8/11/13

¡No me llores! Sí, te lloro


Inspiration:


"Frida Kahlo, pantheism, realistic surrealism, it's not surreal, it's her reality, "pies para qué os quiero sí tengo alas pa' volar", borders, Mexico, mexican revolution, mexican fashion, Day of the Dead, against aztec mainstream in fashion, against folk mainstream, hippie, outlaw, lots of jewelry, jeans, scarfs, pins everywhere"





















Blanco floppy hat, Stradivarius mint green flower, market yellow flower, 
vintage earrings, H&M bracelets, vintage Mexican bracelets, Blanco elefant ring, 
Sfera leopard ring, Bijou Brigitte goat ring, Pull & Bear owl ring, vintage jacket, 
P&N The East's Enlightened Frida Kahlo tee, market moon pin, vintage scarf, 
Levi's jeans, Zara boots

A partir de hoy reanudo el ritmo de actualizaciones habitual tras haber pasado estas últimas semanas con un asuntillo desagradable y del todo antiestético entre manos (estudiar).

Además hoy es viernes, así que para celebrarlo voy a hablaros de un estilismo que pretende homenajear a una de las criaturas más fascinantes que ha caminado sobre la faz de la Tierra. Si os habéis fijado en la camiseta que llevo puesta, ya sabréis a quién me refiero.

Frida Kahlo es una fuente de inspiración inagotable en todos los sentidos. Uno de los obvios y el que más concierne a la temática de este blog es, evidentemente, su icónica forma de vestir. 

Frida Kahlo debería ser el espejo en que se miren todos los estilos personales que aspiren a autoproclamarse icónicos. En mi humilde opinión, un estilo digno de ser designado bajo dicho calificativo tiene que ser, en todo momento, instantáneamente reconocible, fácilmente caricaturizable y difícilmente igualable, y no se me ocurre un ejemplo mejor que el suyo.

Como habréis podido deducir por todos los bucles paranoides que escribo sobre mis estilismos, me encanta que cada pieza y cada motivo de un vestuario guarde algún significado, forme alguna metáfora o sea lo más descriptivo y autobiográfico posible, y Frida Kahlo (quizá por su condición de autorretratista) era una maestra explicándose a sí misma a través de la ropa.

A Frida le gustaba decir que nació con la Revolución mexicana (y digo le gustaba porque en realidad nació unos años antes de que ésta estallara), así que cada vez que se vestía se cargaba con todo el peso de dicho honor sobre su delgado y maltrecho cuerpo y ejercía su autoproclamado cargo de abanderada de México por el mundo. Frida era una especie de maqueta antropomórfica que encapsulaba la energética herencia de su pueblo y caminaba, no sin cierto recelo, hacia la vorágine de la libertad, el progreso y la industrialización. Para mí es más que fascinante la manera en que ella sola, postrada en ese mausoleo que tenía por cama más de la mitad de su vida, se encargó de personificar la lucha interna entre la modernidad y la tradición mexicanas a través de su realidad particular (sí, realidad, dejadle el surrealismo a André Breton y compañía, porque Frida no pintaba otra cosa que no fuera su vida).

Siempre me ha inquietado el mensaje oculto que creo leer tras todos esos abalorios, flores y trajes tradicionales con los que se adornaba a sí misma (Frida Kahlo llevó coronas de flores casi un siglo antes que todas las modernas del mundo, si me permitís el apunte). A simple vista, parecía querer gritar de la forma más ruidosa posible toda la pasión y el amor panteístas que canalizaba dentro de sí, pero al mismo tiempo no puedo evitar pensar que estaba ataviando su cuerpo marchito para una muerte anunciada. Seguramente esta percepción mía está fuertemente influenciada por esa (paradójicamente) vital y colorista convivencia que tiene la cultura mexicana con la muerte, pero dudo que jamás deje de ver su estilo como una decoración resignada y burlona de su propio cadáver. Si alguna vez os habéis detenido a observar fijamente una fotografía suya en la que os devuelva la mirada de frente, veréis ese equilibrio inquietante entre un cuerpo decrépito y un corazón exultante de vida. Pero lo mejor de todo lo que veréis es la verdad.

Dicho todo esto, comencemos con la parte más prosaica y divertida de este post. Personalmente, me da pavor esta obsesión que tiene la industria de la moda por mainstreamizar y machacar el folklore de algunos países (véase caso corona de plumas de H&M). Ahora precisamente (aunque creo que ya está bajando la fiebre) se llevan bastante las piezas de influencia "azteca" o "étnica". Siempre que incluyo algún elemento que pretenda aludir a alguna vestimenta tradicional (y más si no estoy estrechamente familiarizada con la cultura a la que hago referencia) procuro hacerlo con el debido respeto y mezclándolo con otros estilos para que no sea tan flagrante. Y eso es exactamente lo que he intentado hacer para este outfit, con un leitmotiv Frida-Kahloniano y voces hippies/forajidas.

El look en sí tiene ese sentimiento que tanto me gusta de "caos estructurado". No podía faltar, por supuesto, un toque floral sobre ese sombrero hippie-hasta-la-médula y unos tonos, en general, muy cálidos. Me he procurado un cargamento de complementos suficientemente faraónico pero que no desvíe demasiado la atención de la camiseta, que es lo principal. El cuadro que aparece en ella es, tal y como reza en una especie  de cinta que pintó bajo su cuello, un autorretrato dedicado a su médico, el Dr. Eloesser, en 1940. Como anécdota curioso, creo recordar que los pendientes que lleva en esta pintura se los regaló el mismísimo Pablo Picasso. 

Los pendientes que llevo yo son 100% Kahlo, los anillos son todos los animales en tonos dorados que me he encontrado por mi cuarto y las dos pulseras son de lo más interesante de este conjunto. Se las trajo mi padre a mi madre cuando fue a México, y se las pedí prestadas un día hace tres años o así (no tengo intención de devolverlas, por supuesto). El preciosísimo broche de la luna creciente es otro de los regalos que me hace mi tía Isa sin que yo me lo merezca (es la mejor, lo sé, lo sé).

Para dar solidez a esa otra faceta hippie-outlaw me he tenido que poner estos Levi's (¡¡¡!!!) (resalto este hecho porque yo prácticamente nunca me pongo tejanos), unas botas arrugadas, una cazadora de pana (¡que vuelva la pana ya!) y el fular anaranjado, que es la segunda mejor cosa del outfit de hoy.

Espero que los que os atreváis a leer todo esto no os hayáis cansado mucho. Recordad; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!
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