13/8/14

Couldn't Stand the Weather


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Hay gente capaz de despertar en los demás vergüenza ajena y veneración al mismo tiempo, como si fueran poseedores de un talento ubicuo para repeler y fascinar simultáneamente. Con el tiempo, he acabado por achacar dicha facultad a una suerte de frikismo idiosincrásico, una devoción incondicional y desvergonzada hacia algo o alguien que convierte al que la profesa en un anillo del humor humano; va cambiando de color, de patético a admirable con sus gamas intermedias, en función del estado de ánimo del que lo contempla.

Pamela Des Barres es de ese tipo de criaturas que son insoportables y adorables en proporciones equivalentes, cosa que dificulta su correcto etiquetaje cultural: ¿leyenda viva o petarda oportunista? ¿Heroína o tonta del bote? Todo depende: si te gusta el verano y sudar y todo eso y estás de vacaciones y no tienes nada mejor que hacer que releer sus memorias tituladas I'm with the Band: Confessions of a Groupie, probablemente te parecerá que deberías recitar los capítulos sobre Jim Morrison y Mick Jagger cinco veces al día mirando a la Meca (no explicitaré el contenido de los mismos porque es posible que mi madre lea esto); si estás estudiando para un examen de mecánica, te darán ganas de abofetearla y decirle que se busque un trabajo de verdad y un poco de amor propio. Pero quitando el álbum-barra-aberración que grabó con su grupo de groupies, the GTOs (pertinentemente llamado Permanent Damage (1969), ya que eso es exactamente lo que sufrirá vuestro cerebro si os atrevéis a escuchar cualquiera de los temas que lo componen), suelo situarme en el bando de los que sienten simpatía por Miss Pamela, y mientras me ponía el fabuloso collar buey-forme con cuernos de turquesa que llevo en las fotos, me acordé de todas las camisas de rodeo con flecos y cráneos de vaca que confeccionó la pobre Pam en vano para Chris Hillman y tantos otros desagradecidos estrellitas del country rock. Como mínimo, es un personaje mucho más honesto y sustancial que la posterior hornada de groupies mojabragas del Sunset Boulevard, capitaneadas por Sable Starr, cuya indumentaria digamos que dejaba poco a la imaginación. Sus zapatos solían molar, eso sí, y reconozco que me acordé de la locaza de Lori Maddox cuando descubrí los zancos plateados del presente post.

Miss Sparky (Linda Sue Parker) y Miss Pamela (Pamela Des Barres), ambas integrantes de las GTOs, 
alrededor de 1967. Via pameladesbarres.net
The GTOs (con Pamela Des Barres a la izquierda), groupies convertidas en grupo. Via pameladesbarres.net
Lori Maddox y Sable Starr, catorce-añeras, reinas indiscutibles de la escena groupie del Sunset 
Strip de principios de los setenta y horteras de bolera profesionales. Via blogger
De paseo con los Burritos (des de la izquierda por arriba): "Sneeky Pete Kleinow, Miss 
Christine, Gram Parsons, Pamela Des Barres, Chris Hillman, Miss Mercy, Brandon 
de Wilde, Chris Ethridge, Miss Cynderella, Miss Sandra. Fotografía de Julian Wasser. 
Via wordpress
Al momento, pensé en lo aburridas que estarían hoy en día estas hijas del glam que tomaban el sol como lagartijas sobre los muros de Hollywood, esperando a que apareciera el Johnny Thunders de turno vestido de gala. Con tanta fijación absurda por la privacidad y el chándal-barra-uniforme para ir de incógnito que se gastan las estrellas de rock contemporáneas, el inocente y semiparasitario modo de vida de la groupie clásica se hace impracticable en nuestros tiempos. ¿Qué probabilidades hay de encontrarse a David Bowie con pantalones de yoga y gorra de camionero por la calle? Y en caso de que las hubiera, ¿cuán traumática y/o decepcionante podría ser la experiencia? Para intentar contrarrestar tan deprimente imagen, intenté elaborar una lista mental de posibles músicos y grupos más o menos actuales que pudieran despertar fervores equiparables en aquellas adoradoras profesionales de la era dorada del rock & roll. Se me ocurrieron como requisitos físicos de partida que debían tener una cabellera importante y ser notablemente afeminados y machirulos a la vez. Hay familias que ponen un the very best of Simon & Garfunkel en el coche de camino a la playa por vacaciones, para que aprendas lo que es buena música y te quedes como alelado de por vida. Por suerte, a mí me enchufan Pearl Jam, the Black Crowes, Wolfmother y Kamchatka a toda pastilla y así de bien he salido, con mucha mala baba y sordera crónica, y aunque mis preferencias musicales han acabado decantándose en un sentido casi opuesto, algo he retenido. Y por eso sabía perfectamente que no hay mundillo con más melenudos amanerados por metro cuadrado que el del hard rock de los 1980 y 1990. 

