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| Durante el rodaje de Más Alto Que Nosotros Sólo El Cielo en Lancaster, Los Angeles, California. Fuente: rtve.es |
Enrique Bunbury despegó con el Palosanto Tour el pasado 14 de enero en su México D.F. querido del alma, pero para aterrizar en Barcelona todavía le queda un buen trecho (19 de junio). Como dijo un filósofo chino, la vida es eso que pasa mientras esperas que Bunbury dé un concierto en tu ciudad, así que yo, para matar el tiempo, y dado que ya desgrané todo lo desgranable acerca del álbum homónimo hace unos meses (podéis verlo aquí), me dedico a ver vídeos suyos y a pensar cosas absurdas al respecto para mis adentros. Después de llegar a la conclusión de que Nacho Vegas es la peor influencia estilística que ha pasado por la vida del gran esteta Bunbury (juzgad vosotros mismos aquí), me di cuenta de que perdería muchísimo más tiempo si compartía mis alocadas impresiones con el resto del mundo 2.0. ¡Allá va una de Bunbury a través de sus vídeoclips (10 momentos audiovisuales estelares por orden cronológico)!
Maldito Duende
Año: 1990
Dirección: Alberto Sciamma
Álbum: Senderos de Traición (1990)
Comenzada
la década de los noventa, y con el concepto de videoclip como obra de arte y
espejo del alma de un single más que asumido, pensaron que los
tiempos del croma ya formaban parte del lado oscuro de la historia de la
música, junto con el sintetizador, la canción protesta y Europe. Pero entonces
llegaron los Héroes del Silencio, en la cresta de la ola del rock
patrio, para devolvernos a todos al mismo centro de la contradicción y hacernos añorar los fondos psicodélicos de Demis Roussos en su tapón de champagne volador y desafiador de las
leyes de la física (ya ya, me ha quedado un poco forzado, pero es que no sé si
se me volverá a presentar la ocasión de compartir esta maravilla audiovisual
pop con el resto del mundo).
Reconozco
que al principio, cuando aparece el primer plano de Enrique Bunbury con
su cara de ángel en negativo (y gracias a la indulgencia con la que contemplo
cualquier clip made in the 1990s), casi casi me lo creo. Me enternece
escuchar cómo se esfuerza por pervertir esa voz bunburiana que, por mucho que
intenta rasgar y romper, sigue sonando algo inocente. Pero a partir del minuto
0:30, empiezo a tener dificultades para tomarme en serio eso de "Te
sientes tan fuerte que piensas/ Que nadie te puede tocar" cuando más
bien parece que me esté enseñando las espinacas radioactivas trituradas que se
está tragando, cual niño de 5 años burlándose del resto de comensales. Hacia el minuto 3:50 incluso parece que esté
regurgitando alguna hoja... Pero oye, la actitud sigue ahí, y más guapo no se
puede estar, así que, ¿qué más da si le gusta picar cosas raras mientras canta?
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Des de la boca de Enrique Bunbury, el tentempié favorito de la estrellas del rock
veganas: verduras fluorescentes deconstruidas.
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La Chispa Adecuada
Año: 1995
Dirección: Carlos Miranda/ Juan Marrero
Álbum: Avalancha (1995)
La
Chispa Adecuada, power ballad incluida en el
greatest hits de todo fan de Héroes que se precie, se compuso (o eso dice una
voz popular) como carta de despedida a la entonces novia de Enrique, Benedetta
Mazzini. Pero poco de sentimentaloide tiene el paisaje lunar enrojecido de este
video, en el que un alienígena escuálido llamado Bunbury nos habla de
sus listas de promesas a olvidar, de besos, de raíces y de cómo distinguirlos a
ambos. Algo me dice que las malas lenguas que señalaron un parecido estético
sospechoso entre el cantante de Héroes del Silencio y el de los Doors
(Jim Morrison) podrían tener su origen en el clip que viste este temazo.
Se ha de admitir, eso sí, que los paralelismos, no sólo físicos, sino
también musicales e interpretativos, entre el Rey Lagarto y el Aragonés Errante
alcanzan aquí su cumbre.
