9/3/14

Well I wish I was in London

Inspiration:

"London town, streets of London, londoners, there's no place like London, London is my dwelling place, why do we live in this strange grey town?, I heard so much about London I decided to check it out, the tube, the underground, "please mind the gap", "the next station is Earl's Court, change for the District and Piccadilly lines", "the next station is Holborn, change for the Central and Piccadilly lines", "sorry", "excuse me", "beg your pardon", "excuse me, you dropped your jacket", Oyster card, King's Cross St. Pancras, very British, London street style, London Fashion Week, effortlessly cool, I woke up like this, London vs. New York, houndstooth, dogstooth, puppytooth, bowler hats, bob hats, woolen jackets, Chanel Spring/ Summer 2014, shoes + socks = shocks, The Importance of Wearing Quirky Socks, gold  is gold, Handsome Molly"








Blanco hat, H&M necklace, vintage jumper, maxi cardigan designed by mum, Mango belt, Blanco 
clutch, Mango bracelets, Cortefiel pants, H&M socks, Mango heels
Pienso en Londres casi todos los días con neblinosa nostalgia. Suelo dedicarle mi primer pensamiento del día y también el último. Londres es el hogar en el que apenas he vivido. Es la casa que me espera al norte del mundo. Decía Samuel Johnson (el escritor inglés) que cuando uno se cansa de Londres, es que se ha cansado de la vida. Y Kerouac, que Londres es un señor independiente que fuma pipas en un pub (eso está bastante claro; un lugar tan encantadoramente desordenado, idiosincrásico y con moquetas en el cuarto de baño sólo podía ser un hombre. Un hombre terriblemente afeminado, pero hombre, al fin y al cabo). Londres es difícil, pero al final es como Dios, que aprieta pero no ahoga. Te las hace pasar canutas al principio, aunque sabe suavizarlo todo con su celebérrima british politeness; no pone una zancadilla sin un sorry detrás (¡y pone muchas!), pero en cuanto te vea lo suficientemente rebozada de mugre de las aceras de la calle y te haya regurgitado unas cuantas veces, te cogerá, te levantará y te dará lo mejor de sí. Así es Londres, se hace de rogar, el tío, pero vale la pena.

Una de las cosas que más me gustan de Londres son los viajes en metro. Clavarme en un rincón del vagón, casi ahogándome bajo el silencio de la aglomeración inglesa (nada que ver con la estruendosa naturaleza de las multitudes ibéricas) y observar a la gente. De buena mañana y a la altura de mi cabeza no solía haber nada excesivamente estimulante, estilísticamente hablando; negro, gris, negro, gris, más negro y más gris, muchas corbatas, trajes arrugados y dentaduras torcidas y amarillentas (ni sonrisas profident ni americanadas de ese tipo). Pero echabas la vista abajo y... ¡vaya! ¡Festival de color y excentricismo en el Londres sur! Parecía como si en el metro de la capital, a eso de las 8 de la mañana, se implantara un código de vestimenta ultraestricto que exime a los calcetines de cualquier norma protocolaria. De luto cromático de la cabeza a los tobillos, pero si no dejas asomar unos calcetines mostaza con topos violetas y verdes entre los pitillo y los oxfords... Bueno, en seguida notarán que no eres de allí.

El Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas (por ahí estará) William Gladstone inspeccionando la línea
de metro junto a directores e ingenieros de la Metropolitan Railway Company, 1854 o así. Via: bbc.co.uk
Pasajeros celebrando el triunfo del progreso tecnológico mientras pasan por la estación de Portland Road
durante un viaje de prueba del metro londinense en 1863. Via: heraldsun
Interior de un vagón del metro de Londres allá por los años 1920. Está casi igual que ahora. Via: heraldsun
Foto tomado por un tipo de Whitechapel llamado Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
Piccadilly line, estación de Green Park, 1971, por Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
"La juvetud de hoy en día...", por Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
El colonel del metro, por Bob Mazzer. Viadailymail.co.uk
Bob Mazzer (izquierda) haciéndole una foto al tipo del sombrero a su izquierda y, sin querer, tomando uno 
de los primeros selfies de la historia (en 1970). That's history in the tube for ya. Via: dailymail.co.uk

Estación de Stockwell, por Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
Punkis fumándose un peta in the tube, años 1980s. Estas no estaban a las 8 de la mañana, normalmente. Via: blog
Underground for Business or Pleasure; FE Witney, 1913. Via: telegraph.co.uk
The lure of the Underground; Alfred Leete, 1927. Via: visualnews.com
Brightest London is best reached by Underground; Horace Taylor, 1924. Via: visualnews.com
 Please stand on the right of the escalator; Fougasse, 1944. Viavisualnews.com
Como muy bien señaló la deidad suprema de las man repellers Leandra Medine en otro de sus cientos de brillantes artículos hace unos cuantos meses, lo que distingue (y para muchos, coloca a años luz de distancia) al New York del London street style es la falta de pretensión. Nueva York es abrumador, espectacular, rimbombante, luces, chiribitas y todo el percal, pero le hueles el miedo a 10 manzanas de distancia; está siempre más calculado que la demostración de los teoremas de Mohr. En cambio Londres... ¡Ahhh...! Londres es, como dice mi Beyoncé, la encarnación del I woke up like this elevada a la enésima potencia; se levanta, se pone lo primero que pilla y le sale así de bien. London es fresco en una acepción de la palabra que no aparece definida ni en la Enciclopedia Británica, es colorísticamente apagado y saturado hasta el delirio de texturas. Es viejo y nuevo a la vez, tiene tanta solera como vanguardismo. Es, en definitiva, la máxima expresión del europeísmo estético. Es tremendamente guay, y lo mejor es que parece no darse cuenta. London es el alumno aventajado del estilo callejero, mientras que New York es un empollón anfetamínico y muy molón. Pero ya sabéis lo que dicen; aunque el empollón se vista de Vivienne Westwood, empollón se queda.

No estoy segura de que el outfit de hoy encaje a la perfección con lo que acabo de definir como London street style, pero tampoco está ni la mitad de estudiado que un New York, y se compone básicamente de gris, negro, más gris y más negro, un bombín, pata de gallo sobre pata de gallo (recordad: yuxtaposición de estampados = europeísmo químicamente puro), cosas holgadas y arremangadas de mala manera y calcetines con zapatos de tacón. El pesado de Karl Lagerfeld se cree que ha inventado algo con lo de los shocks (shoes + socks = shocks, o lo que es lo mismo: zapatos + calcetines = zapalcetines. O algo así) de Chanel primavera/ verano 2014, pero no es nada que no haya visto yo por las Ramblas en agosto miles de veces, cuando llega la british invasion veraniega a tostarse en las playas de Barcelona. Pero me ha salido bastante bien la jugada, modestia a parte; los calcetines con purpurina dorada se ligan perfectamente con los zapatos bling bling (actualmente muy obsesionada con ellos, como habréis notado). La obra de orfebrería dorado que llevo colgada ya la habías visto, y mención especial para el maxi cardigan designed by mum con la artistry que la caracteriza.



Perdonadme por ser tan pretenciosa (o lo que es lo mismo, tan New York) con las palabritas en inglés intercaladas a lo largo de esta entrada. It won't happen again (No volverá a ocurrir). I promise (lo prometo). Ups, sorry! Recordad; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

Image and video hosting by TinyPic