11/3/15

There's no place like London


"Why, Sir, you find no man, at all intellectual, who is willing to leave London. No, Sir, when a man is tired of London, he is tired of life; for there is in London all that life can afford."
 Samuel Johnson, discutiendo con James Boswell en Londres, 20 de September de 1777








Pepe Jeans cap, Mango oversized blazer, Primark chain, Benetton scarf, Blanco/ vintage pins, Mango bracelets, 
H&MBlanco rings, Bershka laptop bag, Tommy Hilfiger mum jeans, Dogo shoes. Photography by Guille Cara.

Con el estreno de Big Eyes (2014), me acordé del principio de Sweeney Todd, sobretodo en su versión cinematográfica dirigida por Tim Burton (la teatral también es definitivamente digna de recordar, como por ejemplo la de Mario Gas aquí en España, en 2009, pero es que el acento británico falso de Johnny Depp hace tanto... En castellano peninsular no acababa de sonar igual de bien). 


Resulta que, en dicha escena, aparecía primero un chaval (Jamie Campbell Bower) que por el mal color de sus dientes se intuía que había nacido en Inglaterra. Inmediatamente después, empezaba a cantar lo siguiente: I have sailed the world, beheld its wonders/ From the Dardanelles to the mountains of Peru/ But there's no place like London ("He navegado por el mundo, contemplado sus maravillas/ Desde los Dardanelos hasta las montañas de Perú/ Pero no hay lugar como Londres"). Y básicamente esto es lo más interesante que aportó al total de la película, así que paso de hablar de él. Por fortuna, enseguida lo interrumpió Depp en el papel de Benjamin Barker, un barbero diabólico de Fleet Street, la calle de la prensa británica (¿qué hacía un barbero diabólico en la calle de la prensa británica? A parte de degollar a gente y hacer tartas con sus cuerpos, ni idea). Estaba en un barco, con cara de querer matar a alguien para después arrepentirse y llorar (es decir, con cara de personaje de peli de Tim Burton). Había mucha niebla y tenía un trozo de pelo blanco, rollo Cruella de Vil. Y cantaba algo que decía así: I too have sailed the world and seen its wonders/ For the cruelty of men is as wondrous as Peru/ But there's no place like London ("Yo también he navegado por el mundo y visto sus maravillas/ Y la crueldad del hombre es tan asombrosa como Perú/ Pero no hay lugar como Londres"). 

No hay lugar como Londres. Londres es EL LUGAR. No "se ama o se odia", que es la típica frase cliché que utilizan los fans de U2 para justificar que todo el mundo piense que su grupo favorito es un pestiño menos ellos. Londres se ama Y se odia SIMULTÁNEAMENTE, como en la canción de Tyler, the Creator. Es tan suyo y tan de todo el mundo que se le puede adorar y detestar a partes iguales. Precisamente hay un portugués que ha escrito un libro sobre el tema, aunque se ha centrado un poco más en la faceta detestable...

Una de las pocas razones que existen para aborrecer Londres es su devoción por los iconos. Resulta excesiva hasta para el londrésfilo más devoto, no hablemos de aquellos acostumbrados a oír las campanas de St Mary-le-Bow desde la cuna, que deben de estar educadamente hasta las narices (los británicos todo lo expresan con educación, hasta la inconformidad).  Caminar por el centro de Londres un día normal es como adentrarse en un escaparate giratorio de Isabel II, cambios de guardia, Union Jacks, autobuses de dos pisos, Sherlock Holmes, Big Ben y fish and chips. Finalmente, eso sí, se le acaba cogiendo cariño a todo; hay gente loca que hasta empieza a pensar que los bagels estan buenos. Paralelamente, tengo una tía a la que llamo Clau y que mola más que tomar el brunch en el Soho. Por eso un día, sin yo merecerlo ni nada, me regaló estos oxfords, que son un revuelto con sentido del humor y clase de los más célebres iconos londinenses. Los diseña una marca turca muy joven y buen-rollista llamada Dogo, y todo lo que hacen es naturalmente encantador y está lleno de ilusión (y se nota). Además, son geniales para pasar horas pateándose centros de Londres o, en su defecto, de cualquier otra ciudad menos cool donde se esté (no hace falta recurrir a las Stan Smith a la desesperada, normcoretas).

El resto de lo que llevo sólo sirve para recrearme por oposición e incoherentemente alrededor de los zapatos, los obvios y londinenses protagonistas. Me explico; no hay cosa más London que Pepe Jeans, así que toma gorra established in 1973 para poder hacer como que vivo en Hackney y he ido a ver Boyhood (2014) porque me gustan las cosas insípidas y/o que duran 2 horas 45 minutos. Blazer gigante, jersey de cuello alto con melena por dentro para crear la ilusión de un bob (gracias, Leandra Medine, ya no me siento tan tonta por meterme el pelo hasta por dentro de las camisas), mum jeans y marcando cowboy crutch. Brazaletes a dúo, porque me creo guay y porque carezco de espontaneidad, como les pasa a los británicos. Los pins y los cordones de zapato atados en las muñecas son mi manera de volver a la adolescencia, pero sin dar la sensación de que no tengo sentido de la ironía ni preocupaciones reales. La cadena dorada y el anillo de PEACE, para que todo el mundo sepa que I got 99 problems but no ser gangsta ain't one. Y el otro anillo, el de la fresita, pues porque Strawberry Fields Forever, los Beatles, yo qué sé... No eran de Londres pero la mayoría de la gente cree que sí. La conclusión es que me parezco a un chavalín de novela de Los Cinco experimentando con su identidad sexual y con los jerséis de cuello alto, cosa que no tiene mucho que ver con Londres pero que como concepto estilístico está bien.

Es así, niños y niñas, como se consigue un London street style sin apenas recurrir a tópicos. Estoy segura de que nunca nadie se cansaría de llevarlo puesto; tiene todo lo que Londres puede ofrecer. Feliz miércoles y recordad; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

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