Para
cuando se publicó Avalancha, los Héroes del Silencio ya eran héroes de leyenda, y sus videoclips se grababan de forma consecuente con
este nuevo estatus de súper grupo consolidado (al menos de cara al público).
Tiraron la casa por la ventana para producir una fantasía onírico-marciana de
estudio con ojos de gato espectrales, hormigas extraterrestres gigantes y
plataformas giratorias (el momento Joaquín Cardiel dando vueltas con la
mujer/diente de león al fondo no tiene precio). Y
Bunbury, que para el 95 ya había dejado atrás la ochentosidad de las
bandanas y el all-black, provee del toque épico gracias a unos
maravillosos pantalones de campana con estampado de leopardo (aunque,
personalmente, me parecen el sumun de lo guai, tengo la sensación de que
convierten toda esta escenografía de desierto sideral incendiado en una especie
de burdel cósmico o en el salón de la casa de Alaska y Mario).
Salomé
Año: 1997
Dirección: Jorge Ortiz de Landázuri
Álbum: Radical Sonora (1997)
Radical
Sonora, el debut en solitario de Enrique Bunbury, fue
un absoluto desconcierto para la inmensa mayoría de admiradores de los
recién disueltos Héroes, empezando por esas pintas de Salsa Kid y el corte de
pelo a lo 'N Sync del ex-líder de los zaragozanos. Al parecer, Bunbury halló
todas las maneras humanamente posibles de romper con su imagen de teen idol
del rock gótico y las echó a la cazuela mientras iba preparando este
peculiar y complejo affair entre la electrónica y las voces árabes. Salomé fue
el primer sencillo del álbum y, escuchándolo, el porqué se hace más que
evidente; si un "¡Salome-iii-éeeeeeeeee…!" no le levanta de la
silla en cero coma, no es usted fan de Bunbury ni es nada, oiga. En esencia, y
como admitió en su día el propio compositor, se trata de una alabanza al mito
bíblico de Salomé trasladado al mundo industrializado. Porque, aunque des de
este 2014 en el que nos encontramos pueda parecer poco más que una
excentricidad, Radical Sonora es un disco muy conectado con el sonido de su
época, así como con su estética; Enrique se contonea, se dobla y se desdobla
bajo el techo que le proporciona una suerte de enjambre espacial babeliano del
futuro que bien podría haber usado Cher para alguno de los rompepistas de su
resurrección musical de finales de los noventa (y, bueno… No quería
decirlo, de verdad, pero… Ese peinado, esos movimientos de latin lover,
la camiseta de licra, el rollo Matrix/futurista, incluso el título de la
canción… ¿A nadie más le ha venido a la cabeza esto?).
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Lo siento, tampoco iba a decir esto, pero… Me recuerda al de La Mosca… ¿He
dicho ya que lo siento? Pues lo siento.
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Infinito
Año: 2000
Dirección: Fernando Eimbcke
Álbum: Pequeño (1999)
Este
es, sin duda, uno de los clips más interesantes y con menos pretensiones en la
trayectoria audiovisual del Hombre Delgado Que No Flaqueará Jamás, de esos
que no te molestan con paranoias prefabricadas y te dejan ver a Enrique
Bunbury at his very best, como dicen los anglos y la gente
moderna en general. Porque cuando tienes una personalidad artística tan
escalofriantemente arrolladora como la suya, cualquier tipo de attrezzo
es accesorio (quiero decir, particularmente, jamás me ha molestado un buen
empacho visual, pero tener la capacidad de llenar un plató o un escenario con
tu sola presencia te convierte instantáneamente en algo excepcional). Se
concibió como la "versión mariachi" de Infinito, que ya
contaba con dos videos (uno rodado en una cantina española y
dirigido por el mismo Bunbury, quien comparte plano, botella y mal de amores
con dos viejos amigos suyos, Shuarma y Morti, y otro que
incluye a Enrique tumbado en una cama con parejas de señores y señoras mayores
bailando a su alrededor. Sí sí, no tiene desperdicio…). Se grabó, con
acompañamiento al acordeón de Julieta Venegas, en una cantina
poco conocida en pleno centro de México, donde asistimos al derramamiento
de pena a corazón abierto que resulta ser esta ranchera pastiche, todo
ello des de la perspectiva de un misterioso bebedor de tequila que acaba siendo
nuestro Enrique (¡cómo no!). Su actuación es sencillamente brillante y sentida
(aunque me inquiete bastante que haya o no alguna intención interpretativa en
el hecho de que los dos protagonistas, Enrique y Julieta, no se miren en ningún momento), y me hace
pensar si, por muy híbrido genérico que sea el tema, no será esta, la mexicana,
la forma más coherente de abordarlo tanto musical como visualmente. La verdad
es que, viendo este videoclip, no me costaría nada aceptar que Infinito formara parte del cancionero popular centroamericano.
