante, intrincado y latinísimo El Viaje A Ninguna Parte).

Hay Muy Poca Gente no es el tema más espectacular del álbum si lo que buscas es el exceso y la explosividad lírica que es marca de la casa bunburiana, pero el estribillo te atraviesa el alma, y la elegía por la resignación del mártir moderno que destila su letra hace que cualquiera se sienta comprendido (¿o sólo me pasa a mí?). Por lo que estrictamente concierne al videoclip, es un caramelo visual agridulce, crudo como los nueve puñetazos (si no he contado mal) que le propinó el director a un Bunbury imperturbable (por lo visto, el único de todo su séquito de músicos, técnicos, asistentes, ejecutivos y periodistas que se atrevió a girarle la cara). Pone sobre la mesa la podredumbre de los cerebros domesticados por la rutina y la convención de la vida contemporánea, y si no fuera por el tono verde-mohoso con el que se barnizó el ambiente, diría que lo hace con cierta piedad. Y bueno, a parte de todas estas cosas serias que acabo de soltar, me reí mucho contemplando las papadas temblorosas del personal, ¡faltaría más! Mis preferidas las de Enrique, claro, pero hay unas cuantas bastantes míticas, con mención especial para Ramón Gacías (segunda) y muy muy especial para Álvaro Suite (cuarta), por la perfecta rotación centrífuga de su hocico. ¡Dios bendiga el slow motion!





De Todo El Mundo

Año: 2010 
Dirección: Alexis Morante
Álbum: Las Consecuencias (2010)

Con Las Consecuencias empieza la historia de amor entre Bunbury y una servidora que está al teclado, y es por eso que siempre me costará ser objetiva a la hora de juzgar las virtudes y defectos de todo lo relacionado con este su sexto disco. Las Consecuencias también señala el nacimiento del tándem artístico Enrique Bunbury/ Alexis Morante, que es como el matrimonio ideal en el mundo audiovisual del panorama hispanohablante. No sé qué clase de telepatía ultraclarividente surge entre estos dos pero, en vista de los resultados, no puedo más que rendirme a sus pies; De Todo El Mundo (el videoclip) es una soberbia traducción visual del tema que le da nombre, nada más y nada menos. Prácticamente se podría descifrar su melodía con la única ayuda de las imágenes. ¿Os parece poco? A mí me parece lo único, lo imprescindible y lo más difícil de conseguir, en vista del erotismo simplón o las historias manidas y poco originales que inundan la MTV (¿pero qué gilipollez acabo de decir? ¿Música en la MTV? ¿En 2014? Perdonad, es que a veces me puede la nostalgia). Después de ponerse arty-farty con el vídeo del primer sencillo (una versión mucho más que digna del Frente a Frente de Jeannette), que fue dirigido por Juan Antonio Bayona (El orfanato, Lo imposible, videoclips de Camela varios… Sí, yo también flipé en colores, jamás imaginé que algo pudiera motivarme a invertir seis minutos de mi vida en Camela), Enrique decidió que se iba a poner en serio con esto de los vídeos musicales. Y fue entonces cuando Morante entró en escena y nos deslumbró con esta bella metáfora de uno de los temas recurrentes de la literatura bunburiana: la figura del músico nómada, el espíritu errante, el vagabundo. Bunbury camina sin más referente que el horizonte por una carretera polvorienta e infinita, hecho un pincel con su traje de músico y su funda de guitarra por maleta (sólo sabe que lo que le queda, en un solo bolsillo lo puede llevar). No puedo sino evocar a una suerte de Robert Johnson chicano dirigiéndose al cruce de caminos para vender su alma al diablo (o para subirse a un siniestro barco pirata flotante, lo que ocurra antes).

