21/2/14

Soul dressing

Inspiration:

"Brian Jones, Brian Jones and Anita Pallenberg, baroque pop, Paul Weller, the Jam, Sting in Quadrophenia, we are the mods, mod revival, British style, London suburbs, women in suits, God bless pinstripe, double-breasted jackets, ties, flower pins, looking dapper, northern soul, sweet soul music, British blues, Rod the Mod, the Small Faces, Booker T. & the MG's - Jellybread, Françoise Hardy, Twiggy, a suit is the secret weapon, you can't get it wrong with a suit, Le Smoking Yves Saint Laurent, Marlene Dietrich in Morocco (1930)"















Mango suit, Mango shirt, vintage tie, H&M white flower pin, vintage boots

Los trajes son como las ciencias exactas del vestir; sencillamente, no fallan, están programados para funcionar sobre cualquier tipo de cuerpo y bajo cualquier circunstancia. Un buen traje nunca está de más ni de menos, siempre en su justa medida, en el lugar y el momento adecuados. Puedes echártelos encima, con la camisa mal abrochada y la melena enmarañada, o puedes plancharlos a conciencia y dedicar tres horas (o más) de tu vanidosa existencia a combinarlos con la corbata, los gemelos, el alfiler y los zapatos adecuados. No importa lo que hagas, siempre vas a quedar hecho un pincel, más chulo que un ocho, derramando estilo de cuello para abajo, como si tus hombros fueran las cataratas del Niágara de la galanura.

Paul Weller, one classy dude, posiblemente en algún momento arrebolado de los noventa. Via: mod-male
De izquierda a derecha: Stephen Niedzwiecki, John Varvatos, Paul Weller (petándolo con la flor en la solapa)
y Miles Kane. Via: Forbes
Ahí está Paul Weller, el cincuentón con el pelo más guay de la blogosfera; jamás lo veréis salir a la calle sin su americana y pantalón a juego. ¿Y sabéis cómo no lo veréis tampoco? Mal vestido. NUNCA. Si es que es normal que mire a la gente con desprecio y condescendencia todo el tiempo, yo comprendo y comparto su frustración; si fuera la mitad de cool que él le pondría cara de asco a todo Cristo y me pasaría el día farfullando cosas tipo “arréglate un poco hombre, que no estás en tu puñetera piscina comunitaria” o “fuckin’ naff”.

The Steampacket, otra de las tantas bandas por las que pululó Rod Stewart y, dicen, el primer supergrupo del 
Reino Unido (de izquierda a derecha, Rod, Long John Baldry, Julie Driscoll y Brian Auger), mediados de los 
sesenta. Via: hipquotient
De izquierda a derecha, Rod Stewart (a juzgar por su rictus, probablemente sea este el único testimonio 
visual existente de que Rod the Mod también se aburrió en algún instante de su alocada existencia), Beryl 
Marsden, reina del Mersey Beat, y Peter Bardens, posando como parte de la efímera formación londinense 
de rhythm & blues Shotgun Express, alrededor de 1966. Via: britishrockmemorabilia

Mirad a Rod Stewart; no hay un tipo más hortera de bolera y visualmente histriónico sobre la faz de la Tierra. No hay más que evocar los pijamas de ramera circense en los que se embutía en tiempos de los Faces (a cada cual más adorable, en mi humilde opinión). Pero se pone un traje y oye… Casi consigue hacernos olvidar lo que hizo en la portada del Blondes Have More Fun.

Brian Jones y Anita Pallenberg, la androginia hecha pareja, para un número de 
Men in Vogue, en 1966. Via: agnautacouture
Brian huyendo de sus fans mientras intenta parecer lo más Françoise Hardy posible. 

Sí sí, Brian Jones era un enano capullo multinstrumentalista y todo lo que vosotros queráis, pero el chaval sabía lo que había que hacer con un traje cruzado. Sabía qué hacer y además sabía cómo conservar el equilibrio al filo del precipicio, hasta que su cara besara la fina capa de viento que separa la sofisticación de la caída libre al mal gusto. A eso le llamo yo vivir peligrosamente.

Mick Jagger y Françoise Hardy, Londres de 1965. No sé quién parece 
más hombre de los dos... Via: iorr
Twiggy the Mod. Via: blog
Marlene Dietrich en Morocco (1930). Via: tumblr
Pero, para qué me voy a engañar; yo lo que quiero es parecerme a Twiggy o a Françoise Hardy enfundadas en un traje oscuro y rayado. Demos gracias a Marlene Dietrich porque, de no haber sido por ella, las mujeres de hoy seguirían encarceladas en la elegancia unidireccional, tirana y aburridamente obvia de la falda y el tacón de aguja.


Oremos al señor y démosle también las gracias por los co-ords y por la raya diplomática. ¡Amén! Y que no se os olvide; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

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