Sácame de Aquí
Año: 2002
Álbum: Flamingos (2002)
Sácame de Aquí, a parte de
ser una canción de esas que, por consideración con el oyente, necesitaría que
se le colgara en la puerta un cartel de "cuidado con la número 4 de Flamingos,
muerde corazones", viene con un videoclip que es el sueño de todo devoto
de la religión bunburiana y de la mitología del rock & roll. Rodado con un rollo nouvelle
vague que le otorga cierto regusto nostálgico, la magia surgió en una
habitación de hotel en algún punto indeterminado del continente americano, y
encapsula con maestría y buen gusto esa romántica aura nómada de la
vida de la estrella del rock (un Keith Richards cualquiera se hubiera
sentido como en casa en semejante barco pirata de secano). Es a partir de este
momento que la imagen del Enrique Bunbury que va a comprar al súper con
sombrero de cowboy y botas de serpiente se asienta en la memoria colectiva del
gran público, y sus gestos y aspavientos afectados comienzan a perfilarse como
parte de la personalidad del showman que todos conocemos y amamos. Por mucho
que nos fascinen sus experimentos y desafíos frente a lo convencional (y
sin la más mínima intención de meterlo en ningún cajón, que luego viene Enrique
con su bate de béisbol y ya sabemos lo que pasa), este es el Bunbury de nuestros sueños y en su máximo
esplendor, con sus veinte mil colgantes de chamán, su boa enganchada al micro a
lo Janis Joplin, su sombrero western, sus gafas aviator y
¡ai!, esos bell-bottoms con lentejuelas plateadas que ya los hubiera
querido Rod Stewart antes de dedicarse a ser cantante de canciones de ascensor.
Se dice y se cuenta que en la misma época de la
grabación de este vídeo se juntaron unos tales Loquillo, Andrés
Calamaro, Jaime Urrutia y Enrique Bunbury para hacer una
versión de un tema del de Gabinete Caligari, ¿Dónde estás?. De
ahí la fugaz aparición de Diego A. Manrique y del mencionado Urrutia
hacia el minuto 1:17 y el 1:29. Pues eso, que no se le puede pedir más a un
videoclip, creo yo.
Hay Muy Poca Gente
Año: 2008
Dirección: Cristian Pozo
Álbum: Hellville De Luxe (2008)
Seguramente
el trabajo más rock del boxeador de Zaragoza, Hellville De Luxe y
los tiempos que lo vieron nacer supusieron, tal y como insinuó en varias
entrevistas durante la promoción de Licenciado Cantinas,
un profundo viaje retrospectivo a la raíz norteamericana, rústica y guitarrera
de Bunbury. Es probable que sea esa la razón por la que Hellville fue tan
calurosamente recibido por los fans casuales y los rockeros poperos
desconocedores de la discografía temprana del Enrique Bunbury solista.
Curiosamente y al unísono, entre esto y la sonadísima mini-gira de
reconciliación de Héroes del Silencio que tuvo lugar a finales de 2007,
se inició una tímida reconciliación con las legiones de seguidores de su
antigua banda, que dejaron de corear "¡Héroes, Héroes, Héroes!" y
pedir Iberia Sumergida sistemáticamente y con mala baba en todos sus shows
(¡gracias!). Además, Hellville De Luxe nos cayó como agua de mayo tras
el parón discográfico más largo hasta la fecha en la carrera de Bunbury (cuatro
años tuvieron que pasar des del brillante, intrincado y latinísimo El
Viaje A Ninguna Parte).
