12/9/14

Wherever she laid her hat was her home


“You’re never alone with a hat, Papa Was a Rolling Stone, borrowing from granny, UK, Britain, England, British countryside, very British, British style, school girls, The Orphanage (2007), tea time, Royal Ascot, Ascot street style, Ascot with no etiquette, giving jeans a chance, giving boyfriends a chance, a grungy touch won’t hurt nobody, elegantly wasted, mad hatter, hatmakers, milliners, Philip Treacy, Stephen Jones, pearls are for old women, too many accessories, Leandra Medine's hands, lucky beetle, effortless, coral is the new black, supermarket leather bag (how ‘bout that, Kanye West?), bowler hats with flowers are something out of this world, attention whore, autumn I want you back, falling leaves, what's the weather like?, learning to small talk”














DIY flower, Zara bowler hat, H&M/vintage/souvenir necklaces, Mango long shirt, Primark/H&M/vintage
bracelets, Primark/Mango/vintage rings, vintage belt, vintage boyfriend jeans, Mango bag, Blanco scarf, 
Zara platform sandals
Desde que tengo uso de razón se me ha dado mal el hablar por hablar, la cháchara, el parloteo, la conversación de ascensor, el small talk, bla-bla-blá, chitter-chatter. Jamás comprenderé, dentro de este kit de supervivencia social por fascículos que empezamos a coleccionar a los tres años y completamos en algún momento entre el primer beso y la última rave, qué tipo de cachivache absurdo es la obligación moral y universal de romper los silencios. Decía un tal Blaise Pascal que todos los problemas de la humanidad provienen de la incapacidad del hombre para sentarse en una habitación solo y callado. Hablar es lo mejor que se puede hacer si se tiene algo que decir y lo peor si no se tiene nada. Es gracioso que en la vida se haga justo lo contrario, ¿verdad? ¿O es triste? ¿O las dos cosas? Lo que está claro es que es absolutamente desesperante. 

La insignia más preciada y socorrida de ese boy scout populachero que todos llevamos dentro es la charla sobre el tiempo. Dependiendo de la coyuntura cultural, política y económica se puede sacar el tema de la muerte de Botín, la separación de las Spice Girls o la debacle de Twitter en bolsa, pero se corre el riesgo de resultar controvertido o (peor aún) de dejar que el interlocutor intuya que tenemos una opinión más o menos formada sobre algo. La climatología, por el contrario, no es que estimule mucho el enfrentamiento verbal; si te encuentras con alguien y le sueltas que qué día más malo, que vaya chaparrón está cayendo, nunca te contestará en plan "ya, pero es todo culpa de la Spice pelirroja".

Cambios estacionales, ¡el momento idóneo para sacarle jugo a la conversación del tiempo! Y especialmente ahora, que volvemos a nuestros puestos de trabajo y centros educativos y todavía no podemos recurrir a los típicos ¿Ya has estudiado algo de cinemática? o ¿Te has enterado de lo del de contabilidad?. "Pues no ha hecho mucho calor este verano..." o "Parece que se va a alargar el veranillo del membrillo hasta octubre..." son dos ejemplos de posibles rompehielos que nos pueden llevar de un bajo hasta un sexto piso cómodamente y sin apenas intervalos silenciosos.

Además de como comodín conversacional, parece evidente que el clima es un asunto decisivo a la hora de escoger el atuendo del día, por mucho que las fijas de la semana de la moda de Nueva York se empeñen en ir sin medias en febrero y con botas en agosto. Y como se acerca el otoño, hay que hacer que se note, oigan, que para eso está la ropa, para explicar lo que pasa en el mundo sin tener que hablar. Es tras esta última revelación, finalmente, que conseguí dar forma al ensemble del presente post. Tanto rollo para unos boyfriends rotos y una camisa larga de rallas, sí sí, qué complicadas somos las chicas.

El otoño me recuerda al Reino Unido y a sombreros, pero eso tampoco es decir nada destacable porque a mí todo me recuerda a Reino Unido y a sombreros, las dos cosas juntas, y no casualmente; la historia del sombrero está estrechamente ligada a la de las Islas Británicas, y no por nada los sombrereros más famosos y fabulosos del planeta en la actualidad (Philip Treacy, Stephen Jones) nacieron en ellas. Los sombreros también son una cosa curiosa, se les atribuye un poder peculiar en nuestros días; se puede ir en camiseta blanca y tejanos, pero con un gorro en la cabeza se deja de ser la cosa más anodina del mundo para convertirse automáticamente en un maldito, un excéntrico, alguien que oculta algo, una pseudo-celebridad.Y si coges un bombín y le plantas una flor pomposa y gigante en medio te transformas en una excéntrica pseudo-celebridad de la tercera edad que toma el té de las cinco en un loft de la campiña inglesa y está abonada al hipódromo de Ascot. Cruzar la puerta de una clase con algo así es lo más cerca que estaré jamás de ser David Guetta entrando en Pacha Ibiza.

British Royal Ascot de 1932. Via enchantedvintageclothing.com
Flappers en el Royal Ascot, década de 1920. Via enchantedvintageclothing.com
Ascot en la década de 1930. Via enchantedvintageclothing.com
Royal Ascot, años 1920. Via vintagefashionfairs.com
Lo que se iba a llevar para el Royal Ascot de 1926. Via vintagefashionfairs.com
Royal Ascot edición de 1946. Via vintagefashionfairs.com
La camisa me recuerda a las batas que se ponían las niñas bien de colegio inglés para salir al recreo a principios del siglo XX, rollo El Orfanato (2007). La mitad me la he metido por dentro del pantalón y la otra la he dejado por fuera para ir un poco de "soy medio buena y medio mala, no tengo remedio", como diría Pharrell Williams. Me he puesto tejanos tras unos mil millones de años sin acercarme a ningunos (y en su súper actual versión boyfriend) porque he observado que ya están empezando a decaer en popularidad, así que me he dicho "¡ahora es la mía, para fastidiar!". Lo del bolso es una réplica a los transgresores pantalones de chándal de piel de Kanye West; damas y caballeros, con ustedes la BOLSA DEL MERCADONA DE PIEL. Y luego, para acabar, me dio un venazo Leandra Medine y comencé a combinar pulseras, anillos y collares de forma radicalmente irracional pero con la intención de que quedaran misteriosamente ideales. No sé si me habrá salido tan bien como a ella, me conformo con haber quedado cerca.

Voy finiquitando esta entrada y me doy cuenta de que he hablado mucho. Sin embargo, no estoy segura de que tuviera grandes cosas que decir (¿BOLSA DEL MERCADONA DE PIEL? ¿HOLA? ¿DE VERDAD NO ESTOY SEGURA?). Aunque, bien mirado, eso podría ser positivo. Quizás esté aprendiendo a hablar por hablar, y puesto que desesperante ya lo soy desde siempre, iré más acorde con la vida. Recordad; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

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