Ánimas Que No Amanezca

Año: 2012
Dirección: Alexis Morante
Álbum: Licenciado Cantinas (2011)

A principios de esta década en la que nos encontramos ahora mismo, parecía que Bunbury había pillado una corriente australiana creativa y nos iba a deleitar con un disco por año, al más puro estilo Bob Dylan. Licenciado Cantinas es una exquisita revisión de la herencia latinoamericana en la música del español. Con su primer disco íntegramente compuesto por versiones (aunque Enrique es bastante dado a mostrar sus respetos por aquellos a los que admira con algún que otro cover, el último junto a la Gran Señora de la Canción, María Dolores Pradera) consigue adueñarse de cada canción hasta la últimas consecuencias; de nuevo, podríamos llegar a aceptar que esta cuidada colección de clásicos (y no tan clásicos) de la música latinoamericana va firmada por Bunbury de arriba abajo (si no fuera por la total ausencia de oscurantismo en las letras, yo me lo creería fijo).

Si con el videoclip anterior estaba dispuesta a besar el suelo que pisara el señor Alexis Morante por los siglos de los siglos, con el de Ánimas Que No Amanezca se me cayó el mito al suelo pero en plan kamikaze, a lo bestia. ¿Qué había pasado con esa sincronía perfecta entre sonido e imagen, ese sublime ejercicio de sinestesia de cinco minutos que había creado con De Todo El Mundo? En algún momento llegué a plantearme si se había dignado a escuchar el tema alrededor del cual debía construir su historia, porque no lo parecía; ni en un millón de años hubiera conectado lo que estaba viendo con lo que se escuchaba. Y la discordancia era, si cabe, aún más grave teniendo en cuenta que Bunbury le había ofrecido en bandeja una imaginería tan jugosa, obvia y bien perfilada, que la cosa no tenía perdón de Dios se mirara por donde se mirara. Una se pone a escuchar Ánimas y en cuestión de segundos no ve más que amarillos, ocres, cobrizos, dorados, noche, luces de neón, bares de carretera, cantinas, cerveza, quintos rebosantes, whisky, tequila, limón y sal, gritos, sudor, calor, palizas, puñetazos, maleantes, bandidos, fueras de la ley, diversión, desenfreno, locura, rodeos, mariachis, boogie y ¡que no amanezca, joder! ¿Y qué da Morante a cambio? Disfraces de los White Stripes para toda la banda, un puñado de Walking Deads como espectadores y estalactitas de hielo (repito: Estalactitas. De. ¡¡¡HIELO!!!). En realidad es una pena, porque el discurso es extremadamente coherente y, por lo que concierne a la estética, se trata de una auténtica golosina timburtoniana. Sólo hay un (gran) problema: la canción y el vídeo hablan distintos idiomas.

El Solitario (Diario De Un Borracho)

Año: 2012
Dirección: Jose Girl
Álbum: Licenciado Cantinas (2011)

El Solitario (Diario De Un Borracho), otra de las bombas de relojería rítmicas de Licenciado Cantinas, va envuelto en un curioso videoclip que se aleja de la grandilocuencia y el superproduccionismo del resto de proyectos audiovisuales que acompañaron al disco. El Bunbury de comienzos de década estuvo bastante implicado (y acertado) en la producción cinematográfica (23-F: la película (2011), Blackthorn (2011), Blancanieves (2012)) y, seguramente espoleado por sus humildes y primerizos pinitos en el mundillo del séptimo arte, se aventuró a proyectarse en un trabajo filmográfico de mayor envergadura mediática. Para marcar contraste, Jose Girl (fotógrafa zaragozana y pareja sentimental de Enrique Bunbury) toma las riendas de la realización y nos regala la perspectiva cercana de una pareja de solitarios del todo atípica. La franqueza de las imágenes, los primeros planos borrosos y las persecuciones visuales "estabilizador off" construyen una estampa tan excéntrica como encantadora. Sumamente interesantes las escenas de parafraseo del Subterranean Homesick Blues con Enrique al fondo imitando al pensador de Rodin. Y, obviamente, ¿quién no ha  muerto de amor, cual Lola Flores, por el traje rojo Bugatti que se gasta? Llamas en los pies, remaches de bisutería, calaveras mexicanas y sombreo a juego con todo ello (!!!!). Y eso por no hablar de la criaturita  vestida de punta en blanco que parece estar esperando a que sus padres la lleven a domar leones o a servir cócteles en un freak show (¿Freak Show? ¿quién ha dicho Freak Show? ¿Cuándo? ¿¡¿Dónde?!?). Me río en la cara de todas las revistas del corazón y los pseudogroupies de la moda que desdeñan los estilismos de Bunbury cuando va a los Grammy Latino; deberían levantarse cada mañana y dar gracias a Dios porque existan rockeros que se vistan con la altisonancia y la solemnidad de un jefe masai. El día en que Enrique Bunbury salga al escenario con unos tejanos de pitillo del Topman y una chupa negra, el día en que se parezca más a Alex Turner que a Gram Parsons o que a un fan del tribal guarachero, ese día, señores y señoras, comenzará el declive de las civilizaciones tal y como las conocemos (para los que no estén familiarizados con el término "tribal guarachero", que sepan que sus vidas están incompletas y que den click aquí).