Hay
Muy Poca Gente no es el tema más espectacular del álbum si lo
que buscas es el exceso y la explosividad lírica que es marca de la casa
bunburiana, pero el estribillo te atraviesa el alma, y la elegía por la
resignación del mártir moderno que destila su letra hace que cualquiera se
sienta comprendido (¿o sólo me pasa a mí?). Por lo que estrictamente concierne
al videoclip, es un caramelo visual agridulce, crudo como los nueve puñetazos
(si no he contado mal) que le propinó el director a un Bunbury imperturbable (por
lo visto, el único de todo su séquito de músicos, técnicos, asistentes,
ejecutivos y periodistas que se atrevió a girarle la cara). Pone sobre la mesa la podredumbre de los cerebros domesticados
por la rutina y la convención de la vida contemporánea, y si no fuera por
el tono verde-mohoso con el que se barnizó el ambiente, diría que lo hace con
cierta piedad. Y bueno, a parte de todas estas cosas serias que acabo de
soltar, me reí mucho contemplando las papadas temblorosas del personal,
¡faltaría más! Mis preferidas las de Enrique, claro, pero hay unas cuantas
bastantes míticas, con mención especial para Ramón Gacías (segunda) y muy muy
especial para Álvaro Suite (cuarta), por la perfecta rotación centrífuga de su
hocico. ¡Dios bendiga el slow motion!
De Todo El Mundo
Año: 2010
Dirección: Alexis Morante
Álbum: Las Consecuencias (2010)
Con Las Consecuencias
empieza la historia de amor entre Bunbury y una servidora que está al teclado,
y es por eso que siempre me costará ser objetiva a la hora de juzgar las
virtudes y defectos de todo lo relacionado con este su sexto disco. Las
Consecuencias también señala el nacimiento del tándem artístico
Enrique Bunbury/ Alexis Morante, que es como el matrimonio ideal en el
mundo audiovisual del panorama hispanohablante. No sé qué clase de
telepatía ultraclarividente surge entre estos dos pero, en vista de los
resultados, no puedo más que rendirme a sus pies; De Todo El Mundo
(el videoclip) es una soberbia traducción visual del tema que le da nombre,
nada más y nada menos. Prácticamente se podría descifrar su melodía con la
única ayuda de las imágenes. ¿Os parece poco? A mí me parece lo único, lo
imprescindible y lo más difícil de conseguir, en vista del erotismo simplón o
las historias manidas y poco originales que inundan la MTV (¿pero qué gilipollez
acabo de decir? ¿Música en la MTV? ¿En 2014? Perdonad, es que a veces me puede
la nostalgia). Después de ponerse arty-farty con el vídeo del primer
sencillo (una versión mucho más que digna del Frente a Frente de Jeannette), que fue dirigido por Juan
Antonio Bayona (El orfanato, Lo imposible, videoclips de Camela varios… Sí, yo también flipé en colores, jamás imaginé que
algo pudiera motivarme a invertir seis minutos de mi vida en Camela), Enrique
decidió que se iba a poner en serio con esto de los vídeos musicales. Y fue
entonces cuando Morante entró en escena y nos deslumbró con esta bella metáfora
de uno de los temas recurrentes de la literatura bunburiana: la figura del
músico nómada, el espíritu errante, el vagabundo. Bunbury camina sin más
referente que el horizonte por una carretera polvorienta e infinita, hecho un
pincel con su traje de músico y su funda de guitarra por maleta (sólo sabe que lo que le queda, en un solo bolsillo lo puede llevar).
No puedo sino evocar a una suerte de Robert Johnson chicano dirigiéndose al
cruce de caminos para vender su alma al diablo (o para subirse a un
siniestro barco pirata flotante, lo que ocurra antes).
