6/2/14

Don't be defeatist, dear. It's very middle class

Inspiration:

"Downton Abbey, Matthew Crawley, Earl of Grantham, Dowager Countess of Grantham,  Lady Mary Crawley, Yorkshire, Hampshire, Highclere Castle, Great Britain, Edwardian era, the Brits, aristocrats, middle class, fox hunting, greyhounds, labradors, country houses, green grass, 19th century, 20th century, tomboy, menswear, riding boots, ties, waistcoats, suits, paperboy caps, Ascot caps, wellie boots, Saville Row, the 1920s, David Bowie meets Matthew Crawley, Ralph Lauren Autumn Winter 2012/2013, London Menswear Fashion Week 2013, tweed, silvery"













Vintage cap, Mango suit, H&M waistocat, Mango shirt, vintage tie, Mango boots.

Estaba yo tranquilamente leyendo el número del mes pasado de Fotogramas y me entero de que Downton Abbey, la gallina de los huevos de oro de la ITV y enésima joya melodramática de época con denominación de origen británica, (Upstairs Downstairs, Retorno a Brideshead, Peaky Blinders, ¡Llama a la comadrona!, Galerías Paradise), no tiene muchas posibilidades de sobrevivir a su quinta temporada (suspiro de resignación interno). Lo cierto es que no me sorprende demasiado (¡¡¡ALERTA SPOILER!!!); tras el absurdamente trágico final de la tercera temporada, me hice la promesa de no perder ni un segundo más de mi vida descargando ilegalmente capítulos de una serie que me daba tantos disgustos a cambio de tan pocos momentos de edulcorada felicidad folletinesca. Nos tuvieron como 15 episodios agonizando con el flirteo reprimido oh-so-british de Lady Mary y Matthew Crawley, gritándole a la tele "¡besaos de una puta vez!" como si fuéramos imbéciles o hooligans, invocando a una versión tántrica-barra-masoquista de la declaración de amor del señor Darcy a Elisabeth Bennet en Orgullo y Prejuicio. Suerte de la genial condesa viuda de Grantham (Maggie Smith), quien siempre acudía al rescate con alguna frase punzante para aliviar la tensión. Y sí, finalmente, nos sirven la ansiada píldora del final feliz (se arrodilla, pide su mano en matrimonio y se funden en un beso casablanquero mientras la nieve cae sobre los hombros desnudos de ella. Qué frío, qué trillado pero qué irresistiblemente adorable y qué bien dormí esa noche). Después, somos deleitados con unas cuantas estampas de idílica prosperidad conyugal y ¡pim, pam, pum!, justo el día en que va a nacer su primogénito, Matthew Crawley muere en un accidente de coche (por lo visto, Dan Stevens, el actor que le daba vida, decidió abandonar la ficticia casa solariega en el condado de Yorkshire para iniciar su carrera de fondo al estrellato cinematográfico. Hasta la fecha, ocupa su tiempo dejándose barba y grabando audiolibros, y yo doy gracias por la voz y el acento del sureste inglés que Dios le ha dado). Guionistas de Downton Abbey, ¿qué clase de monstruos desalmados sois? ¿Por qué jugáis así con nuestros sentimientos? (FIN SPOILER)

