25/3/15

Police Station Blues

Police Station Blues, Peetie Wheatstraw, Well oh well/ Mama now on some old rainy day/ Hoo-hoo-um-ummm/ Baby I see you some old rainy day/ Well well now you gonna  be sorry/ Hoo-hoo-um-ummm/ Baby now you walked away, British police, Scotland Yard, Metropolitan Police Service, City of London Police, bobby, royal cypher, Elisabeth II Regina, father figure, paternalism, hooliganism, British tourist, City of London, Brick Lane, UK, oppression, hippies, glamers, punks, Sex Pistols, 1960s, 1970s, bobby meets punk meets glam, caps, hats, patent leather, oxfords, safety pins, badges, high class, frogs, Jacques Tati







Vintage police cap, Mango long chain, vintage necklaces, Zara shirt, Mango jacket, H&M rings, Mango belt,  
Mango trousers, Mango bag, Zara oxfords. Photography by Guille Cara.

Un poli británico es más que un poli de cualquier otro país del mundo. Incluso Jacques Tati lo sabe reconocer (y con sentido del humor, que ya es mucho decir para un francés): 


Pronunciar la palabra "policía" seguida de "británico" me parece casi un epíteto, una repetición de conceptos prácticamente confundibles, pues no hay nada más británico que un policía, ni falta algo de policía en todo buen británico. La Scotland Yard es el Elvis Presley de todos los cuerpos policiales; lo que vino después o procede de los alrededores no son más que esfuerzos baratos por imitar al auténtico rey. El bobby es la referencia, el arquetipo, el ejemplo enciclopédico. Son las mamás y los papás de todos los reinounidenses; les quieren porque no tienen más remedio y porque, en teoría, hacen lo que hacen por su bien, pero tanta vigilancia y toque de queda acaba por implantar un germen de autorrepresión colectivo que, tarde o temprano, habrá de explotar y abocarles al hooliganismo o a los veranos etílicos y nudistas en la Barceloneta.

Pero existió algún que otro lapso espacio-temporal durante el cual les fueron ofrecidas formas más saludables de canalizar este sentimiento de opresión nacionalizado. En los sesenta, por ejemplo, la juventud se convertía al hipismo; se pintaban los ojos, se hacían coronas de flores, fumaban porros y predicaban el amor libre. La cuestión de si detrás de toda aquella parafernalia utópica se amagaba una ideología con sustancia es más que discutible, y la historia lo ha puesto en evidencia, pero sigue siendo preferible y menos nocivo que partir botellas de whiskey en cabezas ajenas porque ha perdido el Arsenal.

Hacia principios de los setenta la cosa empezó a degenerar y apareció el glam. Luego, ya a finales de la misma década, degenera del todo y salen los punks, que en realidad son hooligans con cresta y collares de pinchos procedentes de un programa de protección de testigos. Como alternativa cultural civilizada dejaban de ser útiles, aunque se pasaban la vida quejándose. No sabían muy bien de qué, ni cuál era exactamente su reivindicación, pero nunca sobran elementos que revuelvan conciencias colectivas, por muy shock value hueco que sean.

Policías intentando controlar a los fans de los Beatles en los sesenta. Via pinterest
La policía consigue acabar con la famosa ocupación hippie de la mansión del 144 en Piccadilly, Londres, 1969. Via flashbak.com
Caroline Coon manifestándose frente al Old Bailey (Tribunal Penal Central) en Londres. Fotografía de Felix Dennis. Via felixdennis.com


Los Sex Pistols con su mánager Malcolm McLaren firmando un nuevo contrato con A&M Records ante la atenta mirada de las
autoridades policiales y en frente de Buckingham Palace, Londres, 10 de Marzo de 1977. ¡La antítesis y la sátira hechas foto!
Fotografía de Graham Wood/ Evening Standard/ Hulton Archive/ Getty Imges. Via Getty Images
Fotografía de Graham Wood/ Evening Standard/ Hulton Archive/ Getty Imges. Via Getty Images
Quiero pensar que, en resumen, este outfit es una suerte de boda atuendística entre un bobby y un punk oficiada por un cura glamer, dos mundos que dejan atrás sus diferencias y se entregan el uno al otro en favor de lo que los une; un acentuadísimo pedigrí británico. Es evidente que la combinación de gorra y chupa ejercen hoy de símbolo reconcentrado de este insólito matrimonio estilístico entre autoridad y  cultura popular anglosajona. 

La gorra, por su parte, es una pequeña reliquia adquirida hace un verano en Brick Lane, que creo haber comentado ya alguna vez que es uno de los mejores lugares de Londres y, por ende, del mundo entero. Estaba en un puesto de ropa militar regentado por dos señores muy amables (como casi todos los londinenses, por otra parte). Uno de ellos estuvo un rato hablándome de los diferentes sombreros expuestos y de lo que era el monograma real. Me explicó que no tenía muchos detalles acerca del mío en concreto; era de policía y relativamente nuevo por las excelentes condiciones en las que se encontraba, pero no estaba seguro de a qué cuerpo podía pertenecer, puesto que le faltaba la típica banda a cuadros blancos y negros con la insignia que acostumbra a rodear la parte de la corona. Me comentó, además, que era una pieza algo curiosa porque conservaba en perfecto estado una especie de gorro de ducha negro de plástico; por lo visto, era algo que solía utilizarse para cubrir la copa de fieltro durante los días lluviosos (que en Londres bien pueden ser 8 de 7 a la semana). Cuando volví investigué un poco y estoy casi convencida de que se trata de una gorra de la City of London Police, que es el cuerpo de policía oficial de la City de Londres, el único lugar de la ciudad donde la Policía Metropolitana no tiene jurisdicción.

La chupa es guay porque es plateada, craquelada y con todas las ventajas de no ser de piel. Luego,   collar de macarra con placa e imperdibles gigantes por aquí y anillos-para-marcar-cuando-se-dan-puñetazos por allá, haciendo de contrapeso gamberro de los oxfords de charol y los pantalones de pinza. Y el cuello alto debajo de camisa à la Wolowitz porque han dicho en las noticías que va a volver el frío siberiano, y también porque mi abuela me decía de pequeña que las capas de ropa son Jesucristo resucitado. Todo listo, pues; punks y policías ya pueden besarse.

Puede que esta entrada también haya degenerado un poco demasiado... Recordad; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

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