Ánimas Que No Amanezca
Año: 2012
Dirección: Alexis Morante
Álbum: Licenciado Cantinas (2011)
A principios de esta década en la
que nos encontramos ahora mismo, parecía que Bunbury había pillado una
corriente australiana creativa y nos iba a deleitar con un disco por año,
al más puro estilo Bob Dylan. Licenciado Cantinas es una
exquisita revisión de la herencia latinoamericana en la música del español. Con
su primer disco íntegramente compuesto por versiones (aunque Enrique es
bastante dado a mostrar sus respetos por aquellos a los que admira con algún
que otro cover, el último junto a la Gran Señora de la Canción, María
Dolores Pradera) consigue adueñarse de cada canción hasta la últimas
consecuencias; de nuevo, podríamos llegar a aceptar que esta cuidada colección
de clásicos (y no tan clásicos) de la música latinoamericana va firmada por
Bunbury de arriba abajo (si no fuera por la total ausencia de oscurantismo en
las letras, yo me lo creería fijo).
Si con el videoclip anterior estaba
dispuesta a besar el suelo que pisara el señor Alexis Morante por los siglos de
los siglos, con el de Ánimas Que No Amanezca se me cayó el
mito al suelo pero en plan kamikaze, a lo bestia. ¿Qué había pasado con esa
sincronía perfecta entre sonido e imagen, ese sublime ejercicio de sinestesia
de cinco minutos que había creado con De Todo El Mundo? En
algún momento llegué a plantearme si se había dignado a escuchar el tema
alrededor del cual debía construir su historia, porque no lo parecía; ni en un
millón de años hubiera conectado lo que estaba viendo con lo que se escuchaba.
Y la discordancia era, si cabe, aún más grave teniendo en cuenta que Bunbury le
había ofrecido en bandeja una imaginería tan jugosa, obvia y bien perfilada,
que la cosa no tenía perdón de Dios se mirara por donde se mirara. Una se pone
a escuchar Ánimas y en cuestión de segundos no ve más que
amarillos, ocres, cobrizos, dorados, noche, luces de neón, bares de carretera,
cantinas, cerveza, quintos rebosantes, whisky, tequila, limón y sal,
gritos, sudor, calor, palizas, puñetazos, maleantes, bandidos, fueras de la
ley, diversión, desenfreno, locura, rodeos, mariachis, boogie y ¡que no amanezca,
joder! ¿Y qué da Morante a cambio? Disfraces de los White Stripes para toda la
banda, un puñado de Walking Deads como espectadores y estalactitas de hielo
(repito: Estalactitas. De. ¡¡¡HIELO!!!). En realidad es una pena, porque el
discurso es extremadamente coherente y, por lo que concierne a la estética, se
trata de una auténtica golosina timburtoniana. Sólo hay un (gran) problema: la
canción y el vídeo hablan distintos idiomas.
El Solitario (Diario De Un Borracho)
Año: 2012
Dirección: Jose Girl
Álbum: Licenciado Cantinas (2011)
El Solitario (Diario De Un Borracho), otra
de las bombas de relojería rítmicas de Licenciado Cantinas, va envuelto
en un curioso videoclip que se aleja de la grandilocuencia y el
superproduccionismo del resto de proyectos audiovisuales que acompañaron al
disco. El Bunbury de comienzos de década estuvo bastante implicado (y
acertado) en la producción cinematográfica (23-F: la película (2011), Blackthorn
(2011), Blancanieves (2012)) y, seguramente espoleado por sus humildes y
primerizos pinitos en el mundillo del séptimo arte, se aventuró a proyectarse
en un trabajo filmográfico de mayor envergadura mediática. Para marcar
contraste, Jose Girl (fotógrafa zaragozana y pareja sentimental de
Enrique Bunbury) toma las riendas de la realización y nos regala la perspectiva
cercana de una pareja de solitarios del todo atípica. La franqueza de las
imágenes, los primeros planos borrosos y las persecuciones visuales
"estabilizador off" construyen una estampa tan excéntrica
como encantadora. Sumamente interesantes las escenas de parafraseo del Subterranean Homesick Blues con
Enrique al fondo imitando al pensador de Rodin. Y, obviamente, ¿quién no ha
muerto de amor, cual Lola Flores, por el traje rojo Bugatti que se gasta?
Llamas en los pies, remaches de bisutería, calaveras mexicanas y sombreo a
juego con todo ello (!!!!). Y eso por no hablar de la criaturita vestida
de punta en blanco que parece estar esperando a que sus padres la lleven
a domar leones o a servir cócteles en un freak show (¿Freak Show?
