18/2/14

Don't put a tax on the beautiful girls

Inspiration:

"Gucci Fall Winter 2011/2012, Dior Fall Winter 2010/2011, flappers, 1920s, Jerry Hall, Studio 54, Paris, 1970s, Toulouse-Lautrec, Marie Antoinette of Austria, the Dauphin of France, Sofia Coppola's Marie Antoinette, Montmartre, Moulin Rouge, Jane Avril, John Galliano, fake fur coats, pearls, dandy, dapper, dense winter colours, Margaret Schroeder, Clara Bow, It, Louise Brooks, 18th century meets the 1920s meets the 1970s, decade mix, Don't Put a Tax on the Beautiful Girls (Eddie Cantor and Kathy Brier versions)"













Zara hat, H&M earrings, H&M pearl necklace, vintage necklace, market turtle neck, Pepe Jeans 
coat, vintage clutch, Blanco gloves, Mango pants, vintage heels

Recuerdo una encantadora mañana canicular típicamente catalana (esto último implica, consecuentemente, que cuando digo “encantadora mañana canicular” quiero decir “pegajosa y asquerosamente irrespirable mañana de agosto”) en alguna pequeña y concurrida playa norteña (aquí “pequeña y concurrida” significa, obviamente, “lata de sardinas rellena de chanclas, arena y guiris sin miedo a los rayos ultravioleta”) en la que yo me dedicaba con sincero entusiasmo a escanear ocularmente páginas y más páginas de fotos de desfiles de un especial de la Vogue que, si mal no recuerdo, era del grosor del Antiguo Testamento. Mi concentración casi religiosa se veía interrumpida cada cinco minutos aproximadamente, a saber, por algún crio que me tiraba arena y/o pelotas de distintos tamaños encima o por la imperiosa necesidad de modificar el ángulo de inclinación de la sombrilla para evitar que el astro rey y yo nos tuviéramos que ver las caras. Pero bueno, por suerte la entrada de hoy poco tiene que ver con los muchos incordios cotidianos que trae consigo esta estación enemiga de los pálidos a la que llaman verano. La cuestión es que cuando llegué al desfile de la colección otoño-invierno 2010/2011 de Christian Dior de la semana de la moda de París, mi corazón se detuvo por unas milésimas de segundo. Quiero decir, si no hay nada mejor, dadme asimetrías, androginia y mierdas monocromáticas rollo Alexander Wang, pero donde se ponga John Galliano y su teatralidad dauphinesca que se quite todo lo demás. Aquello era un cóctel de épocas tan delirantemente bien mezclado que te entraban ganas de pedir rondas hasta que tu cabeza aterrizara en el punto espaciotemporal indeterminado en el que vive la mente creativa de este gibraltareño que incendió Givenchy. Con marcadísimo acento francés como base, se nutría de lo más decadente de una flapper en Montmartre a las cuatro de la madrugada, una Maria Antonieta trasnochada, una Jane Avril y  otras bailarinas de las que posaban gratis para Toulousse Lautrec y una Jerry Hall desfilando por la puerta trasera de Studio 54. Es decir, ¿se pueden conjugar mejor unos universos estéticos más maravillosos que estos? No lo creo.

Algún tipo de cartel o ilustración promocional de los grandes almacenes londinenses
Swan & Edgar en su segunda época dorada, allá por los años 1920 (actualmente hay un
The Sting...). Via: folievintage
¡Qué bonito sería vivir en el armario de una Clara Bow o una Louise Brooks cualquiera! Via: blog
Flappers campestres esparciendo el girl power por algún lugar bucólico del mundo (y sin ellas saber si quiera
lo que es eso). Via: blog
Marie Antoinette à la Rose (1783), de Louise Élisabeth Vigée Le Brun.
Kirsten Dunst en Marie Antoinette (2006), de Sofia Coppola. Via: the red list
Jane Avril entra al Moulin Rouge (1892), de Henri 
Toulouse-Lautrec.
Baile en el Moulin Rouge (1890), de de Henri Toulouse-Lautrec. 
Jerry's gonna have some chic fun. Via: blog
Margaret Schroeder (aquí Thompson) (Kelly MacDonald) y su hijo Teddy (Declan McTigue), tercera
temporada de Boardwalk Empire. Via: boardwalkempire.wikia

Con los años y con esta imaginería en mente (más adelante también me daría un vuelco el corazón con el otoño-invierno 2011-2012 de Gucci que, por su parte, dejó que la balanza cayera del lado de los setenta) fui coleccionando piezas con la esperanza de que, tarde o temprano, me condujeran a poder configurar alguna suerte de atuendo digno de inspirarse en dicha colección en voz alta. Pese a que en mi particular versión se prescinde casi por completo del aroma francoaristocrático que impregnaba la obra de Galliano, he querido preservar esta interesantísima comunión temporal entre los años 1920 y los años 1970; no se me ocurren dos décadas más estilísticamente dispares, extravagantes y rompedoras en sus propios términos, ni que estén más alejadas y guarden más similitudes al mismo tiempo.

Creo que el sombrero fue la adquisición más antigua de todo el outfit, una apuesta tan arriesgada como inevitable, sin duda; ¿cómo no enamorarse ipso facto de ese sublime cordel náutico y de la pedrería en tonos pastel que lo rematan? Es como un sueño en el que Margaret Schroeder (Boardwalk Empire) se vuelve boho-chic por un día. Lo último (¡curiosamente!) fueron los zapatos medio Lady Mary Crawley (Downton Abbey), medio Swinging London, que no podían ser más adecuados ni aunque los hubiera hecho a propósito. Y en medio de ambos está, por supuesto, el abrigo/ chaqueta de cóctel peluda que hace las veces de puente bohemio entre la sutileza exultante de los veinte y la despampanante excentricidad de los setenta. Unas cuantas perlas por aquí, unos pendientes monárquico-kitsch por allá (estáis reprimiendo absolutamente vuestras fantasías infantiles cuando no reconocéis que os encantaría llevarlos puestos cada día con vuestro vestido de princesa Rapunzel a la universidad o al curro), y he aquí una receta bastante potable para recrear una década estilística semificticia con un único conjunto.

Mientras procuro volver a esta época nuestra tan aburrida y real, me despido y os recuerdo lo de siempre; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

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