3/7/14

My Millennial Baroque Pop Summer

Inspiration:

"Baroque pop, The Spanish Sunshine Collection, baroque prints, victorian patterns, minimalism, sport chic, trendy stuff, boyish stuff, "the white tee", white sole, summer boots, feather jackets, refresh, try a little eccentricity, Spanish sun, I hate summer, I love winter, can we have a summinter or a wintmmer, please?, how many months left till Christmas, did you say?, couldn't stand the weather, heatwave"












Vintage silver chain, Mango white t-shirt, Mango feather jacket, 
Blanco pants, Stradivarius bracelets, Zara boots, Zara bag

"El invierno es peor que la primavera/ Y el verano lo mejor/ E incuestionable", decía Bunbury en el tema que da nombre a su álbum de 2010 Las Consecuencias. Pues va a ser que no, Enrique. Y no sólo va a ser que no; va a ser que justo lo contrario. El verano, que probablemente sea la cosa más sobrevalorada de la vida seguida de cerca por los Beatles, la mortadela de olivas, Natalie Portman y el Windows 8, llegó hace una semana y pico y, para mi gusto, ya está tardando en irse. Y eso que todavía no nos ha azotado con la rabia canicular que auguraban todos los meteorólogos de la tele. Yo ni siquiera he quitado aún el edredón nórdico...

Para celebrar que a medida que pasan los días queda menos para que acabe la estación del pachangueo y la sangría Don Simón (sí, me siento optimista), me levanté ayer y me puse este falsamente improvisado ensemble que pretende ser una suerte de añoranza dignificada a la pomposidad textil del invierno sin negar completamente la realidad veraniega de los rayos ultravioleta, la transpiración y los mosquitos (el estío, ¡qué época del año tan sensacional, eh!).

El reto consistía en conseguir enfundarme en estos pantalones con estampado victoriano de cortina de terciopelo en el mes de julio sin que la gente me mirara y automáticamente le salieran ronchas de calor por toda la cara (mi abuela me dijo que me los tenía que haber guardado para Navidad, que si luego me vendré con el biquini en Noche Buena o qué). Como el calor me atonta un poco y no tenía ganas de experimentar, tomé la ruta estilísticamente conservadora: blanco, minimal y plateado, los refrigerantes visuales más eficaces del mercado. Atmosféricamente, además, la actitud trendy del bolso de sobre cruzado, los botines con suela blanca y los brazaletes a lo egipcio (cajeras y dependientas del mundo: SÍ, ME LLEVO DOS IGUALES, ¿ALGÚN PROBLEMA?), junto con el toque boyish de la camiseta blanca, acaban de refrescar el ambiente cual Calippo a las cuatro de la tarde en agosto. Y por si acaso en cualquier momento dado me sentía excesivamente fresquita/naif/sporty y empezaba a ponerme nerviosa, me eché encima una torera de plumas para inmunizarme contra cualquier posible atisbo de jovialidad o falta de excentricidad que pudiera desprenderse de mi outfit inverniego.


Vaya racha más peñazo que llevaba con tanta pseudocrónica artística, cuánta letra y qué pocas fotos. Pero ya estoy de vacaciones y con bastante más tiempo para ponerme en plan superficial y fashion victim, o sea que quieto todo el mundo, como diría el famoso groupie de la moda y golpista Antonio Tejero. Os dejo con un temón de los Banzos, pop barroco cañí de pura cepa que yo pronostico que va arrasar en todos los chiringuitos, este año ni Georgie Dann ni hostias. Que os sea leve el veranito y, como siempre, ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!



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