¿quién ha dicho Freak Show? ¿Cuándo? ¿¡¿Dónde?!?). Me río
en la cara de todas las revistas del corazón y los pseudogroupies de la moda
que desdeñan los estilismos de Bunbury cuando va a los Grammy Latino; deberían
levantarse cada mañana y dar gracias a Dios porque existan rockeros que se
vistan con la altisonancia y la solemnidad de un jefe masai. El día en que
Enrique Bunbury salga al escenario con unos tejanos de pitillo del Topman y una
chupa negra, el día en que se parezca más a Alex Turner que a Gram Parsons o
que a un fan del tribal guarachero, ese día, señores y señoras, comenzará el
declive de las civilizaciones tal y como las conocemos (para los que
no estén familiarizados con el término "tribal guarachero", que
sepan que sus vidas están incompletas y que den click aquí).
Más Alto Que Nosotros Sólo El Cielo
Año: 2013
Dirección: Alexis Morante
Álbum: Palosanto (2013)
A finales de noviembre del pasado
año se estrena el vídeo del segundo sencillo de Palosanto, último
trabajo discográfico de Enrique Bunbury, así como su decimocuarto "disco
de transición". De transición en transición y tiro porque me toca, no
tendría ningún tipo de reparo en volver a psicoanalizar este tremendo álbum y
la brutal sutileza de su carácter innovador, y mucho menos el caso concreto de Más
Alto Que Nosotros Sólo El Cielo, canción de cuna cósmica que se perfiló
des de la primera centésima de segundo como el tema más poderoso de la
colección. Pero para eso ya publiqué esta entrada, así que ahora estamos por lo
que estamos.
Nuestro a ratos amigo, a ratos
enemigo Alexis Morante vuelve a la carga con el clip de Más Alto y, en
líneas generales, sí, se redime bastante de la asincronía idiomática de Ánimas
Que No Amanezca. Con el del primer single, Despierta,
nos da todo lo que queremos y más (leñazo en la cara catódica de Mariano Rajoy,
ovnis y cameo de Iker Jiménez incluidos): una producción ambiciosa más una
cucharada de controversia bien fundada dan lugar a un modesto revuelo
mediático (qué le vamos a hacer, ni siquiera Bunbury puede despertar las
conciencias artísticas de un amplio sector de la sociedad en
perpetuo letargo). Y para que no parezca que tienen la más mínima intención de
sermonear a nadie, que este no es un videoclip de la crisis ni tonterías de
esas, despojan a Más Alto Que Nosotros Sólo El Cielo de
cualquier elemento con reminiscencias en clave política. Sólo poesía, por favor
y gracias.
No estoy muy segura de que me seduzca
la apuesta por el riguroso blanco y negro, pero sí que me convence del todo que
deje a Enrique interpretar y llenar el espacio en la inmensidad de una
plantación californiana. Debo reconocer que me aburren ligeramente la
introducción y la mayoría de escenas en las que aparece esta pintoresca
amalgama de personajillos que van juntos en una camioneta con remolque
incorporado, perdidos en la llanura americana y con dirección a ninguna parte
(como no podía ser de otra manera), pero aportan cierta profundidad al
argumento y ayudan a elevar la categoría del elemento comunicativo central, que
es Bunbury, por supuesto. La combinación de visiones nocturnas y diurnas
resulta coherente, aunque prestando atención a la canción, una servidora
solo pueda apreciar luz matinal esperanzadora, luz fulgurante quemando
retinas humanas directamente des del sol y alumbrando nuestras patéticas
existencias. Y al final de todo, la guinda paranormal del pastel (una silueta
del misterioso pájaro que forma parte de la simbología de Palosanto segado
en mitad del campo), como si un videoclip no pudiera acabar sin una fotografía
trascendental o metafísica, como si un campo no pudiera ser normal y tener
bichos, ratas, barro y ya. Pero oye, la verdad es que te deja pensando (aunque
no sepas en qué), con las mariposas en la barriga que te recuerdan lo minúscula
que eres en comparación con el universo.
¿Qué nos
deparará el futuro por lo que respecta a los videoclips de Enrique Bunbury? El
mismo nos acaba de responder: No han visto nada todavía aún.










