24/2/14

A-won't you take me to Funkytown?

Inspiration:

"Funkytown, Lips Inc., disco, 1980s, 1980s fitness fashion, Acceptable in the 80s, Staying Alive (1983), Flashdance (1983), jumpsuits, fluorescent, lycra world, leg-warmers, pink, golden stuff, faux fur coats, Tony Manero, the gym culture, Jazzercise, satin, acid colours, dancers, zippers"













Vintage coat, DIY bag, market earrings, H&M jumpsuit, vintage capri pants, Mango heels
Como acostumbra a suceder con las mejores cosas de la vida, todo surgió un lunes de madrugada en el que no conseguía conciliar el sueño. En lugar de meditar o tomarme una manzanilla o leerme la primera parte de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust (el somnífero más potente del mercado), abrí la app del YouTube del iPad y, no sé cómo, acabé en esta sensacional “actuación” televisiva de la banda de estudio Lipps Inc. (pronunciado “lips sync”. ¿Lo pilláis? Qué chispa, ¡eh!) “interpretando” todo un himno del disco, Funkytown. Para los que no estén familiarizados con el género, lo odien por pose y/o porque se creen que el punk no ha muerto o no hayan visto Shrek 2, os comentó que no es un tema que incite a contar ovejitas, precisamente. Quedé tan absolutamente fascinada por la coreografía y, evidentemente, el vestuario (si alguien sabe dónde puedo conseguir unos flecos fosforito sobaqueros como los de la rubia, le ruego se ponga en contacto conmigo de inmediato) que decidí hacer algo al respecto (fashionísticamente hablando, claro, no iba a ponerme a sacudir el cuello como una niña de El Exorcista pasada de anfetas a las dos de la madrugada) al día siguiente.



Lipps Inc. - Funkytown (1979), portada. Via: blog
Lipps Inc. - Funkytown (1979), contraportada. Via: blog

Siempre he sido de la opinión que los ochenta, entre muchas otras cosas, tienen la culpa de que el siglo XX haya envejecido con tan poca dignidad (véase los noventa), de que David Bowie, los Stones y Bob Dylan casi se suiciden musical y estéticamente y de que el capital de todo hijo de vecino fluya consentidamente hacia las arcas de unas enormes máquinas de tortura cloradas y malolientes llamadas gimnasios. La fiebre del fitness, los yonquis de la tonificación… Nada de eso existiría de no ser por los ahora mitificados años ochenta. Pero se ha de reconocer que si todos los feligreses del gimnasio de mi pueblo se vistieran como Tony Manero en Staying Alive (1983), una servidora atravesaría las puertas de esa zona hostil con una actitud muy diferente. Casi cada día siento la tentación de ponerme unas medias lilas, unos calentadores fucsia, un maillot negro, una cinta en la frente y entrar en la clase de aerobic como si fuera a marcarme un Flashdance con la primera silla que me encontrara. Ya que vamos a pasarlo mal, ¿por qué no darle un poco de sentido del humor al asunto? ¿Por qué no poner una buena pizca de zafia poesía fluorescente en esas mañanas de masoquismo cardiovascular? Pues no hay manera, oigan. Entras a la sala de máquinas y no ves más que camisetas de algodón holgadas (a poder ser de color gris, para que se marque bien el alerón de sudor y parezca que allí se viene a hacer algo), lycra negra y esas horribles zapatillas con reflectantes por todas partes que parece que las haya diseñado un mono esquizofrénico.

Staying Alive (1983), pequeño universo nevado y satinado de mallas, maillots, calentadores y pelos fritos, dirigido 
por Sylvester Stallone y protagonizado por John Travolta. Via: allocine
Si algo había de bueno en los ochenta era la ropa de gimnasio. Via: pinterest
Jazzercise, el embrión del fitness musicado y uno de los culpables de que medio 
mundo esté donando 30 euros mensuales al gimnasio de su pueblo. 
Los ochenta, ir disfrazada de bailarina al gimnasio, la lycra, los calentadores... y sus paranoias con serpientes. 
Via: pinterest
Inspirándome en el entrañable mundo de la lycra y la moda gimnástica norteamericana de los tiempos del Jazzercise, me comprometí a sacar a pasear este increíble maillot multicolor y multifluor con delirantes cremalleras doradas (mi hermano dice que parece de ciclista-chic, y tiene razón, como siempre). Este fue, como cabía esperar, uno de los hallazgos arqueológicos más sonados de mi señora madre, que es como un detector de metales humano de ropa estrafalaria. Con la intención de equilibrar al máximo el mundo fitness y el mundo discotequero, me autoempujé al dragqueenismo y a la sofisticación camp combinándolo con unos capri rosa chillón y unos salones dorados (que son la cosa más adorable a la par que repulsiva que habéis visto en vuestras vidas, no lo neguéis), y lo cubrí todo con un abrigo made in the 1980s y un bolso que, aunque nadie se lo crea por lo genial y bien hecho que está, una vez formó parte del mismo abrigo (mi madre otra vez, que es la reina del DIY).

Con vuestro permiso, me voy a mover el esqueleto un rato y a intentar sacarme el Funkytown y el Acceptable in the 80s de la cabeza a golpes de cadera. ¡Empezando el lunes con energía, se ha dicho! Recordad; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

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