Más Alto Que Nosotros Sólo El Cielo

Año: 2013
Dirección: Alexis Morante
Álbum: Palosanto (2013)


A finales de noviembre del pasado año se estrena el vídeo del segundo sencillo de Palosanto, último trabajo discográfico de Enrique Bunbury, así como su decimocuarto "disco de transición". De transición en transición y tiro porque me toca, no tendría ningún tipo de reparo en volver a psicoanalizar este tremendo álbum y la brutal sutileza de su carácter innovador, y mucho menos el caso concreto de Más Alto Que Nosotros Sólo El Cielo, canción de cuna cósmica que se perfiló des de la primera centésima de segundo como el tema más poderoso de la colección. Pero para eso ya publiqué esta entrada, así que ahora estamos por lo que estamos.

Nuestro a ratos amigo, a ratos enemigo Alexis Morante vuelve a la carga con el clip de Más Alto y, en líneas generales, sí, se redime bastante de la asincronía idiomática de Ánimas Que No Amanezca. Con el del primer single, Despierta, nos da todo lo que queremos y más (leñazo en la cara catódica de Mariano Rajoy, ovnis y cameo de Iker Jiménez incluidos): una producción ambiciosa más una cucharada de controversia bien fundada dan lugar a un modesto revuelo mediático (qué le vamos a hacer, ni siquiera Bunbury puede despertar las conciencias artísticas de un amplio sector de la sociedad en perpetuo letargo). Y para que no parezca que tienen la más mínima intención de sermonear a nadie, que este no es un videoclip de la crisis ni tonterías de esas, despojan a Más Alto Que Nosotros Sólo El Cielo de cualquier elemento con reminiscencias en clave política. Sólo poesía, por favor y gracias. 

No estoy muy segura de que me seduzca la apuesta por el riguroso blanco y negro, pero sí que me convence del todo que deje a Enrique interpretar y llenar el espacio en la inmensidad de una plantación californiana. Debo reconocer que me aburren ligeramente la introducción y la mayoría de escenas en las que aparece esta pintoresca amalgama de personajillos que van juntos en una camioneta con remolque incorporado, perdidos en la llanura americana y con dirección a ninguna parte (como no podía ser de otra manera), pero aportan cierta profundidad al argumento y ayudan a elevar la categoría del elemento comunicativo central, que es Bunbury, por supuesto. La combinación de visiones nocturnas y diurnas resulta coherente, aunque prestando atención a la canción, una servidora solo pueda apreciar luz matinal esperanzadora, luz fulgurante quemando retinas humanas directamente des del sol y alumbrando nuestras patéticas existencias. Y al final de todo, la guinda paranormal del pastel (una silueta del misterioso pájaro que forma parte de la simbología de Palosanto segado en mitad del campo), como si un videoclip no pudiera acabar sin una fotografía trascendental o metafísica, como si un campo no pudiera ser normal y tener bichos, ratas, barro y ya. Pero oye, la verdad es que te deja pensando (aunque no sepas en qué), con las mariposas en la barriga que te recuerdan lo minúscula que eres en comparación con el universo.


¿Qué nos deparará el futuro por lo que respecta a los videoclips de Enrique Bunbury? El mismo nos acaba de responder: No han visto nada todavía aún.
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