Parte de la família Crawley y sus invitados salen a disparar pajaritos. Fuente: site
Lord Grantham (Hugh Bonneville, tercero por la izquierda) con unas compañías y en un entorno no identificado.
Fuente: dailymail
Tres mil perros haciendo jauría para cazar a... ¿cero zorros? Fuente: blog
Vaya, en Downton también están viciados al whatsapp (de izquierda a derecha, Dan Stevens como Matthew 
Crawley, Michelle Dockery como Lady Mary e Iain Glen como Sir Richard Carlisle). Fuente: tumblr
La triste noticia, además de empujarme a romper mi promesa y abalanzarme sobre la cuarta temporada, me trajo recuerdos de los infinitos y ridículamente perfectos fashion moments vividos a través las hermanas Crawley y el añoradísimo primo Matthew, y en concreto todos aquellos relacionados con las escenas de caza. Con el romanticismo que acarrea esto de matar criaturas inocentes del Señor, mi loca loca memoria acabó aterrizando en el rato solitario que le dediqué a la Tate Britain, en Londres, hace unos años, donde fui a parar en busca de los típicos cuadros de perros y cazadores que "supuestamente" hay en las casas de todas las abuelas (es lo malo de tener una abuela medio ye-yé; en su casa no hay muchas cosas de abuela). Cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que aquel edificio era una pesadilla al óleo sobre tela pintada por Turner. Recordé unas palabritas de mi viejo amigo Salvador Dalí ("Sin vacilación, sin ninguna duda, el peor pintor del mundo se llama Turner") y salí de allí pitando. 

Coursers Taking the Field at Hatfield Park, Hertfordshire, the Seat of the Marquess of Salisbury (1824), James Pollard.
The Belvoir Hunt: Full Cry (1830-40), Henry Thomas Alken. 
A scene at Abbotsford (1827), Sir Edwin Henry Landseer.
The Earl of Darlington Fox-Hunting with the Raby Pack: Drawing Cover (1805), John Nost Sartorius.
John Burgess of Clipstone, Nottinghamshire, on a Favourite Horse, with his Harriers (1838), John Ferneley I.
Sir Robert Leighton after Coursing, with a Groom and a Couple of Greyhounds (1816),  John Ferneley I.
Volviendo a Downton, en su día me divertí bastante leyendo artículos que tiraban por los suelos no sólo los uniformes de cacería, sino las armas que portaban, el descomunal despliegue canino o la forma "poco ortodoxa" de montar de las protas femeninas (mención aparte merecen los gazapos con antenas de televisión y líneas de tráfico amarillas de por medio). La verdad es que me importa muy poquito que los editores de una revista llamada Shooting Times opinen que las pistolas eran demasiado preeduardianas o que en los 1920s no se sacaban labradores. Por mi parte, me alegro de no tener ningún papel en ninguna serie histórica de principios del siglo XX para poder ponerme este fabuloso traje de cazador de zorros glamer cuando me dé la real gana.

Yo no creo en el destino ni rollos de esos, pero cuando llevas toda la tarde de expedición arqueológica por treinta mil sitios y te encuentras un burro cargado con estas preciosidades, justo en esa esquina olvidada que hay en todas las tiendas y que funciona como una suerte de agujero negro inverso, bueno... Debe de ser algo parecido a descubrir un horrocrux o una reliquia de la muerte o cualquier otra cosa friki de esas. 

Qué modernos nos creemos; está todo inventado. Fuente: Archival Clothing
Aunque muy interesantemente jamás deambuló por el callejón campestre más allá de las gorras Ascot, podría imaginarme perfectamente a David Bowie bailoteando al son de Golden Years enfundado en algo como lo que llevo puesto (añádele unas plataformas, un chaleco amarillo y una camisa con cuello de puntas, claro). O mejor aún: podría imaginarme a David Bowie (a poder ser, interpretando Young Americans en el show de Dick Cavett) y a Matthew Crawley teniendo un precioso bebé medio tweed, medio satén plateado igualito a mi traje. 


Mientras que los cimientos del outfit están apuntalados en mañanas al galope por Hampshire, los detalles en la gorra paperboy, la corbata con el nudo doble y el chaleco descoordinado son flagrantemente funky en el sentido más setentero de la palabra. Y pese a las 5 décadas de distancia entre ambos grupos elementales, la simbiosis es más que sutil, casi imperceptible. Pobre del editor del Shooting Times que me diga que no puedo ir a cazar en estas guisas. ¡Qué asombrosa comunión supratemporal de la moda británica!


Que me perdonen todos aquellos que tenían intención de engancharse a Downton Abbey y a los que les he descubierto todo el pastel. Quien avisa no es traidor, y además, se muere mucha más gente que no os he dicho, así que don't worry. Recordad; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

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