Bunbury y Heroes del Silencio vinieron a la mente en el acto, pero por mucha destreza que tengan para disimularlo, son demasiado elegantes y oscurantistas para saciar el hambre hormonal de la groupie común. Richie Kotzen, en cambio, es carne de groupie adolescente 100%; ojos azules, pelazo, pantalones ajustaditos, rollo sureño setentero, aura mugrienta y predilección por el negro para sugerir universo interior complejo y corazón roto varias veces. A parte es un virtuoso de la guitarra, prolifiquísimo compositor y versado en una cantidad ingente de géneros, pero con esa cara, ¿quién se va a fijar en lo que hace con las manos? Es chocante que con todo esto y un catálogo más repleto de baladas que un recopilatorio de Luis Miguel siga atascado en el nivel underground. Ni siquiera su anterior paso por bandas como Poison (en las que hacía competición de androginia y morritos con Bret Michaels, y si os veis con fuerzas mirad esta foto para comprobarlo) parecen haberle dado el empujón comercial suficiente.

Enrique Bunbury vendiendo flores sin aroma. Fotografía de Jose Girl. Via enriquebunbury.com
Richie Kotzen fardando de botas. Via nochebastarda.com
Kotzen en la sala The Robin 2, Bilston, West Midlands, Inglaterra, en julio de 2012. Via broomephoto.com
El verano es lo que tiene... Golpe de calor y empiezas a delirar hasta que te parece que la guitarra también suda.
Via dimarzio.com
Richie y amigos en tiempos de Poison (¿posiblemente?). Via myspace.com
Richie Kotzen, John Pierce y Atma Anur, supergrupo formdo para grabar el primer disco post-Poison (Mother 
Head's Family Reunion (1994)) del virtuoso guitarrista. Via blogger

Algo parecido debe de sucederle a Chris Cornell de Soundgarden, que por culpa de la buena planta y el rollo de maldito que desprende se puede pasar por alto el vozarrón con que le concibieron al nacer. Y por otro lado están Stevie Ray Vaughan y Taj Mahal, que no son muy contemporáneos y, definitivamente, menos femeninos que los pepinillos en salmuera, pero se lo curran infinítamente más a la hora de ataviarse: nunca salen a escena sin sus colgantes y amuletos, mucha plata desgastada, cinturones con hebillas épicas, anillos, fulares y abalorios varios, como gitanos-barra-cowboys cósmicos de los desiertos de Arizona, deambulando con la casa a cuestas e invocando a Gram Parsons al dejar atrás el parque de Joshua Tree.

Los Black Crowes de tiempos recientes. Via rondasoul.com
Stevie Ray Vaughan con su inseparable sombrero embellecido. Via site
Taj Mahal, mezclando blues con todas las cosas buenas del mundo desde 1942. Via blog
Soundgarden con Hiro Yamamoto, uno de sus miembros fundadores. Via spin.com
Rich Robinson de los Black Crowes y Chris Cornell de Soundgarden, septiembre de 1992. Via spin.com
En definitiva, supongo que todavía hoy podríamos tener entretenidas a las groupies legendarias que altruistamente dedicaron sus vidas a saciar ciertas necesidades fisiológicas y afectivas de tipos tan normalitos como Jimmy Page o Hendrix. Independientemente del idealismo o cinismo que nos invada en el presente instante, esas muchachas se merecen un respeto como poco; téngase en cuenta que trataban con unos señores que se divertían introduciendo escualos por orificios de la anatomía femenina en los que un pez jamás debería de tener cabida (en serio, sale hasta en la Wikipedia). Imaginad la de fechorías que habrían podido cometer si no hubieran tenido otra alternativa para canalizar sus excentricidades. ¡De las que nos han salvado! Únicamente les recomendaría (estilísticamente hablando) que dejaran los colorines y se pasaran al total black, que lo de la inocencia y el amor libre ya no está de moda, ahora lo que se lleva es ironizar sobre absolutamente todo y estar deprimido. También les instaría a hacerse con un bolso con más turquesa y remaches, tipo reina del desierto tejano, para meter la MasterCard y algo de money cash, que la vida está muy cara y los rockeros no ganan para pagarle el hotel a todas las fans a las que se quieran llevar a la cama.

¡Bebed mucha agua, buscad la sombrilla, escuchad el Couldn't Stand the Weather de SRV y dejad que vuestro estilo hable por vosotros!


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